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Vidal Podestá: "Mientras muchos miran Ezeiza, yo miro los cerros; la realidad depende de nosotros"

Lucas Vidal Podestá, abogado, presidente del Ateneo de la Sociedad Rural Argentina.

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Lucas Vidal Podestá, abogado salteño radicado en Buenos Aires y presidente del Ateneo de la Sociedad Rural Argentina, habló con El Tribuno sobre su vínculo con Salta, el campo, la producción y el rol de los jóvenes. También planteó la necesidad de recuperar el diálogo, fortalecer las instituciones y asumir responsabilidades para superar las divisiones del país.

En las últimas semanas el joven de 28 años que extraña andar a caballo por la zona de La Silleta se hizo viral en las redes sociales. Un video grabado durante una actividad del Ateneo en Formosa comenzó a circular en redes sociales y le valió el apodo de "Luquitas Viral Podestá".

¿Quién es Lucas Vidal?

Soy abogado, presidente del Ateneo de la Rural. Me hice viral por alguno que otro video, pero soy un salteño viviendo en Buenos Aires. Circunstancialmente, siempre el pago tira. Y gracias a Dios tengo la posibilidad de venir cada vez más seguido a Salta.

Me crié en Salta, viví hasta los 17 años y estuve ligado al campo, al folclore, a los caballos y a la naturaleza. Creo que lo lindo de Salta lo viví desde el minuto en que nací: soy fanático de los caballos, de los asados familiares, de ir a ordeñar con mis primos, que fueron mis primeros amigos.

Todo eso fue forjando mi personalidad y mi manera de ver el mundo y la realidad. Estoy agradecido a Dios por la familia en la que me tocó estar, porque me inculcaron valores que no negocio para nada: la verdad, el trabajo, despertarse temprano, valorar a la familia, valorar la palabra dada y cumplir con las obligaciones que uno tiene como ciudadano y como persona.

¿Cómo llegás a la Sociedad Rural?

La realidad es muy curiosa porque desde los 13 años quería estudiar abogacía. Mi abuelo es abogado, se dedicó a la carrera judicial, y yo siempre tenía esa vocación por la justicia: dar a cada uno lo suyo. Era algo que me apasionaba. Además, mis dos pasiones eran los caballos y la justicia.

Yo siempre decía: quiero ser criador de caballos peruanos y abogado. Gracias a Dios ahora lo estoy pudiendo hacer. Abogado ya soy y ahora tengo caballos peruanos, estoy haciendo la caballada, registrando todo. Estoy logrando el otro objetivo que me puse de niño.

Siempre quería dedicarme a la justicia. Lo veía a mi abuelo. Mi abuelo, tanto como mi padre, son los dos ejemplos de mi vida. Poder impartir justicia y, sobre todo, cuestiones básicas de respeto y demás. Entonces me fui a estudiar abogacía a Buenos Aires con la intención de eventualmente hacer la carrera judicial. Llegué a Buenos Aires acostumbrado a estar todos los fines de semana viviendo los cerros, salir a caballo y demás, y pasé a estar encerrado en cuatro paredes leyendo, leyendo, leyendo.

Dije: necesito el campo. No era como ahora, que vengo más seguido. Venía una vez al año a Salta, para las vacaciones de julio y de verano. Entonces me empecé a interesar en lo que hacía el Ateneo de la Sociedad Rural Argentina. Me encontré con un grupo y un equipo de gente y con una institución extraordinaria, donde empecé a tener esa formación que me faltaba para ver al campo como una herramienta y como un sector que colabora con la Argentina. Es decir, que comulga con los mismos valores con los que me criaron a mí.

También pude empezar a conocer gente que estaba en la misma posición que uno. Eran muchos chicos del interior que se iban a estudiar a Buenos Aires. Empezamos a recorrer campos, hacer reuniones, ver lo que era capaz de producir la soja, que acá en el Valle de Lerma no hay, o el tabaco, que allá no es para nada normal.

Uno contaba sus experiencias y también escuchaba lo que los otros chicos tenían para contar. Se armaban mesas y se siguen armando mesas de diálogo, charlas de formación y reuniones. Así fue como me fui metiendo cada vez más en la Sociedad Rural Argentina, en este grupo de jóvenes que cada vez me entusiasmó más.

¿Cómo ves al campo argentino y qué le está faltando?

Argentina es un país extraordinario. Creo que soy muy positivo. Tenemos todo, tenemos todo lo mejor. El otro día decía: lo mejor que tenemos somos los argentinos. ¿Y qué nos falta entonces? Ponernos de acuerdo. Hemos generado grietas, tantas grietas. Y, como dice Monseñor García Cuerva, lo que hay en la Argentina no es una grieta, lo que hay en la Argentina es una herida, y depende de nosotros sanarla. Entonces trabajemos todos para sanar esa herida y poder salir adelante.

El gesto del presidente de llevar a muchos gobernadores ahora a París también nos está mostrando algo. Creo que la Argentina está preparada para dar ese cambio ya. Es como que la gente ya se hartó de la división, se hartó de tener que encerrarse con llaves. Tenemos que estar orgullosos de lo que tenemos, de lo que somos. Volvamos a educar a la sociedad, a las bases.

"Lo que hay en la Argentina no es una grieta, es una herida, y depende de nosotros sanarla. Trabajemos todos para sanar y poder salir adelante".

