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Arabia Saudita, con su formidable poderío económico; Turquía un país euroasiático que es socio de la OTAN, y Pakistán, un Estado pobre con armas nucleares y quinto en el mundo por su población de 250 millones de habitantes, sellaron el "Acuerdo Conjunto de Defensa de la Meca", un pacto de defensa recíproca que redefine el mapa de alianzas en Medio Oriente y el continente asiático e ilustra sobre las novedades que alteran el escenario mundial.
El acuerdo, suscripto por el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, el presidente turco, Recept Tayyip Erdogan, y el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, estipula que "cualquier ataque armado contra cualquiera de los países será considerada una agresión contra todos", una cláusula que copia casi literalmente el artículo 5° del tratado de la OTAN.
Los analistas internacionales definieron el tratado como el punto de partida para la creación de una "OTAN islámica" o una "OTAN sunita" (para subrayar la ausencia del Irán chiita). Su antecedente directo es el acuerdo de defensa recíproca firmado en 2025 entre Arabia Saudita y Pakistán.
Diplomáticos pakistaníes sugirieron muchas veces que Arabia Saudita podría quedar protegida bajo el "paraguas atómico" de Pakistán. Emisarios de Islamabad plantearon en Riad la posibilidad de que Arabia Saudita compartiera el programa de armas nucleares pakistaní para convertirse en el "protector físico" del mundo árabe.
Pakistán desarrolló su programa nuclear para contrarrestar el poderío atómico de la India, con quien mantiene un permanente enfrentamiento. El episodio más relevante de ese conflicto ocurrió en 1971 y fue el apoyo de la India a la secesión de Bangladesh, una provincia desprendida de Pakistán y transformada en un país independiente.
Mientras el programa nuclear de la India fue tolerado en la guerra fría por Estados Unidos para contrarrestar la expansión regional de la Unión Soviética, y después la influencia de China, la ambición pakistaní chocó con la resistencia de Washington, que provocó la aplicación de sanciones económicas. En esa instancia, Islamabad gestionó y obtuvo la colaboración de Riad. Puede decirse que Pakistán no hubiera podido transformarse en una potencia atómica (la única en el mundo islámico) sin la cooperación de Arabia Saudita.
Historia de una amistad
Pero esa cooperación binacional entre Arabia Saudita y Pakistán tiene una larga historia que alcanzó un punto de inflexión en la década del 80 con la invasión soviética a Afganistán. Pakistán se convirtió en la retaguardia para la resistencia afgana y recibió una generosa colaboración económica y militar estadounidense para ayudar a los combatientes musulmanes.
El respaldo saudí a la guerrilla islámica fue otro soporte para Pakistán. Las armas estadounidenses y los petrodólares saudíes alimentaron a los "muyahidines" que utilizaban como refugio el territorio pakistaní. Esa convergencia entre Washington y Riad originó una paradoja: así como ocurrió con los talibanes, educados en las "madrasas" (escuelas coránicas) pakistaníes, los futuros milicianos de Al Qaeda, que viajaron desde Arabia Saudita como voluntarios en la "guerra santa" contra los invasores soviéticos, recibieron entrenamiento estadounidense.
Esa colaboración entre Pakistán y Arabia Saudita tenía antecedentes. En 1947 Arabia Saudita fue de los primeros países en reconocer a Pakistán, cuyas raíces islámicas explican su disposición a contribuir a la protección de los lugares sagrados, como La Meca y Medina. En 1951 ambas naciones firmaron un Tratado de Paz y Amistad.
Entre 1982 y 1987, en medio de la guerra entre Irak e Irán, mientras Arabia Saudita colaboraba con Pakistán y Estados Unidos en la resistencia islámica en Afganistán, 20.000 soldados pakistaníes se estacionaron en el reino para su protección. Riad adquirió misiles balísticos pakistaníes capaces de transportar ojivas nucleares. Esos vínculos se intensificaron tras la revolución iraní de 1979 por el temor saudita a una confrontación con el régimen chiita de Teherán.
Esa instauración de una teocracia chiita en un país vecino impactó en Pakistán, una república islámica integrada por una amplia mayoría sunnita que convive con una significativa minoría chiita, que abarca al 20% de su población y por su número es la segunda en el mundo, después de Irán. La influencia iraní agravó esas tensiones religiosas y desató una controversia entre Pakistán e Irán que abrió un nuevo punto de convergencia con Arabia Saudita.
