PUBLICIDAD

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

Argentina debe generar defensas frente a una nueva forma de guerra global

La guerra cognitiva es un tipo de conflicto no convencional que usa la mente humana como campo de batalla para alterar percepciones, emociones y conductas.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

Argentina ejerce una atracción cultural desmesurada, subestimada incluso en casa. Su poder blando (influencia por cultura e ideología más que por armas o economía) se manifiesta con intensidad inesperada. Las métricas digitales lo prueban: en el último Mundial de Fútbol, mientras otros levantaban trofeos, Argentina dominaba la conversación global con hasta 80% más menciones que el campeón, con la selección como eje del planeta digital.

Lo que parece folklore deportivo devino campaña sistemática: una maquinaria mediática transnacional estigmatizó a toda la sociedad, transformando pasión en acusaciones de "racismo estructural" y "violencia sistémica". Así opera la Guerra Cognitiva sobre el activo cultural más valioso: la identidad. La inteligencia artificial acelera la tensión: el silicio avanza más rápido que las instituciones y la reputación digital es campo de batalla. Tras el Torneo en EE. UU., México y Canadá, ataques en redes amplificados por operadores mediáticos y algoritmos de indignación buscaron erosionar prestigios y sembrar dudas internas.

El Poder Blando

De Dhaka a Dublín, la celeste y blanca es emblema de contracultura global. Su poder blando surge de virtudes tangibles: talento colectivo y fervor popular encarnados en Messi, Maradona o el Papa; prestigio científico de INVAP, ARSAT y satélites SAOCOM; pioneros médicos como Agote, Favaloro y Liotta; invenciones como la birome, el bypass, el colectivo, las huellas digitales, el sifón de soda, el helicóptero de Pescara y el Dogo argentino; biotecnología y semillas transgénicas. Identidad nacional y causa Malvinas completan un arsenal que, en un mundo hipertecnocratizado, simboliza pasión y rebeldía del Hemisferio sur, que posee tan solo el 13 % de la población mundial.

La paradoja argentina explica su incomodidad planetaria: sin poder militar ni Hollywood, se convirtió en potencia cultural. En dos siglos dejó huellas indelebles: San Martín cruzando los Andes; premios Nobel y Oscar; pioneros en derechos humanos; íconos como Fangio, Eva, Borges, Cortázar, Piazzolla, Yupanqui, Charly García, Spinetta, Quino y su Mafalda; Cristiani con el primer largometraje animado; Maldacena uniendo cuerdas y campos cuánticos; Ricardo Darín; Máxima, reina europea; el tango, el Pulqui, el fileteado, el mate, el Teatro Colón, Soda Stereo y Cerati; Buenos Aires como capital del psicoanálisis. En deportes: Monzón, Vilas, Sabatini, Del Potro, Ginóbili y la Generación Dorada, Las Leonas, Los Pumas y el polo. Cada triunfo o derrota provoca reacciones globales: se la ama o se la odia, pero nunca se la ignora. Algoritmos orbitan su nombre y la crítica externa refuerza la identidad nacional. El fútbol argentino, nacido en clubes de barrio donde inmigrantes hallaron pertenencia desde el siglo XIX, es metáfora perfecta: deporte del pueblo convertido en bandera universal. Argentina incomoda porque su contracultura es inagotable y su paradoja histórica la hace Poder Blando indomesticable.

Batalla digital

Nick Bostrom advierte que la brecha entre aceleración tecnológica y lentitud institucional genera una "caja negra operativa" donde prosperan los ataques. Mustafa Suleyman añade que cualquier regulación ex post resulta insuficiente: una vez indexada, la mentira se perpetúa. En este escenario, ética y defensa digital son imprescindibles. Suecia, con su Agencia de Defensa Psicológica, comprendió que la guerra cognitiva se libra en el espacio informacional. Su modelo combina anticipación doctrinaria, auditoría técnica y velocidad regulada para neutralizar ataques antes de que se consoliden. Argentina necesita aprender de esa estrategia y adaptarla a su realidad, construyendo infraestructuras endógenas capaces de proteger la biografía colectiva frente a redes globales y actores internos.

Derrota cultural: amenaza estratégica

Para comprender la dimensión de los ataques contemporáneos, es necesario volver a las distinciones doctrinarias: Patria, Nación y Estado. La Patria es la herencia afectiva y memoria histórica; la Nación, el desarrollo orgánico de esa Patria en el tiempo; el Estado, la estructura jurídica y administrativa que organiza la convivencia y custodia a ambas. Las guerras modernas se despliegan en el terreno de lo cognitivo, que erosiona cohesión cultural y mina orgullo compartido. La peor derrota no es militar, sino cultural: la que nace desde adentro.

