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Se cumplen seis días sin rastros de Orlando Serapio, el hombre acusado de asesinar a su expareja en el barrio Luz y Fuerza en Campo Quijano, y la investigación comienza a mostrar más preguntas que respuestas. Desde el femicidio, ocurrido el martes pasado, no hubo avances concretos que permitan establecer su paradero.
El único contacto confirmado después del hecho fue con su madre. Según consta en la causa, el propio Serapio habría confesado: "Me mandé una cagada, cuidá a los chicos".
La única pista firme sigue siendo la camioneta abandonada sobre la ruta nacional 51, en un tramo que conduce únicamente hacia San Antonio de los Cobres. Los investigadores descartaron rápidamente la posibilidad de que hubiera tomado el camino secundario hacia El Rosal, la zona montañosa donde pudo haberse resguardado, debido a su estado intransitable, lo que redujo el margen geográfico de búsqueda pero no acercó resultados.
Las pesquisas manejan dos hipótesis centrales: que el prófugo se haya quitado la vida en una zona inhóspita o, la que cobra cada vez más fuerza, que esté recibiendo ayuda para ocultarse. Si continúa con vida, sostienen fuentes del caso, alguien necesariamente lo está asistiendo con refugio, movilidad o logística, e incluso no se descarta un intento de cruce clandestino hacia Chile o Bolivia.
El operativo tras el hallazgo del vehículo fue intenso pero breve. El clima y la falta de recursos: poco personal y escasa tecnología, limitaron los rastrillajes y la búsqueda perdió impulso.
También hubo cuestionamientos al frente judicial: el allanamiento en la casa de los padres de Serapio fue superficial y no se secuestraron celulares ni se activaron medidas tecnológicas para analizar comunicaciones, pese a que la madre admitió haber hablado con él tras el crimen.
Un dato no menor refuerza la sospecha de planificación: Serapio huyó con su celular, ropa de abrigo y pertenencias personales. Para los investigadores, no se trató de una fuga improvisada sino de alguien que conocía el terreno y posiblemente tenía definida una ruta de escape.
Mientras tanto, familiares de Natalia Cruz volvieron a marchar en silencio acompañados por vecinos, exigiendo justicia y celeridad en la captura.