Pero este acercamiento incluye causas económicas. Las inversiones sauditas en yacimientos minerales en Pakistán permitieron el desenvolvimiento de una economía exhausta y alrededor de 2.300.000 pakistaníes trabajan temporariamente en el reino saudí, cuyas remesas de dinero ayudan a la vida de sus familias.
Mientras Arabia Saudita está obligada a precaverse contra ataques de Irán y una eventual operación militar israelí, Pakistán experimenta un agravamiento de su litigio con India. El eclipse del Partido del Congreso, fundado por Mahatma Gandhi, cuyo nacionalismo laicista pretendía colocarse por encima de los conflictos religiosos, y el ascenso del Partido Janata, una formación nacionalista "hinduista" con una impronta anti- musulmana, liderado por Narendra Modi, hizo más necesario que nunca buscar un sistema de alianzas para garantizar su supervivencia.
Bipolaridad y policentrismo
Pero la incorporación de Turquía representa un salto cualitativo para esa entente bipartita entre Riad e Islamabad. Erdogan nunca ocultó su pretensión de resucitar la influencia de su país sobre las comarcas del antiguo imperio otomano, disuelto tras su derrota en la primera guerra mundial. Esa ilusión resultó alimentada con la asunción en Siria del régimen islamista encabezado por Abu Mohammad al Golani, un protegido del gobierno de Ankara, que contribuyó a su victoria en la guerra civil que sucedió a la caída del régimen de al-Ásad.
Erdogan, que acaba de pedir la captura internacional del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, es un líder islamista que ganó las elecciones en 2003 y puso fin a un ciclo de 80 años de hegemonía del Partido Republicano del Pueblo (CHP), fundado por Kemmal Atartük, artífice de la Turquía moderna, culturalmente laica, surgida de las cenizas del imperio nacido en 1453, cuando los ejércitos musulmanes ocuparon Constantinopla (hoy Estambul) y marcaron el colapso del Imperio Romano de Oriente.
En el plano internacional los tres países asociados tienen como común denominador una estrategia de "multialineamiento". Arabia Saudita acoge en su territorio a bases militares estadounidenses, pero a la vez integra el grupo BRICS, junto a países como China, Rusia e incluso Irán. Pakistán cultiva estrechos lazos con Estados Unidos, pero conserva una excelente relación con China. Turquía está en la OTAN, pero mantiene importantes acuerdos con Rusia.
La viabilidad de este sistema de "geometría variable", que excluye todo alineamiento automático, revela que, a diferencia de lo que sucedía durante la guerra fría con la fractura del mundo en dos bloques antagónicos, la bipolaridad entre Estados Unidos y China, las dos superpotencias que compiten por el liderazgo en el siglo XXI, no es incompatible con un policentrismo en el que las potencias intermedias puedan desarrollar un juego de "alianzas cruzadas" fundadas en sus intereses nacionales.
Ese mayor espacio de maniobra permite que el "Pacto de la Meca" tenga entonces múltiples destinatarios. En Medio Oriente es una alerta para la estrategia israelí en Gaza, Cisjordania y el sur del Líbano y también para la expansión iraní en toda la región. En Asia es una advertencia a la India, que pierde su superioridad militar sobre Pakistán. A nivel global, es un mensaje a Washington, que ya no podrá dar por supuesto el apoyo irrestricto de un aliado tradicional como Arabia Saudita, una pieza decisiva en el mundo árabe.
Para la comunidad musulmana, Arabia Saudita, custodia de los "lugares sagrados", tiene una significación simbólica similar al Vaticano para los católicos. Pakistán, fundado en 1947 por el imperio británico para albergar a la minoría musulmana residente en la India, fue la primera república islámica, 32 años antes que Irán. Ese mismo año nació el Estado de Israel con un "status" especial para Jerusalén por su condición de sede de las tres "religiones del libro".
Con Erdogan, Turquía reivindica la tradición musulmana iniciada con la caída de Constantinopla. El "Pacto de la Meca", orientado a la defensa común ante posibles agresiones del Irán chiita, del Estado judío y/o del nacionalismo hinduista antislámico, revela la dimensión religiosa de la mayoría de los conflictos internacionales de nuestra época.