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Los tiempos entre la Revolución de Mayo y la declaración de la Independencia, estuvieron signados por numerosos desencuentros entre diferentes facciones y de reconfiguración de intereses. El largo proceso bélico que afectó principalmente a la gobernación de Salta que incluía a Jujuy, Orán y Tarija, devino no sólo en aguda crisis económica sino también en defección a los sagrados intereses de mayo de 1810. Cabe consignar que Tucumán, otrora parte de la Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán, obtuvo su independencia el 8 de octubre de 1814, cuando el Director Posadas procedió a dividir la Gobernación en dos provincias: Tucumán y Salta, quedando para la primera los territorios de Catamarca y Santiago del Estero.
A la enorme carga que había de soportar el gobernador Güemes de sostener una guerra extensa y sin apoyatura económica desde el gobierno central, se sumó la férrea oposición del gobernador de Tucumán, don Bernabé Aráoz, quien se mostró reticente a colaborar con el salteño Güemes.
Los frecuentes pedidos de recursos de parte de Güemes tenían por propósito no solo la defensa de la gobernación ante los realistas, sino un plan más complejo cuál era colaborar con José de San Martín en el plan continental, quien ya había cruzado los Andes, liberado Chile, y para la emancipación del Perú, cifraba sus esperanzas en los auxilios de tropas con que habría de socorrerlo Martín Güemes en las acciones que se empeñaría para completar la ansiada emancipación americana.
En esas circunstancias, Juan Bautista Bustos, gobernador de Córdoba, de acuerdo con San Martín y O´Higgins, auxilió a Güemes para su proyectada expedición al Perú, con una división de Húsares y Dragones de caballería de línea, la que llegó en circunstancias de estallar la guerra entre Tucumán y Santiago del Estero. Esta última se declaró provincia autónoma, desligándose de Tucumán a la que pertenecía el 22 de abril de 1820. Posteriormente Catamarca haría lo propio designando a don Nicolás de Avellaneda y Tula como su primer gobernador.
Gobernaba Tucumán don Bernabé Aráoz, quien en 6 de septiembre de 1820 había proclamado la República de Tucumán, de la que se auto designó Presidente Supremo, de acuerdo con la Constitución dictada en igual fecha. En ella, el texto expresa que: "la Provincia del Tucumán, en uso libre de los imprescriptibles derechos con que el Supremo Autor de la Naturaleza caracterizó a sus habitantes, y que el orden de los sucesos le ha ejecutado a reasumirlos, se declara por su representación legítima en una República libre e independiente, unida sí con las demás que componen la Nación Americana del Sud, y entretanto el Congreso General de ella, determine la forma de gobierno".
Por aquellos días, una división de 400 hombres enviada por Bustos al mando del coronel Alejandro Heredia, a su paso por Tucumán recibió algunos auxilios de Bernabé Aráoz. En ese tiempo Aráoz rompe relaciones con Ibarra gobernador de Santiago del Estero, e invade esta provincia, después del encuentro en el Palmar con éxito favorable para las tropas santiagueñas en 11 de febrero de 1821.
Ibarra buscó el amparo de Martín Güemes. Atribuyó la agresión del tucumano Aráoz al propósito avieso de impedir el envío del contingente de dinero que preparaba para la expedición de Güemes al Alto Perú, propósito que según Mitre era realmente efectivo, pues este autor afirma que "el gobernador Aráoz se negó a auxiliar a Güemes", receloso que volviera contra él los recursos que le proporcionase".
Y es que no solo se había negado ayudarle en la lucha que sostenía contra los españoles, sino que había llegado a pretender impedir que las fuerzas que desde Córdoba conducía el coronel Alejandro Heredia llegaran a su destino, sin tener en cuenta que iban a combatir a los enemigos de la emancipación y que tenían mancillada a Salta.
Güemes había esperado vanamente que Aráoz engrosase el contingente que Alejandro Heredia llevaba a Salta, en su tránsito por Tucumán. El 1° de febrero de 1821, se reúne el Cabildo de Salta, con asistencia de su gobernador Martín Güemes, en cuyas circunstancias, este expresó: "las circunstancias lamentables en que la imprudencia del gobernador Aráoz tenía constituida a la de Santiago del Estero, con la invasión hostil de tropas con que la amagaba". En un oficio, Ibarra se quejaba de las operaciones de Aráoz, que le impedían abastecer a las tropas de Güemes para facilitar la expedición al Perú.
La fratricida lucha de Aráoz contra Ibarra, redundaba en que este último no pudo colaborar con los auxilios que había prometido a Güemes y que hubo de empeñar todos los recursos para defenderse ante la hostilidad y agresión de Aráoz. De tal suerte, el gobernador tucumano impidió la llegada de la ayuda que se necesitaba para hacer la campaña en el Perú y concretar el plan continental sanmartiniano.