Argentina custodia activos estratégicos de magnitud (Patagonia, Antártida, Vaca Muerta, litio, Hidrovía, reservas de agua dulce). La forma más económica de capturarlos no es desplegar tropas, sino provocar derrota cultural interna: lograr que la población acepte el estigma externo, desprecie su identidad y entregue su destino sin resistencia. La verdadera soberanía se juega en la capacidad de la Nación de preservar su alma frente a la Guerra Cognitiva que busca disolverla.

Ciberataques

La guerra híbrida contra Argentina no se limita al plano simbólico o cultural: se complementa con agresiones directas sobre el dominio digital del Estado.

Entre ellas, las filtraciones masivas de identidad como el hackeo al RENAPER, que expuso datos de millones de ciudadanos, y las vulneraciones en Fuerzas de Seguridad (LaPampaLeaks).

También secuestro de datos contra la Comisión Nacional de Valores, el Poder Judicial de Córdoba y el PAMI, que paralizó la atención médica de millones de adultos mayores. Extraer datos sensibles del Estado permite alimentar bases de ingeniería social, elaborar perfiles psicográficos y ejecutar operaciones de desestabilización a la medida de intereses externos.

Para que la agresión externa sea efectiva necesita cómplices locales. La gran vulnerabilidad argentina es el sicariato mediático y las mezquinas internas políticas que importan narrativas extranjeras sin filtro. Operadores mediáticos financiados con pauta negra ejecutan operaciones de demolición reputacional: fabrican escándalos, inflan acusaciones sin sustento, mienten y destruyen a dirigentes, científicos o instituciones incómodas para los intereses que pagan la cuenta. Lo trágico es el papel de "idiotas útiles" que juegan actores locales, enredados en disputas domésticas que terminan siendo vectores de penetración extranjera y confusión social sin saberlo.

Las granjas de bots y cibertroles simulan indignación popular mediante algoritmos y perfiles falsos, mientras la pantalla del celular se convierte en trinchera donde se inoculan duda, odio y derrotismo. La pregunta esencial es: ¿a quién beneficia la "noticia de último momento" que indigna en redes? En la Guerra Cognitiva, si no paga por la información, el producto destruido es usted.

Defensa y Ciberseguridad

Frente a esta manipulación sistemática, la solución no es censura ni control estatal del relato, sino inmunización cognitiva. Argentina necesita una Doctrina de Defensa Psicológica y Ciberseguridad Nacional basada en dos dimensiones complementarias:

  • Ciberdefensa y Auditoría: blindar datos sensibles del Estado y la población, garantizar trazabilidad financiera y desplegar inteligencia especializada en flujos de información y mercados críticos.
  • Autodefensa Ciudadana: colocar al individuo en el centro de la estrategia, mediante guías de autodefensa informacional y mecanismos de inoculación frente al uso distorsionado del Poder Blando.

En conjunto, estas dimensiones configuran una Defensa Integral capaz de proteger infraestructura crítica y la conciencia colectiva frente a agresiones híbridas que ya no buscan conquistar territorios, sino dominar las mentes.

Como aplicación práctica, a nivel Estado, se propone:

  • Una Agencia autárquica de defensa psicológica, independiente del gobierno de turno, dedicada a detectar e inactivar la Interferencia de Información Extranjera.
  • Blindaje de infraestructura crítica digital, prioritario sobre bases de datos de salud, identidad y finanzas públicas con estándares equivalentes a la custodia de fronteras físicas.
  • Trazabilidad financiera del sicariato digital: exigir transparencia absoluta sobre los fondos que financian portales fachadas, campañas de desacreditación y granjas de troles.
  • A nivel ciudadano, se plantea una Guía de Autodefensa Digital. Cada argentino debería adoptar protocolos básicos de inmunización mental:
  • Inoculación cognitiva: exponer cómo funcionan las técnicas de manipulación antes de que ocurran.
  • El filtro de las cuatro preguntas: ¿quién es el autor?, ¿por qué aparece ahora?, ¿qué emoción busca provocar?, ¿quién gana si destruyo esta reputación?

Dudar de la pantalla como acto de soberanía

No podemos consumir pasivamente el sicariato digital ni operaciones disfrazadas de "información" como entretenimiento. Son armas para consumar la derrota cultural: envenenar el alma nacional y aceptar la inferioridad. Argentina es Patria viva y Nación invencible al proteger el valor estratégico de su Poder Blando. Comprender que por eso buscan dinamitarnos desde adentro es el primer paso de resistencia. Pausar antes de hacer clic, desconfiar de la indignación fabricada y entender que la Patria se defiende tanto en Vaca Muerta como en el procesador del celular es un acto elemental de autodefensa nacional.

.* Oficial Superior del Ejército Argentino (RE), abogado y Magíster en Defensa Nacional (estrategia y gestión de crisis).

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD