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La presencia del presidente Javier Milei en la asamblea de la ONU y el encuentro con empresarios en Nueva York del gobernador bonaerense Axel Kicillof mostraron la Argentina antagónica en un mundo de incertezas y cambios.
Ambos se dirigieron a inversores y políticos extranjeros proponiendo visiones irreconciliables, con coincidencias en el equilibrio de las cuentas públicas y diferencias respecto a la eficiencia y honradez en la gestión pública, la autonomía en las decisiones de política exterior y el dialogo como fundamento del progreso político; reafirmando en sus declaraciones y gestos, que hacen de la polarización política la razón de ser de sus estrategias para mantener o acceder al poder.
Los une la preocupación y urgencia por una foto con Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, o con el presidente de EE. UU., Donald Trump. Mientras tanto, una cuestión crucial sobrevuela al imaginario colectivo, a los inversores extranjeros y al mercado bursátil: las dudas sobre el sistema de reparto del poder en las próximas elecciones presidenciales.
La cuestión está en las elecciones PASO, que forman parte del sistema electoral vigente y nos indican quiénes, por cuanto tiempo y cómo accederán al poder. Esta cuestión debe ingresar en la agenda pública, debido a las preguntas sin respuesta y dudas legitimas respecto a la implementación de un sistema que debería ser indubitable.
Ante las dudas debemos poner en discusión la conveniencia de esta herramienta que forma parte del sistema de elección; en un ambiente en el que imperan las descalificaciones y las sospechas, proliferan las dudas que, transformadas en verdades a medias acerca de quiénes se benefician y a quienes perjudica el sistema electoral vigente, corroen hasta la esencia misma a la democracia.
¿Por qué las dudas?
En principio la ley de las PASO, propuesta en el año 2009 e implementada en 2011, que se presentó con el título de "Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral" fue pensada para enmendar errores de la práctica política y sin pretender ser exhaustivos, enumeramos algunas correcciones que se procuraron hacer:
* Primero, con la simultaneidad, se procuraba impedir "el prestamos de afiliados" a candidatos de un partido opositor con tal de favorecer al menos competitivo, también, el financiamiento de "partidos muletos" que dividían el electorado opositor; en definitiva, dos artilugios electorales revividos en las últimas elecciones de varias provincias donde se suspendieron las PASO.
* Segundo, al ser abiertas darían posibilidades a todos los candidatos, que al margen de los aparatos partidarios aumentarían sus posibilidades de competir, ya que estaban habilitados a votar por el candidato de cualquier partido, los votantes sin filiación partidaria.
* Tercero, al ser obligatorias, se compromete al electorado con la asistencia a votar, garantizándose un número de votos que dota de legitimidad a los candidatos.
Esta propuesta, que pretendió reconstruir un sistema de selección interna en los partidos políticos, en la práctica no mejoró la representación, recreando un sistema opaco y confuso que, a su vez, generó dudas en los votantes y sospechas entre los competidores por el poder.
¿Por qué no funcionó?
Una de las razones por las que no funcionó como mecanismo de selección interna de los candidatos es que el artículo 19 de la Ley 26571 dice que "Las agrupaciones políticas deben definir sus candidaturas nacionales obligatoriamente a través de las PASO, aún en aquellos casos en que se presentare una sola lista" igual debía presentarse dicha lista, es decir, no había interna en los partidos, pero se legalizaba la lista correspondiente.
Así, en 2015 se presentaron once listas y sólo realizaron elecciones internas Cambiemos, Unidos por una nueva alternativa y el Frente de Izquierda.
En 2019 hubo diez listas de precandidatos, sin ninguna elección interna.
En 2023 se presentaron 27 fórmulas presidenciales y 15 alianzas de partidos políticos. Solamente hubo competencia interna en siete partidos.
En cuanto a la participación de la ciudadanía, en 2021 fue del 67%, la más baja en una elección presidencial desde 1983.
Además, en las 24 jurisdicciones provinciales y en la Ciudad Autónoma de Bs. As, se utilizaron métodos reñidos con la transparencia electoral, tales como los desdoblamientos entre elecciones nacionales y provinciales en fechas distintas, el sistema de las listas sábana, colectoras, acoples y listas espejo.
Los métodos y sus resultados, registrados luego de cuatro elecciones presidenciales, muestran a las claras que se desvirtuó la representación en la calidad y la capacidad de gestión por ausencia de competencia entre candidatos de un mismo partido.
Además, se concentró el poder político en pocos partidos y no promovió la posibilidad de competir a nuevos candidatos, potenciando candidatos únicos. Fue la elección de los peores.
Volver al punto de origen
Luego, este experimento de reparto del poder político, que fue una repuesta a la falta de legitimidad de los partidos políticos y al descredito de nuestros representantes, hoy no garantiza la competencia democrática para la elección, ni transparencia, ni adhesión ciudadana.
Volvemos al punto de origen, el lugar desde donde partimos: un sistema de elección que no es adecuado para elegir.
Un sistema de elección en el cual el primer acto, solo se elige al candidato, anticipa la intención del votante.
La cuestión de anticipar el ganador sesenta días antes de la primera vuelta electoral es dar lugar a las "malas artes" de la política, tales como:
* Que el primero genera una adhesión automática por el "voto a ganador". Todos pretenden subirse al "carro del vencedor".
· Que un tercero que no figuraba entre los dos primeros, es decir, "un tapado" y se convierte en una oportunidad para sumar votos en contra del favorito que figuraba en los primeros lugares de las encuestas.
· Que cuando las diferencias son mínimas entre el primero y el segundo, quedan habilitados acuerdos para "migrar votos" de otros partidos minoritarios que tienen el caudal de votos necesarios para hacer ganar la elección a algunos de los dos que encabezan las PASO.
La peor política
Hoy, frente al naufragio de la política, la sociedad, los mercados bursátiles y los inversores observan desconcertados cómo en EE. UU. el presidente Milei y el gobernador Kiciloff se contradicen con los datos de la pobreza, el tipo de cambio y el empleo y, coinciden en ignorar – en forma deliberada- que el sistema vigente no es idóneo para elegir a quienes nos gobiernan. Estamos ante un escenario desconcertante.
La peor política tiene voz cuando dice que las PASO son caras o hay que suspenderlas, pero no dicen como se financia la política, negando la discusión y el análisis sobre un sistema de preselección de candidatos que, anticipado la intención del votante, no procesa las diferencias políticas, no garantiza la selección de los mejores y crea dudas en el electorado.