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En el transcurso de la pasada semana se conoció el porcentaje alcanzado al finalizar el primer semestre de 2026 de lo que se conoce como "el índice de la pobreza". Lamentablemente, ha crecido 4 puntos respecto del obtenido al final del segundo semestre del año pasado. De 28,2 % a 32,3 %, lo que llevado a números que significan dos millones de pobres más. Sumemos a ello que la indigencia alcanzó al 7,5 % de la población argentina. Dejar de ser pobre no significa solamente dejar de pasar hambre.
Comer todos los días es la condición mínima para sobrevivir; superar la pobreza implica, además, poder desarrollar una vida con oportunidades, dignidad, autonomía y participación social.
Hasta el mismo INDEC reconoce que la pobreza es un fenómeno multidimensional. Es decir, además del ingreso, existen privaciones vinculadas con vivienda, educación, salud y otras condiciones de vida.
Superar la pobreza significa más o menos lo siguiente:
* Comer todos los días, alimentándose adecuada y saludablemente.
* Contar con una vivienda espaciosa y digna con todos los servicios y condiciones sanitarias adecuadas.
* Disponer de condiciones de vida saludables que incluyan como normas de salud a la alimentación, prevención, atención profesional y medicamentos.
* La educación como componente fundamental del desarrollo individual y social.
* Poder atender prácticas culturales como leer un libro, ir al cine, escuchar música, practicar un deporte, desarrollar una vocación o tener acceso a la información y el conocimiento, por ejemplo.
* Acceder a un trabajo que permita construir un proyecto de vida y no tan solo generar un ingreso.
La gente ya no soporta más vivir al límite donde cada día es una emergencia. Aspira, con absoluta razón, a dejar de sobrevivir y comenzar a proyectar, lo cual es fundamental para la propia realización y que se logra solamente cuando se consigue cierta estabilidad. Muchos recordarán la consigna de la política central de la campaña presidencial de Mauricio Macri en 2015, la tan mentada "Pobreza Cero". Pero cuando hablamos de "pobreza cero", hay que preguntarse: ¿cero qué?
Porque una sociedad puede reducir fuertemente la pobreza medida por ingresos y, al mismo tiempo, conservar desigualdades importantes en educación, vivienda, salud, cultura, oportunidades y condiciones de vida.
En definitiva, superar la pobreza debería significar pasar de la supervivencia a una vida con posibilidades. Y ahí aparece una cuestión todavía más profunda para Argentina: ¿cómo construir una política de "pobreza cero" que no se limite a sacar personas de una estadística, sino que permita que millones de argentinos tengan realmente la posibilidad de progresar? Argentina lleva muchos años viviendo bajo la promesa de que "ahora sí viene el cambio". Pasaron gobiernos, modelos económicos y grandes discursos. Cada etapa produjo una nueva expectativa, pero lo cambios no llegaron.
El problema aparece cuando una sociedad escucha demasiadas veces la promesa del futuro y el futuro nunca termina de llegar para la mayoría. La inflación, el salario, el empleo, la vivienda y las deudas se convierten en experiencias cotidianas.
Cuando una sociedad deposita una enorme expectativa en un cambio radical, también puede producirse una enorme frustración si la transformación no se traduce rápidamente en bienestar corriente. Y los datos actuales muestran justamente una sociedad dividida: hay indicadores económicos que mejoraron, pero el empleo formal privado continúa débil y casi sin aparecer, y la percepción de la situación económica sigue siendo mayoritariamente negativa. Cuando alguien vive en una crisis permanente, puede acostumbrarse a sobrevivir, pero cuando cree que finalmente llegó el momento del cambio y descubre que la recuperación todavía no llegó a su vida, la frustración puede ser incluso mayor.
Esta es la advertencia que se desprende de los últimos indicadores de pobreza de ingresos.