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Un millar de directivos y técnicos de las principales empresas estadounidenses de inteligencia artificial firmaron una petición para que la Casa Blanca ayude a frenar la publicación de los modelos más avanzados de IA. La solicitud, titulada "Pacing the Frontier" ("Regulando la frontera"), pide que "el gobierno de Estados Unidos apoye un esfuerzo internacional para desarrollar herramientas técnicas y de gobernabilidad necesarias para marcar deliberadamente el ritmo de la frontera del desarrollo de la IA automatizada".
La nota expresa que "Las empresas líderes en IA en el mundo creen que podrían estar cerca de automatizar la investigación en IA. Es difícil predecir exactamente qué tanto esto acelerará el progreso de la IA, pero hay un riesgo real de que la capacidad de desarrollo se acelere más allá de nuestra habilidad de entender y controlar los sistemas resultantes".
La carta, que evoca a la que publicaron en 2022 algunos referentes de la industria a raíz de la aparición del Chat GPT, quienes postularon una suspensión por seis meses de las investigaciones, tiene la novedad de contar con el respaldo de numerosas empresas del sector a la propuesta de la iniciativa de impulsar una intervención gubernamental en la materia.
Andrew Yoon, miembro del equipo técnico de CivAL, una organización no gubernamental que analiza las capacidades de la inteligencia artificial y los potenciales riesgos de la tecnología, declaró en "The Washington Post" que "lo más destacable es la cantidad de nombres importantes que figuran en la lista. Cada vez es más habitual que los laboratorios y sus empleados hablen explícitamente de una gobernanza internacional".
Open AI, la empresa de Sam Altman, creadora del Chat GPT, comprobó recientemente que dos de sus modelos ejecutaron ciberataques de manera autónoma, eludiendo los protocolos de seguridad creados para evitar tales incidentes. Altman afirmó que "puede que tengamos que regular el ritmo de desarrollo de la IA para darnos suficiente tiempo como para que la sociedad se consolide en torno a estos nuevos modelos de capacidad".
Este debate confluye con las crecientes presiones que afronta el gobierno estadounidense para responder al lanzamiento de los nuevos modelos chinos. La cuestión alcanzó mayor notoriedad días pasados cuando Michael Kratsios, director de Política de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, denunció que la firma Moonshot AI había copiado el modelo Fable de Anthropic para desarrollar el Kim K3.
El impacto del lanzamiento del Kim K3 obedeció a que su aparición superaba a todas las alternativas estadounidenses de programación. Según Kratsios, Moonshot había copiado el Fable mediante "destilación", un método que somete a un sistema de programación a una avalancha de solicitudes para comprender su funcionamiento.
Kratsios se hizo eco también de declaraciones del Secretario del Tesoro, Scott Bessen, quien afirmó que el gobierno había encontrado rastros de modelos estadounidenses en varias empresas de IA chinas. Advirtió que "si llegamos a la conclusión de que modelos extranjeros saquean a nuestras empresas, tendremos la posibilidad de sancionarlos".
La administración republicana está atrapada entre dos fuegos. Por un lado, están los directivos de compañías inquietas ante el peligro cierto del saqueo de sus avances. Sarah Heck, de Anthropic, expresó que la destilación ilícita "es un robo de propiedad intelectual y espionaje industrial" y "un desafío nacional que crea graves riesgos de seguridad nacional para Estados Unidos y sus aliados democráticos".
En la otra vereda está la corriente "aceleracionista", integrada por ideólogos "libertarios", capitalistas de riesgo y figuras de Silicon Valley, entre ellos Elon Musk y Peter Thiel, hoy radicado en Buenos Aires, a la que adscriben influyentes funcionarios de la administración republicana, que sostiene que la imposición de trabas legales a la inteligencia artificial destruiría la innovación y haría que Estados Unidos perdiera la carrera tecnológica frente a China. En atenuada coincidencia con los anteriores, algunos directivos de la industria, incluidos Microsof y Meta, llaman a la moderación y proponen abordar el problema a través de "un marco jurídico y comercial en lugar de amplias restricciones".