La conducta de Aráoz había sido objeto de repetidas quejas ante las autoridades instaladas en Buenos Aires por su indigno comportamiento.
Entre muchas misivas hemos de considerar el texto del Acta de la sesión secreta del 20 de setiembre de 1817 del Congreso Nacional que en su parte pertinente expresa: "Reunidos los Señores Diputados en la Sala del Congreso a la hora acostumbrada, hecha señal por el Señor Presidente, leída y aprobada la Acta del 17 del corriente, se dio principio a la presente Sesión por la lectura de una nota reservada del Supremo Director de 15 del que gira en la que expone, que siendo muy antiguas y germinadas las quejas del General del Ejército Auxiliar del Alto Perú (Manuel Belgrano), contra el Gobernador Intendente del Tucumán, sobre que, o por inacción o por estudio le priva de los auxilios con que debiera contar, después de haber apurado todos los recursos para atraerlo al cumplimiento de sus deberes, se veía en la precisión de retirar el Ejército…".
A su vez, Güemes también reclamaba ante Buenos Aires por la conducta de Aráoz, quien no facilitaba la concreción de la comisión de General del Ejército de Observación con que San Martín lo estimulaba para tomar una actitud firme sobre las fronteras del Alto Perú. Al efecto Güemes lanzó un manifiesto en el que decía: " Los actuales administradores de la autoridad de Tucumán, envanecidos con un aéreo poder, desconocidos hasta los presentes días, intentan enseñorearse de su población y adyacentes por los reprobados medios del artificio, de la intriga y de la fuerza".
Más adelante, Güemes expresa: "En el seno pues de la impotencia para resistir más choques con el bandalaje español, no por defecto de energía… sino por falta de recursos…. habiendo sido exclusivamente motivo la de Aráoz y la multitud de modos con que ha causado su demora, y con esta parálisis ha resuelto convertir el lleno de su poder en perjuicio de la Nación. Él como un rival limítrofe ha causado la inanición de la subsistencia de este suelo, denegando su concurso al sostén de una larga lid en defensa no solo propia sino de todos los Pueblos. Ha sido también un dique contra la formación de este Ejército, entorpeciendo con su influjo (…) ha desplegado su animosidad en la agresión a Santiago, ocultando bajo pretextos pueriles, falsos y frívolos el empeño de embarazar que ese Jefe me remitiera cierta cantidad de dinero de que pendía esencialmente la ejecución de mi empresa".
En otro documento expresa: "Usted sostiene aún a los godos contra mi voluntad y a mis enemigos les permite tiren y vayan contra mí públicamente. Mis insinuaciones oficiales las mira usted con desprecio y en fin todo usted se vuelve pura tramoya para desconceptuarme; en la guerra negándome los auxilios, retardándome las comunicaciones, buscando los pretextos privados para demorar la organización de mi ejército, acogiéndose a las determinaciones de su Congreso, sin atender al grave mal que va a sufrir la Nación con la falta de combinación con el General San Martín".
La postura artera y traidora de Aráoz contra Güemes fue acentuándose día tras día, de tal suerte que luego de los acontecimientos habidos con el ataque a Ibarra, nuestro prócer avanzó hacia Tucumán, venció a las tropas de Aráoz en Acequiones y llegó hasta Tapia donde instaló su Cuartel General. Delegó el mando en el coronel Alejandro Heredia, pero fue vencido en el Rincón de Marlopa.
Enterado Olañeta de esos sucesos, aprovechó para invadir Salta, en tanto José Ignacio Gorriti vencía el 29 de abril a Marquiegui, logrando el retroceso de los realistas. A la acción tucumana que restó los recursos para el noble fin de completar la campaña emancipadora en territorio peruano, se sumó la Revolución del Comercio en Salta. Esto obligó a Güemes a poner fin a este acto sedicioso. Sin embargo, fracasada la intentona de deponer al gobernador legítimamente electo por el pueblo de Salta, se urdió la trama del último acto para segar la vida del insigne salteño que luchara denodadamente por la emancipación americana y colapsó el auxilio que se debía otorgar al Libertador de los Andes.
Es abundante la documentación que evidencia la nefasta, indigna y traidora actitud del tucumano Bernabé Aráoz contra Martín Miguel de Güemes. En estas líneas se ha ofrecido unas escasas líneas pero que ilustran la abominable actitud de un personaje siniestro.
Es por ello lamentable que el Congreso de la Nación Argentina distraiga su tiempo en llevar a los altares de los próceres de la Patria, a quien ha buscado tronchar los ideales supremos de la Libertad que tan bien representan Belgrano, Güemes y San Martín.
La ciudadanía demanda mejoras en su calidad de vida, a ello deberían consagrarse. El abordaje de temas históricos requiere de un profundo análisis en la más que cuantiosa documentación, única forma de sostener argumentos.