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Seis familias salteñas recuperan el lino textil que Argentina dejó de producir en los años 80

En El Barrial, San Carlos, cultivan una fibra natural que buscan transformar en una alternativa de trabajo rural y producción textil. El proyecto recibió US$ 5.000 para incorporar maquinaria y aumentar la producción.
Sabado, 10 de octubre de 2026 20:35
Parte del equipo de Linera Kamayana recibe el reconocimiento durante el evento DAE, donde obtuvo un capital semilla de US$ 5.000.

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En El Barrial, un paraje rural de San Carlos, un grupo de familias recuperan un cultivo que Argentina dejó de producir a escala textil en los años 80. Siembran lino, rescatan semillas, experimentan con técnicas de cultivo y procesan los tallos para obtener una fibra que después puede convertirse en hilo y tela. La iniciativa busca recuperar una actividad productiva, sostener el trabajo familiar y abrir nuevas posibilidades para las comunidades del Valle Calchaquí.

El proyecto se llama Linera Kamayana. Su nombre reúne dos ideas centrales: la producción de lino y la convivencia, significado que, según su directora, Karla Buzó, tiene la palabra kamayana en quechua. Técnica textil, diseñadora y gestora cultural, Buzó acompaña una experiencia que combina agricultura, saberes artesanales e investigación para recuperar la producción nacional de lino textil.

La plantación de lino de Linera Kamayana en El Barrial, San Carlos.

"Nos gusta decir una frase que es hilar un cultivo", explicó en una entrevista con El Tribuno. La expresión resume el recorrido que proponen: comenzar en la tierra, cuidar la planta, extraer la fibra y avanzar hacia el hilado y la tejeduría.

La iniciativa nació de la búsqueda de alternativas para las actividades agrarias y textiles de la zona. En El Barrial funciona una asociación de productores con unos 40 socios, que comparten la necesidad de generar oportunidades económicas sin abandonar el trabajo rural. Linera Kamayana comenzó a experimentar con el lino en 2018 y dedicó sus primeros años a evaluar su adaptación al suelo y la calidad de la fibra.

“Fue un resultado de esas alternativas renovadas para generar una economía sustentable y familiar, porque justamente contemplamos el trabajo familiar agrario”, contó Buzó.

El grupo reúne a habitantes originarios de la comunidad y a familias que eligieron instalarse en el paraje. La siembra y la cosecha son tareas colaborativas: las familias se ayudan entre sí y organizan los trabajos según las necesidades del cultivo.

Fibras de lino textil durante el proceso de preparación para su posterior hilado.

Recuperar una semilla y un oficio

Uno de los principales desafíos fue recuperar una variedad de lino destinada específicamente a la producción textil. Buzó explicó que el equipo realizó ensayos en distintos terrenos y alturas para comprobar cómo respondía la planta. Durante esa investigación también encontró referencias a una antigua variedad del Valle Calchaquí llamada Calchaquí.

Ese antecedente reforzó la decisión de continuar con el proyecto. Según la directora, el grupo logró recuperar una semilla de uso textil y comprobar su adaptación a las condiciones de la zona.

“Desde Salta y desde una pequeña comunidad hemos recuperado una semilla y un oficio textil que realmente se dejó en los años 80 y se retoma en la actualidad desde una pequeña comunidad”, afirmó.

El lino es una planta de cuyo tallo se extrae una fibra natural. Para obtenerla, primero hay que separar la parte leñosa del material que después se procesa para hilar. Esa etapa requiere trabajo y conocimientos específicos, y constituye hoy uno de los principales obstáculos para aumentar la producción.

Buzó describió la emoción que sintieron durante los primeros ensayos: “Cuando sucede eso y ves una fibra que brilla y que tiene resistencia, la verdad es que es hermoso ver que de una planta se transforma una fibra”.

La experiencia también responde a una preocupación ambiental. La industria textil enfrenta cuestionamientos por la contaminación y el uso de fibras sintéticas, mientras crece el interés por materiales naturales y prendas más duraderas. Para el equipo, recuperar el lino implica explorar una alternativa productiva que aproveche los recursos locales y reduzca la dependencia de materiales derivados de procesos industriales contaminantes.

