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"…A través de toda su existencia, Alberdi revela un propósito firme y decidido de sacrificarlo todo por el bien de su país. … resulta ejemplar su desapego por la fortuna o las posiciones públicas, que hubiera conseguido fácilmente traicionando lo que él estimó era la línea de su existencia…"
Así describió al autor de "Las Bases…" nuestro constitucionalista por excelencia, el doctor Segundo V. Linares Quintana.
Es difícil, sino improbable, que dentro de la Argentina se pueda discutir la cualidad de este prócer, "un silencioso padre fundador". A pesar de eso, no tiene un día feriado, los chicos no le dedican un himno en las escuelas. ¿Será que está subvalorado?; ¿se habrá intentado cancelarlo?
Juan Bautista Alberdi nació el 29 de agosto de 1.810 en San Miguel de Tucumán, en una casa que estaba sobre la acera oeste de la plaza principal, cerca del Cabildo. Salvador y Josefa se llamaban sus padres. Tuvieron cinco hijos, el último de los cuales fue nuestro ilustre prócer.
Cinco meses después de traerlo a este mundo, su madre fallece, como consecuencia de las dificultades del parto. A los doce años, muere su padre. Juan Bautista hizo sus estudios primarios y secundarios en Tucumán; empezó sus estudios universitarios de Abogacía en Córdoba, pero recién los terminó durante su paso por Montevideo, donde obtuvo el título de Doctor en Jurisprudencia en la Universidad de la República.
No contrajo matrimonio. En el año 1.837, tuvo un hijo extramatrimonial, Manuel Alberdi, de su relación con Juanita Abadía. Lo reconoció en su testamento, legándole parte de sus bienes y derechos de sus obras literarias.
En poco tiempo se vería que este hombre dejaba de lado la espada y las armas. Así fue, dejando a salvo una breve participación en la Guardia Nacional de Uruguay, en el sitio de Montevideo.
Fecunda obra literaria
Desde sus años juveniles, en Buenos Aires, sin haber terminado sus estudios de abogacía, ya había conseguido la notoriedad y el respeto suficientes como para fundar la conocida Asociación de la Joven Argentina, luego Asociación de Mayo, en el año 1.837. Paralelamente, comienza una larga carrera de escritor, y publica obras no sólo jurídicas, sino también de Filosofía Política, de Economía, y de Derecho Internacional. Se da ciertos lujos, como publicar obras de contenido periodístico y satírico.
En detalle, la producción literaria de Alberdi es la siguiente. Sobre Derecho y Filosofía Jurídica: "Fragmento preliminar al estudio del derecho", en 1.837; "Bases y puntos de partida para la Organización Política de la República Argentina", en 1.852; "Elementos de Derecho Público Provincial", en 1.853. Sobre Economía, pública: "Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina", en 1.854. Incursiona en Derecho Internacional cuando publica "Memoria sobre la conveniencia y objetos de un Congreso Nacional Americano", en 1.844; "El Crimen de la Guerra", en 1.870; "La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual"; en 1.880. Finalmente, la faceta periodística e incluso teatral y satírica aparece en las "Cartas Quillotanas", de 1.853, que contienen su epistolario con Sarmiento; y "El gigante Amapolas", de 1.842, dedicada al gobierno de Juan Manuel de Rosas.
El extenso contenido de las "Bases…", es reseñado en un breve párrafo por su autor, en el que también dice por qué las redactó: "…Me propongo en el presente escrito bosquejar el mecanismo de esa ley - la misma Constitución-, indicar las violaciones que ella recibe de nuestro sistema político actual en la América del Sud, y señalar la manera de concebir sus instituciones, de modo que sus fines reciban completa satisfacción…".
Trayectoria pública
Hay mucho más Alberdi que sus "Bases…". Fue Ministro Plenipotenciario designado por Justo José de Urquiza en el año 1.855. Entre otras misiones, le fueron encomendadas diversas gestiones ante los gobiernos de Francia, Reino Unido, España y la Santa Sede. Durante dos años, entre 1.878 y 1.880, fue diputado nacional por Tucumán.
La mayor parte de su vida la pasó fuera del país. En Montevideo, trabajó como periodista, en los medios "El Nacional", y "El Grito Argentino", ambos claramente antirrosistas. Cuando vivió en Chile, siguió trabajando como periodista, para los diarios "El Mercurio", de Valparaíso, y "El Comercio". Además, allí ejerció la profesión de abogado, ante los tribunales y tuvo un paso bastante exitoso en el comercio. Fue en Chile donde redactó las "Bases…"
Alberdi no fue un hombre fácil de llevar ni conocía de posturas complacientes para con nadie, incluido todo el poder real o gran parte de él. El problema de Alberdi fue ser como era en un país en el que siempre hubo vencedores y vencidos. Amigos y enemigos. Ellos y nosotros. La ya arqueológica grieta.
