PUBLICIDAD

¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

Día de la Madre: Elizabeth, la mamá que enfrenta cada dificultad con amor y sueña con un futuro mejor para sus cuatro hijos

Tiene hipoacusia neurosensorial y cría a cuatro chicos, tres de ellos con discapacidad y uno con una cardiopatía congénita que requirió una cirugía a corazón abierto en el Hospital Garrahan. Entre las dificultades económicas, los tratamientos y las ventas por trueque, Elizabeth Valverde busca salir adelante con su familia y comparte una historia de esfuerzo, esperanza y fe.

Escuchar esta nota - 00:00

Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

La maternidad está hecha de abrazos, pequeños logros y sueños compartidos, pero también de preocupaciones que muchas veces se llevan en silencio, noches de incertidumbre y una lucha cotidiana para que a los hijos no les falte lo necesario. Para Elizabeth Valverde, ser mamá significa mucho de todo eso: aprender a enfrentar las dificultades, buscar alternativas cuando las puertas se cierran y encontrar fuerzas para seguir adelante, incluso en los días más difíciles.

En la víspera del Día de la Madre, su historia invita a mirar de cerca la realidad de tantas mujeres que sostienen a sus familias entre cuidados, responsabilidades y necesidades económicas. Elizabeth tiene cuatro hijos, vive con hipoacusia neurosensorial y enfrenta, junto a su esposo, el desafío de acompañar a sus chicos en sus distintas necesidades de salud y educación.

Su hijo mayor nació con una cardiopatía congénita, una transposición de grandes vasos y estenosis pulmonar. El año pasado debió someterse a una cirugía a corazón abierto en el Hospital Garrahan, en Buenos Aires. Sus tres hijas también tienen discapacidad y retraso mental leve, por lo que necesitan acompañamiento y atención.

A esa realidad se suma la dificultad que implica su propia condición auditiva, diagnosticada hace dos años, y las limitaciones para acceder a un empleo estable que le permita organizar los tiempos familiares. Sin embargo, Elizabeth no se quedó de brazos cruzados: comenzó a vender ropa usada, se sumó a las ferias, ofrece alpargatas y ropa de campo y encontró en el trueque una manera de conseguir recursos y sostener el hogar.

“Gracias a Dios vamos avanzando”, contó a El Tribuno, con la esperanza de quien sabe que cada pequeño paso tiene un valor enorme cuando se trata del bienestar de sus hijos.

Una mamá que aprende a seguir adelante

La vida cotidiana de Elizabeth está organizada alrededor de sus cuatro chicos. Su hijo mayor asiste al colegio y sus tres hijas concurren a una escuela de jornada extendida. A las responsabilidades escolares se suman las consultas, las terapias y los cuidados que cada uno necesita.

Pero hay una dificultad que atraviesa muchas de sus actividades: no poder escuchar con claridad. “Esta discapacidad me dificulta mucho el tema de salir a trabajar y, más que nada, tener un trabajo fijo”, explicó. 

En situaciones tan simples para otras personas como mantener una conversación, Elizabeth debe hacer un esfuerzo adicional. Muchas veces necesita pedir que le hablen más fuerte y se encuentra con personas que no comprenden su dificultad o que se molestan cuando tienen que repetir lo que dijeron. “Lo que más me dificulta es el tema de no poder escuchar”, reconoció. 

Elizabeth junto a su hermana

Son situaciones que se suman al cansancio de una rutina en la que siempre hay algo por resolver. Aun así, Elizabeth busca la manera de desenvolverse, acompañar a sus hijos y encontrar oportunidades para generar ingresos.

En ese camino, también recibe ayuda de su hijo mayor. Cuando salen juntos, él le explica algunas cosas que ella no alcanza a escuchar. Ese gesto cotidiano, que puede parecer pequeño, refleja una forma de acompañarse en familia y de aprender a enfrentar juntos las dificultades.