El proyecto trabaja con prácticas de cultivo que buscan evitar los agroquímicos y regenerar los suelos. Para avanzar en esa línea, suma asistencia técnica orientada a implementar prácticas biodinámicas. La floración del lino, además, puede favorecer la actividad apícola.

El desafío de pasar de la fibra artesanal a una mayor escala

Actualmente, las seis familias trabajan el cultivo y sus procesos asociados. Buzó señaló que alcanzaron una superficie aproximada de una hectárea por familia y que buscan ampliar el área sembrada para sumar participantes y garantizar una provisión más regular de fibra.

Hasta ahora, las ventas se realizaron en pequeña escala, principalmente a artistas y artesanos. El objetivo siguiente es producir un volumen suficiente para abastecer a las hilanderías y generar mejores oportunidades económicas para las familias.

Para eso, Linera Kamayana recibió un capital semilla de US$ 5.000 del programa DAE Creative Bootcamp, impulsado por la Fundación Bunge y Born y el British Council. El financiamiento permitirá incorporar maquinaria para agilizar la extracción de la fibra, una de las etapas más laboriosas del proceso.

La herramienta que necesitan se llama desfibradora o decorticadora y permite separar la parte leñosa del tallo. La mecanización de esa tarea puede reducir los tiempos de trabajo y aumentar la cantidad de fibra disponible, sin eliminar el resto de las labores que requieren conocimiento y trabajo manual.

“Lo que nosotros podemos hacer es vender mayor volumen a hilanderías, lograr una economía familiar con mayor impacto”, explicó Buzó.

La iniciativa ya dio un paso en esa dirección. El equipo comenzó una colaboración con Textiles de los Andes, una hilandería de Catamarca, donde se realizan ensayos para desarrollar hilados que combinen lino con lana y algodón. Mientras tanto, en el Valle Calchaquí también trabajan el lino puro y prueban mezclas con lana local.

El vínculo con la industria permitiría conectar la producción rural con otras etapas de la cadena textil. En lugar de limitarse a la elaboración artesanal de pequeñas cantidades, las familias buscan convertirse en proveedoras de fibra y sostener entregas regulares.

Un proyecto con raíces locales y proyección regional

La recuperación del lino también tiene una dimensión cultural. En el Valle Calchaquí, la producción textil está ligada a saberes transmitidos entre generaciones, desde el trabajo con la lana hasta el hilado y la confección de prendas. Buzó quiere que el lino se incorpore a esa tradición y permita explorar nuevas combinaciones de materiales.

Uno de los objetivos es transformar la fibra en hilo y utilizarla para elaborar tejidos tradicionales, como ponchos y mantas, a partir de mezclas con lana. La propuesta busca que el cultivo no quede aislado de la actividad textil, sino que forme parte de un proceso que reúna producción agraria, oficios y diseño.

El proyecto recibió acompañamiento técnico del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), especialmente durante una etapa de formación. También contó con el aval del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en distintas presentaciones, según relató Buzó.

La directora considera que la experiencia puede replicarse en otras localidades de Salta y del NOA. La incorporación de maquinaria y la ampliación de la superficie cultivada permitirían sumar familias, aumentar la producción y fortalecer una economía vinculada con el territorio.

“Bueno, nuestro gran sueño y también es una responsabilidad nacional y regional, es poder brindar este modelo de proyecto que se pueda replicar en la provincia y en la región”, sostuvo.

El horizonte incluye también la posibilidad de presentar sus fibras y tejidos en mercados internacionales. En 2022, el equipo viajó a Portugal para participar en un congreso internacional de fibras naturales y después visitó el Festival de Lino en Francia, uno de los países de referencia en la producción de esta fibra. La experiencia les permitió conocer otros desarrollos y proyectar nuevos destinos para su trabajo.

Sin embargo, el objetivo inmediato sigue en El Barrial: aumentar la producción, sumar integrantes y lograr que el cultivo se traduzca en una fuente de ingresos estable para las familias.

“También pensamos, y nos importa muchísimo, el valor patrimonial que tiene este proyecto”, dijo Buzó. Para ella, los ensayos y los conocimientos acumulados pueden servir a otras comunidades interesadas en recuperar cultivos y oficios textiles.

Los ganadores de la edición 2026 del programa DAE durante el encuentro de premiación.

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