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Una reivindicación legítima, opacada por las diatribas

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El discurso pronunciado ayer por Javier Milei en la ONU exhibió, una vez más, una rusticidad en el lenguaje que, lejos de transmitir certeza en las convicciones, se parece más a las tertulias digitales o a los paneles de televisión que tanto resultado le dieron. Es cierto, por ese camino llegó a ser presidente.

La enfática defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas es un perfil que introdujo a su ya lanzada campaña cuando el gobierno percibió el impacto que produjo en la sociedad, sin distinción de banderías, el triunfo de la Scaloneta sobre Inglaterra y, en particular, la improvisada bandera reivindicando los derechos argentinos. La causa Malvinas está arraigada en los sentimientos colectivos y sale a flor de piel naturalmente. Esa bandera en manos de los jugadores, todavía en el campo de juego, había sido expresamente prohibida por el Gobierno argentino y descalificada a posteriori por el propio Milei.

Sin embargo, es bueno que esa reivindicación sea tema central de la agenda. Es importante destacar que, desde 1833, todos los gobiernos argentinos han denunciado la ocupación inglesa como una rémora del colonialismo. La historia es elocuente, se trata de un enclave ubicado en nuestra plataforma continental, por lo cual el derecho de explotación de los recursos pesqueros, hidrocarburíferos o de cualquier otro orden es exclusivo de Argentina y sus provincias, como parte del legado del Virreinato del Río de la Plata. Por supuesto que, desde el punto de vista geopolítico, la cuestión es bastante compleja. Nuestro país no figura entre las grandes potencias, y carece de los recursos militares básicos para ejercer el control del Atlántico sur; no se trata de hablar de una nueva "guerra", y eso lo expresó con precisión Milei en la ONU. El dato no es menor. Donald Trump habló recientemente de "la primera guerra de Malvinas", frase que deja abierta la posibilidad de un segundo intento. La aclaración tranquiliza.

"No se trata de hablar de una nueva 'guerra', y eso lo expresó con precisión Milei en la ONU. La aclaración tranquiliza".

Pero para llegar a ejercer el control de todo el territorio, no solo en las islas, el país necesita desarrollo, potencial industrial y capacidad de negociación.

Porque ese enclave estratégico, que atrajo a las potencias marítimas desde el siglo XVII, ahora interesa doblemente. Cualquier estrategia nacional debe considerar el rol de la Antártida, el del Atlántico sur y sus rutas de navegación comercial.

Por eso, resulta incoherente calificar a la ONU, en plena asamblea, como "una organización inútil, poblada de burócratas, que decidió mirar hacia otro lado en la causa Malvinas". No es serio, primero, porque la ONU es un organismo de gobernanza internacional que durante 80 años logró mantener un moderado equilibrio que, al menos, impidió una nueva gran conflagración mundial, y generó un sistema con capacidad como para mantener la atención puesta en los problemas de los desplazados, las infancias, la salud, entre otros. Y, en nuestro caso, siempre consideró el Atlántico sur como territorio en litigio.

"Para Trump, la prioridad no es Malvinas sino el 'escudo americano', conformado con gobiernos de la región".

En su diatriba, no fue claro Milei al adelantar que "el problema lo vamos a resolver con Gran Bretaña y sin la ONU". Resulta extraño. Más explicable aparece esta actitud en el marco del alineamiento férreo del presidente con Donald Trump y su arrasadora política internacional. Hasta ahora, esa política ha hecho confluir los intereses del magnate inmobiliario con los de Vladimir Putin para debilitar a la OTAN, a Europa, y a la democracia de todo Occidente.

"Para llegar a ejercer el control de todo el territorio, no solo en las islas, el país necesita desarrollo".

Y esa no es buena noticia. Para Trump, la prioridad no es Malvinas sino el "escudo americano", conformado con los gobiernos de la región que le son afines. Y su aparente alejamiento de Gran Bretaña no garantiza nada para nuestra causa Malvinas. Es mucho más fácil que él llegue a un acuerdo con Londres para la explotación del petróleo, antes que nuestra diplomacia logre avances concretos.

Como muestra, basta un botón. Poco después del discurso de Milei en la ONU, el secretario de Estado Marco Rubio expresó en sus redes sociales: "Me complace ver al presidente de Argentina. Nuestra relación bilateral es sólida, y nuestro hemisferio es más seguro gracias a nuestra estrecha cooperación en temas de energía, minerales críticos y agricultura". De las islas Malvinas, ni una palabra.

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