El miedo de una madre y la esperanza después de una cirugía

El año pasado, la familia atravesó uno de sus momentos más difíciles. La cardiopatía congénita de su hijo mayor requirió una intervención a corazón abierto en el Hospital Garrahan, en Buenos Aires. Para una madre, la salud de un hijo ocupa un lugar que ninguna otra preocupación puede reemplazar. A las consultas y los tratamientos se suman la incertidumbre, los traslados y la necesidad de permanecer cerca cuando más se necesita.

Elizabeth recuerda ese proceso con la preocupación propia de quien debió acompañar a su hijo en una situación delicada. Hoy, agradece que se encuentre estable y pueda continuar con su vida escolar. 

Sin embargo, las consecuencias de esas circunstancias siguen presentes en la organización familiar. Cuando su hijo se descompensa, debe dedicarle más tiempo y, en ocasiones, viajar a Buenos Aires para acompañarlo. Eso significa también pasar días lejos de sus otras tres hijas, una de las situaciones que más le duelen. “Lo que más me duele es no poder estar al cien por ciento con mis nenas, porque por ahí me toca estar más tiempo con mi hijo mayor”, confesó.

En esa frase se resume una de las preocupaciones más profundas de la maternidad: querer estar en todos lados, responder a cada necesidad y abrazar a cada hijo cuando lo necesita, aun cuando el tiempo y las circunstancias no siempre lo permiten.

A Elizabeth le gustaría poder dividirse para acompañarlos a todos por igual. Estar cerca de su hijo cuando necesita atención médica, pero también compartir más momentos con sus hijas, acompañar sus avances y brindarles todo lo que necesitan para crecer.

A esa preocupación se suma la situación económica. Los viajes, los gastos cotidianos y la construcción de su casa requieren un esfuerzo constante. “El no poder estar bien económicamente” es otra de las realidades que le pesan, especialmente cuando las necesidades de sus hijos se multiplican.

Emprender para sostener a su familia

Elizabeth está casada y cuenta con el acompañamiento de su esposo, quien tiene un empleo registrado y es el principal sostén económico de la familia. Gracias a ese trabajo, cuentan con obra social. Además, reciben una ayuda económica vinculada a sus hijos, aunque, según relató, resulta insuficiente frente a todas las necesidades del hogar.

Por eso, las ventas y el trueque se convirtieron en una parte fundamental de su vida cotidiana. Comenzó vendiendo ropa usada y, con el tiempo, fue incorporando otros productos. Hoy sale a las ferias y ofrece alpargatas y ropa de campo. Cada venta representa una posibilidad de sumar dinero, cubrir algún gasto o avanzar, aunque sea un poco, con los proyectos familiares.

No se trata solamente de encontrar una ocupación. Para Elizabeth, emprender es una manera de buscar alternativas laborales que puedan adaptarse a una realidad en la que los horarios dependen, muchas veces, de la salud y las necesidades de sus hijos.

La familia también está construyendo su casa. Es un proyecto que avanza lentamente, entre cuentas y gastos que obligan a hacer malabares con los ingresos. Aun así, la obra sigue adelante y representa una meta que Elizabeth no quiere abandonar. “Estamos muy apretados en cuentas también, pero vamos avanzando de a poco”, relató.

En ese esfuerzo no hay grandes promesas ni soluciones inmediatas. Hay trabajo, ventas, ferias, trueques y la voluntad de aprovechar cada oportunidad. Hay una madre que intenta convertir lo poco que tiene en un paso más hacia una vida mejor para sus hijos.

Encontrarse con otras madres que comprenden

En medio de tantas responsabilidades, Elizabeth encontró un espacio que le permitió sentirse acompañada: un grupo de mujeres que también atraviesan distintas dificultades vinculadas con la crianza y la discapacidad de sus hijos. Compartir con ellas las ferias y las actividades de trueque fue mucho más que una alternativa para conseguir recursos. También le abrió la posibilidad de hablar, escuchar otras experiencias y descubrir que no está sola. “Integrarme a este grupo me fue de mucha ayuda. Poder no solo estar en lo que es el trueque con mamás, sino también charlar, compartir historias, comentar y saber que vos no sos la única que pasa esta situación”, contó. 

