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Los abuelos olvidados

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En una década la mayoría de los ancianos dejó de pertenecer a la clase media. Respetados, venerados y protegidos en las sociedades orientales, los adultos mayores son hoy, en nuestro país, uno de los grupos más olvidados. Excluidos, casi invisibles, buscan formar parte de una sociedad que los ignora. Si bien en la Argentina la pobreza hace menos estragos en esta población que en los más jóvenes, las cifras demuestran que cada vez son más los ancianos que no tienen posibilidades de acceder a los bienes y servicios básicos para sobrevivir. Los pronósticos no son promisorios, se espera que cuatro de cada diez personas de más de 65 años no tengan acceso a una jubilación ni a una pensión y para el 2026 se estima que el desamparo alcance al 60% de los mayores. Se registra una gran explosión en los índices de pobreza por ingresos que venía siendo un fenómeno anterior a las crisis. Amenazados por la soledad, la vulnerabilidad, el desempleo y las magras jubilaciones, son muchos los que terminan en geriátricos u hogares. O en la calle. Muchos adultos mayores de 65 años viven en hogares nucleares sin hijos, en hogares unipersonales, en hogares extendidos o compuestos (por jefe/a o núcleo y otros parientes no nucleares y/u otros no familiares). Estos últimos son los que registran la mayor incidencia de pobreza, ya que generalmente son hogares con muchos miembros que conviven con el fin de reducir los gastos.

La mayoría son pobres por insuficientes ingresos, dependientes de los programas asistenciales y muchos de ellos, maltratados y víctimas de violencia familiar, institucional y social. Existen dificultades que limitan la integración social y comunitaria de esta población debido a problemas de inadecuación de los servicios, principalmente el transporte público y de seguridad personal. Es en la familia donde debe crecer la valoración de sus mayores, rescatando sus conocimientos, capacidades y valores. El envejecimiento es ineludible y es responsabilidad de todos aceptar este proceso como algo digno.

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