Tenemos Vaca Muerta, petróleo, gas; acá en el norte, litio; también tenemos cobre, toda la producción ganadera, soja, tabaco, trigo, maíz, sorgo, economía del conocimiento, profesionales terribles, cinco premios Nobel. Pero tenemos más del 30% de pobreza, la inflación va ahí, el tipo de cambio también, el riesgo país nos corretea.

Creo que hay que hacer un Pacto de la Moncloa, pero para la Argentina. Ponernos de acuerdo, decir: discutamos, pero ¿cuál calle vamos a pavimentar? Llevemos la discusión a otro ámbito. Hay cosas elementales que creo que no hay que volver para atrás. Un tipo de cambio unificado, eso es básico para producir, para incentivar a la gente a que siga produciendo.

Como salteños, además, tenemos una geografía fantástica, tenemos todos los climas, todas las producciones, gente recontra capacitada, gente sumamente preparada para los desafíos que se vienen y que ya los estamos empezando a ver con el tema de la minería.

¿Qué importancia tienen los ramales C14 y C15 para Salta?

Es algo fundamental. Yo no entiendo, ya que estamos con todo este envión de volver a que toda nuestra producción salga por la manera más eficiente, que es por las vías del tren, y barata, claro, ¿cómo vamos a dejar afuera estos dos ramales que son tan importantes para nosotros, para los salteños?

Sobre todo porque tenemos unas rutas que no nos están beneficiando para nada. Entonces, aprovechemos y todas las personas que puedan tratar de cambiar esta realidad con respecto a estos ramales, que lo hagan, porque lo que le va a devolver a la producción en el campo y la minería es enorme.

Tomando lo de la grieta que se hace herida ¿cómo ves a los jóvenes?

En mi camada de jóvenes la herida cada vez es más chica, porque nosotros desde el Ateneo nos juntamos con todo el mundo, con los chicos de todos los partidos políticos y jamás les pregunto. No tratamos de confrontar, tratamos de unir, de mostrar lo que tenemos, de que ellos conozcan nuestras opiniones y nosotros conocer las de ellos.

Soy muy amigo de Laureano Bielsa, por ejemplo, con quien a veces no pensamos lo mismo, pero tenemos algo en común. Bueno, eso: buscar las coincidencias, me parece. Todo argentino lo tiene, que es salir adelante, tener un mejor país, despertar en un mundo mejor, en una Argentina mejor, en una Argentina unida, próspera. Tenemos todo.

Te juro, me dan ganas de hacer algo, te digo, porque esto es así y lo veo. Siento que la gente está dispuesta a eso y, sobre todo, hay muchos más chicos que se están comprometiendo, que lo que se comprometieron nuestros padres para dar los cambios.

Soy muy optimista en ese sentido. Se vienen grandes años para la Argentina, es una oportunidad histórica. Hay que meterle para adelante, pero siempre desde el respeto. De volver un poco a dejar lo que nos han impuesto, capaz que tenés que pelear y confrontar.

No dejemos de lado eso y sigamos las recetas que nos hicieron bien. Que las elecciones, por ejemplo, sean una oportunidad de mejora y de diálogo para que salgan mejores ideas. Atacar, atacar, atacar. No, al contrario: sentarse, dialogar, pensar en cosas más grandes que uno.

Por eso soy tan insistente en que la gente se involucre en las instituciones. Instituciones de cualquier ámbito: en el club, en la iglesia, en los barrios, en los colegios profesionales para los profesionales, en las instituciones como la Rural, como la Unión Industrial, las cámaras de la producción y demás.

Creo que eso es fantástico y es algo que tenemos que, desde chicos incluso, ya empezar a inculcar: el sentido del deber cívico. A mí me gusta mucho seguirlo a Santiago Kovadloff y decía hace unos años: somos analfabetos cívicos. Eso a mí me caló hondísimo para decir: estamos perdiendo el civismo.

¿Te ves en política, en un partido, militando? ¿En Buenos Aires o en Salta?

El hombre es político por naturaleza. La política es para mi, entendida bien, como esa herramienta de transformación, de poder cambiar el entorno, de poder salir adelante, de decir: hay lugar siempre para uno más, escuchemos la opinión del otro, todos tienen para aportar, veamos cuál es la mejor alternativa.

Entonces yo creo que falta más política bien entendida. Y la política para mí no viene de la mano de un cargo público. Viene de decir: yo me hago cargo de la realidad en la que vivo, de mi barrio, de mi cuadra. Creo que esa es la política que vale la pena y que no la tengo que ejercer yo, la tiene que ejercer cada uno de los que vivimos en este suelo.

Mucha gente, en momentos de desesperación, dice: no, yo me voy a Ezeiza, me voy a vivir a Australia. No, muchachos. Nosotros tenemos los cerros. Mientras muchos miran Ezeiza, yo miro los cerros, porque ahí es donde encuentro a todos los próceres que pasaron por esta patria, que la hicieron grande y que depende 100% de nosotros mantenerla y seguir haciéndola grande.

Ojalá todos entiendan que la realidad depende de nosotros. Los chicos de Guachipas, de La Silleta, donde yo voy un poco más seguido, entiendan que si quieren cambiar algo, la solución no va a venir del intendente, del gobernador o del diputado. Va a venir de la misma sociedad que diga: queremos cambiar esto.

Por ejemplo, queremos tener una ciudad limpia: la limpiemos nosotros, no la ensuciemos, la cuidemos, respetemos, no hagamos grafitis. Entonces va a depender de nosotros. Estoy cansado de que toda la gente le eche la culpa a la política.

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