Entre esas mujeres hay experiencias diferentes, pero también preocupaciones que se parecen: la búsqueda de atención médica, las dificultades económicas, los trámites, el cansancio y el deseo de que sus hijos tengan las mismas oportunidades que los demás.

En ese espacio, Elizabeth encontró comprensión. No necesita explicar cada detalle de su realidad para que otra madre entienda lo que significa pasar por una situación difícil o tener que reorganizarlo todo ante una necesidad inesperada.

Saber que hay otras mujeres que viven circunstancias similares le permite compartir lo que siente, encontrar escucha y acompañar a quienes también necesitan una palabra de aliento. En una rutina que muchas veces parece no dar tregua, esa red se convierte en un lugar donde descansar emocionalmente, aunque sea por un momento.

Que sus hijos puedan valerse por sí mismos

Cuando Elizabeth piensa en el futuro, sus deseos están puestos en sus cuatro hijos. Como cualquier madre, sueña con verlos crecer, desarrollar sus capacidades y alcanzar la mayor autonomía posible. “Como toda mamá, el día de mañana poder que mis hijos puedan valerse de sí mismos, que ellos puedan afrontar y que puedan tener la ayuda también, ese acompañamiento”, expresó.

Su anhelo no se limita a que sus hijos estén bien dentro de su hogar. También quiere que encuentren una sociedad dispuesta a acompañarlos, que puedan acceder a los apoyos que necesitan y que sus derechos sean respetados. Porque, detrás de cada diagnóstico, hay chicos que tienen deseos, capacidades y un futuro por construir. Y detrás de cada madre que busca una prestación, solicita un turno o reclama atención, hay una familia que necesita respuestas.

Elizabeth sabe que ese camino no siempre es sencillo. Ha experimentado las dificultades y las puertas que se cierran cuando se busca ayuda. Por eso considera que hace falta un mayor acompañamiento, especialmente en el ámbito de la salud. “Sé que en esta época es difícil porque muchas veces hacen a un lado a los con discapacidad. Dicen que te acompañan, pero cuando a uno le toca, eso es difícil”, señaló. 

Su reclamo nace de la experiencia y de la preocupación por el mañana de sus hijos. No pide que el camino esté libre de dificultades, sino que existan oportunidades reales para que puedan desarrollarse y que las familias no tengan que enfrentar solas cada obstáculo.

Un mensaje para todas las madres en su día

En vísperas del Día de la Madre, Elizabeth también tiene unas palabras para las mujeres que, como ella, atraviesan momentos complicados mientras intentan sostener a sus familias. Su mensaje no está dirigido solamente a las madres que tienen hijos con discapacidad. Es para todas aquellas que sienten el peso de las responsabilidades, que se preocupan por llegar a fin de mes, que se cansan y que, aun así, encuentran motivos para volver a empezar.

“Feliz Día de la Madre a todas las mamás del mundo. Decirles que no bajen los brazos si están pasando por alguna situación y, sobre todo, que no están solas, que Dios nos sostiene a todas las mamás”, expresó.

La historia de Elizabeth no está hecha solamente de preocupaciones. También está construida con cada venta que consigue, cada avance de sus hijos, cada paso en la construcción de su casa y cada encuentro con otras mujeres que la ayudan a sentirse comprendida.

Es una historia de una maternidad que no siempre puede estar en todos lados, pero que busca estar presente de todas las maneras posibles. De una mujer que convive con sus propias dificultades auditivas mientras acompaña a sus hijos, que enfrenta las cuentas del hogar sin abandonar sus proyectos y que sueña con un futuro en el que sus chicos puedan vivir con más oportunidades y acompañamiento.

Este Día de la Madre la encuentra en ese mismo camino: trabajando, cuidando, buscando alternativas y confiando en que cada esfuerzo puede abrir una puerta.

Últimas noticias

PUBLICIDAD