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A 28 años del hallazgo de los cuerpos de Melanie (9) y Octavio Leguina (6), el doble crimen que conmocionó a Salta en 1998 volvió a instalarse en la agenda pública. Esta vez, por las versiones sobre una posible libertad condicional para Marcelo Torrico, uno de los condenados a reclusión perpetua por el secuestro, abuso sexual y asesinato de los niños.
En ese contexto, Miguel Leguina, padre de las víctimas, habló en Radio Salta y dejó un testimonio atravesado por el dolor, los recuerdos imborrables y también por una profunda dimensión espiritual que, según aseguró, fue lo que le permitió sostenerse durante casi tres décadas. "Es un gran dolor de la mente y del corazón de los padres. La tragedia de nuestros hijos fue tan dura que es muy difícil de sobrellevar", expresó.
Melanie y Octavio desaparecieron el 4 de mayo de 1998 cuando salieron rumbo a la escuela desde su casa del barrio Palmeritas. Durante seis días, la búsqueda mantuvo en vilo a toda la provincia. Finalmente, el 10 de mayo sus cuerpos fueron encontrados en un descampado cercano al cementerio de La Silleta.
La investigación determinó que ambos habían sido drogados, torturados y asesinados. Melanie además había sido abusada sexualmente. La brutalidad del caso provocó una conmoción sin precedentes y convirtió el nombre de Marcelo Torrico en uno de los más repudiados de la historia criminal salteña.
Junto a Ariel Brandán, Torrico fue condenado en 1999 a reclusión perpetua. Sin embargo, el tema volvió a generar indignación social ante la posibilidad de que pueda acceder a un beneficio de libertad condicional por el tiempo cumplido en prisión.
Consultado sobre esa posibilidad, Miguel Leguina evitó un discurso cargado de odio, aunque reconoció el peso emocional que implica volver a escuchar el nombre de los responsables del crimen.
"Si estuviera en nuestras manos... no firmaría", dijo con resignación al hablar sobre una eventual liberación, dejando en claro que las decisiones finales dependen de la Justicia.
El padre de los niños también sorprendió al afirmar que no siente miedo frente a una posible salida de prisión del condenado. "No, yo creo que ya estamos con estos monstruos del mundo, más allá de todo lo que pasamos, pero no, nos aferramos a la mano del Señor para que pueda encaminar nuestras vidas", sostuvo.
"Yo no tengo el recuerdo de los chicos saliendo de mi casa para ir a la escuela. Solo tengo las imágenes de la autopsia en mi cabeza".
Pero el tramo más conmovedor de la entrevista llegó cuando recordó las imágenes que todavía lo persiguen desde 1998. Leguina recordó que estuvo presente durante la primera y segunda autopsia de sus hijos y que ese recuerdo quedó grabado para siempre.
"Las imágenes que vi ahí hasta el día de hoy las tengo en mi mente. Yo no tengo el recuerdo de cuando los chicos salieron de mi casa para ir a la escuela. Mi señora sí tiene esas imágenes porque ella los cambiaba y los mandaba. Yo tengo las imágenes de la autopsia en mi cabeza", relató.
La declaración expuso crudamente el nivel de trauma que dejó el crimen en la familia. También mostró cómo, pese al paso del tiempo, el caso continúa siendo una herida abierta.
En otro tramo de la entrevista, Leguina habló del proceso personal y espiritual que atravesaron él y sus seres queridos para intentar reconstruirse después de la tragedia. "Si no hubiésemos buscado al Señor, capaz que no estaría hablando con ustedes", afirmó. Y agregó: "El Señor poco a poco nos fue fortaleciendo para poder tener paz dentro nuestro y con la familia".
Incluso, al ser consultado sobre qué le diría hoy a Torrico si lo tuviera enfrente, respondió con una reflexión ligada al perdón. "Pasaron tantos años que el amor del Señor me hizo reflexionar. Más allá de todo lo que hicieron con los niños y con mi familia, perdonar... nosotros no somos nadie para no perdonar", manifestó.
El caso Leguina marcó un antes y un después en Salta. La desaparición de los hermanitos movilizó a toda la provincia y el hallazgo de los cuerpos generó una de las mayores conmociones sociales de las últimas décadas.
Prófugo
Años después, el nombre de Torrico volvió a ocupar titulares cuando protagonizó una fuga del penal de Villa Las Rosas en 2004. Permaneció prófugo durante casi dos meses hasta ser recapturado, un episodio que reforzó el temor social alrededor de su figura.
Hoy, a casi tres décadas del crimen, la posibilidad de una eventual liberación vuelve a despertar indignación y reabre una historia que nunca terminó de cicatrizar para los salteños.