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El regreso de José María Robles a Salta no fue solo un traslado sanitario. Fue, para muchos, la escena que terminó de ponerle rostro humano a una tragedia que golpeó fuerte y que todavía deja secuelas. En silencio, sin declaraciones públicas, el joven hincha de Juventud Antoniana llegó durante la noche del jueves al hospital San Bernardo, donde continuará con su recuperación tras sobrevivir al accidente ocurrido en Santiago del Estero que dejó tres víctimas fatales.
Eran cerca de las 23 horas cuando la ambulancia ingresó al nosocomio más importante de Satta. Allí lo esperaba su familia, que siguió de cerca cada paso del operativo. El traslado fue coordinado entre el Samec y el sistema sanitario santiagueño, luego de que los médicos evaluaran que el paciente estaba en condiciones de ser derivado a su provincia de origen.
El director del Samec, Daniel Romero, explicó que este tipo de operativos responde a convenios entre provincias. “Fuimos convocados desde Santiago del Estero. El paciente estaba en condiciones de ser trasladado para continuar su recuperación en Salta. El hospital San Bernardo autorizó el ingreso y llegó en buenas condiciones”, detalló.
Según precisaron fuentes médicas, Robles se encuentra estable, aunque presenta lesiones producto del impacto y complicaciones pulmonares que requieren control permanente. Por ese motivo, se optó por un traslado terrestre, considerado más seguro en función de su cuadro clínico.
Un detalle que emocionó
En medio de la tensión y la expectativa por su estado de salud, hubo un detalle que no pasó desapercibido: al momento de su traslado, el joven vestía una camiseta del Club Atlético Sarmiento de La Banda.
El gesto, lejos de lo deportivo, fue interpretado como un símbolo de agradecimiento. Durante los días de internación en Santiago del Estero, Robles y su familia recibieron el acompañamiento de hinchas y vecinos que, sin importar colores, brindaron ayuda en un momento crítico.
El accidente no solo dejó dolor. También generó una red de contención que se extendió más allá del hecho en sí. Vecinos como Alicia Ibáñez ofrecieron alojamiento a familiares de las víctimas, mientras que simpatizantes de distintos clubes, entre ellos Club Atlético Güemes, se acercaron para colaborar.
Ese acompañamiento fue clave en los días más difíciles, cuando la incertidumbre dominaba el panorama y cada parte médico era seguido con atención. En ese contexto, la camiseta que vistió Robles se transformó en una especie de mensaje silencioso: una forma de reconocer la ayuda recibida.
Un camino de recuperación
Ahora, ya en Salta, el foco está puesto en su evolución. Los médicos del hospital San Bernardo seguirán de cerca su estado, con controles sobre las secuelas respiratorias y las lesiones que dejó el accidente.
Cada traslado, remarcaron desde el sistema de emergencias, tiene condiciones específicas que dependen del paciente. En este caso, la decisión de hacerlo por vía terrestre respondió a criterios estrictamente médicos.
Mientras tanto, la historia de José María Robles sigue sumando capítulos. Ya no solo como sobreviviente de un hecho trágico, sino como protagonista de una escena que dejó en evidencia algo más profundo: que, incluso en los momentos más duros, la solidaridad puede imponerse por sobre cualquier rivalidad.