Sucesivamente, en su primera juventud vio a Rosas como un "gran hombre", de mando y coraje, capaz de unificar gauchos, indígenas y negros para hacer un país posible con el resto de la población, con los intelectuales, con los ganaderos y los comerciantes. Hay poco material, incluso ya publicado, sobre una visita posterior que Alberdi hizo al Restaurador en su chacra llamada Burgess Farm, que había alquilado en 1.862, cerca de Southampton, en Inglaterra.
Cuando llegó la hora de Urquiza, le prestó su apoyo; cuando hubo que opinar en contra de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, lo hizo para oponerse; y finalmente, cuando toda la gloria y las grandes frases se dirigían a San Martín, justamente a él se le dio por decir que el Libertador fue un cultor de la guerra.
El solitario final
Cada una de esas posturas, a cara o cruz, agraden o desagraden, le costaron silencios o distancias. No es cómodo terminar del lado de los perdedores. Se fue quedando solo y para el último tramo eligió Francia para vivir. Allí llegó con problemas de salud física y mental. No solo tenía dolores en una de sus piernas, que no le impedían hacer breves caminatas al principio, cerca de donde vivía. Lo más grave fue cuando empezó a desvelarlo la angustia, la desconfianza de todos y se le hizo frecuente la facilidad para exasperarse. En París, empezó a sufrir delirios persecutorios que obligaron a internarlo en un establecimiento de sanidad mental, en los suburbios de la gran ciudad.
Ya no tenía el trato exquisito que lo había distinguido. Lejos había quedado la serena lucidez de otros tiempos. Ya poco se notaba del hombre talentoso y seductor que se destacaba en las tertulias; del compositor musical, del periodista; del historiador; del autor de ensayos.
Sus allegados pensaron que ese establecimiento de salud mental, dirigido por el médico Karl Defaut, era de primer orden. No fue así, sobre todo al final. Murió el 19 de junio del año 1.884, en Neully, cerca de París. Cuando llegó el final, las autoridades del establecimiento llamaron a Angelina, una amiga que solía visitarlo. Ella fue y la invitaron a pasar a una piecita (sic); allí estaba el cuerpo inerte del prócer tendido en una pequeña cama, tapado con sábanas sucias. Para explicar el desenlace, le dijeron que el paciente no había comido por varios días, que se arrojaba de la cama dando gritos y que había perdido el habla.
Mientras podía decidir, Alberdi hubiera preferido una casa en el campo; es posible que allí fuera atendido mejor.
La parte artística de tan singular personalidad aparece más de una vez en las "Bases…". Como en esa parte en que sueña con una Constitución que tenga el poder de las hadas, que construían palacios en una noche…"; o en esa otra que es más realista y admite que en California, en los Estados Unidos, fue el oro lo que ha contribuido a su realización; por eso dice que la riqueza es la hada que improvisa los pueblos…"
Qué decir de esa parte en la que, después de leer el Preámbulo del Acuerdo de San Nicolás, considera que ese era un programa apocado. Para Alberdi no bastaría con regularizar las relaciones que deben existir entre todos los pueblos argentinos, como pertenecientes a una misma familia; hace falta establecer los altos poderes nacionales y afianzar el orden, la prosperidad y la respetabilidad interior de la Nación.
Además, creía firmemente en construir el nuevo país en paz y con la llegada de inmigrantes inteligentes y trabajadores, arrojados de Europa por las guerras y las crisis industriales, tal como por entonces ya había sucedido en California.
Su otra obra emblemática, el "Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina, etc.", contiene textos que se parecen mucho a las profecías. Advierte lo que ya estaba pasando con el manejo de las rentas del Fisco Nacional, que convertía a los ciudadanos en máquinas serviles de rentas; que jamás llegan, porque la miseria y el atraso nada pueden redituar.
Cuestiona que las garantías económicas de la Constitución pueden ser derogadas por las leyes dictadas para organizar su ejercicio, entre las cuales cita al Código Civil. Sostiene que crear industrias declaradas de derecho común, se restablece el coloniaje, se ataca la libertad. Cuando advierte que el derecho al trabajo, declarado por la Constitución, puede ser atacado por la ley; o bien lo que sucede cuando la libertad del trabajo puede ser atacada en nombre de la organización del trabajo. Cuando ya identifica como adversarios del programa constitucional a los socialistas.
En estos tiempos oscuros, donde los valores escasean, vale la pena detenerse unos minutos en hombres Alberdi, que fue de los que no se guardaban nada, ni dudaron en anteponer el amor por la patria a los beneficios personales.