Por su parte, China
El 17 de julio pasado el presidente chino Xi Jinping aprovechó la apertura de una conferencia internacional sobre la IA organizada en Shanghái para exponer los lineamientos básicos del modelo que los ideólogos de Beijing conciben como alternativa para plantarse como principales competidores de Silicon Valley en la batalla tecnológica por la supremacía mundial.
Con ese lenguaje metafórico propio de la cultura china, Xi sostuvo que "con frecuencia decimos que no se puede hacer música con una sola cuerda y que un árbol no sustituye al bosque". En línea con esa sentencia subrayó que "El desarrollo de la IA no puede resultar del trabajo de un solo país, sino de una sinfonía de cooperación internacional".
En esa misma dirección exhortó a "cosechar juntos los frutos de esta nueva frontera del progreso" e impulsó la creación de la Organización Internacional de Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO por su sigla en inglés), con 29 países miembros fundadores del "Sur Global", entre ellos Rusia, Brasil, Sudáfrica, Indonesia y Pakistán.
Las autoridades destacan las constantes mejorías en la alta tecnología, atribuida a dos factores. El primero es el aumento de la participación del sector privado. Además de los cinco gigantes que dominan el mercado chino, (Alibaba. Tencent, Baidu, Huawei y Byte Dance), China concentró más del 15% de la creación de start-ups de alta tecnología en los últimos cinco años, contra un 45% de Estados Unidos y un 20 % de Europa. En ese aumento se inscribe la irrupción de Moonshot, que compite con Anthropic y Open AI.
Para alimentar esa expansión, Beijing habilitó una mayor financiación privada para el sector de la investigación universitaria. Esta apertura permitió un salto cualitativo en las universidades de Beijing, Shanghái y Suzhóu y en el polo tecnológico de Zhongguancun, conocido como el Silicon Valley chino. La World Intellectual Property Organizacation (WIPO) informó que en 2025 China presentó 73.718 proyectos de patentes contra 52.617 de Estados Unidos.
El propósito chino es la "democratización" de la IA, mediante la promoción de los modelos de "código abierto" que permite el acceso de los países de menor desarrollo a las tecnologías más avanzadas, como hizo anteriormente con los paneles solares, la telefonía celular y los vehículos eléctricos, porque posibilita una fuerte reducción de costos.
Esa estrategia generó excelentes resultados. En 2025 las inversiones públicas y privadas en Estados Unidos alcanzaron alrededor de 300.000 millones de dólares, mientras que en China estuvieron alrededor de 90.000 millones. Pero aún con menos de un tercio en su volumen de inversiones y el cuádruple de población (1.400 millones de habitantes contra 350 millones de Estados Unidos) desde 2023 China crece a un ritmo del 5% anual, el doble que Estados Unidos.
China reforzó la reglamentación para impedir la exportación de "tierras raras" y minerales a las empresas estadounidenses de alta tecnología y la maquinaria militar del Pentágono. Para contrarrestar ese cerco, Trump lanzó la "Pax Silica", una iniciativa internacional destinada a asegurar las cadenas de suministro de tecnologías avanzadas que cosechó la adhesión de 35 países, entre ellos Alemania, Gran Bretaña, Japón, Israel, Finlandia, Países Bajos, Noruega, Corea del Sur, Singapur, Israel, Suecia, Filipinas Emiratos Árabes Unidos y la Argentina.
La vertiginosidad alcanzada por esta carrera y los timbres de alarma disparados sobre los riesgos que conlleva hacen que la negociación de un acuerdo entre Estados Unidos y China sobre el desarrollo de la inteligencia artificial se haya transformado en el punto central en la agenda de la próxima "reunión cumbre", a realizarse el 24 de septiembre, cuando el mandatario chino devuelva en la Casa Blanca la visita oficial que su colega estadounidense realizó en mayo pasado a Beijing.
Todo indica que ese inminente diálogo entre Trump y Xi Jinping será el prólogo de un nuevo "pacto de Yalta", centrado en la cooperación entre ambas superpotencias ante el desafío más importante que afrontará la humanidad en este siglo.