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El Colegio Secundario N.º 5080 Dr. Manuel A. de Castro, conocido históricamente como el Ex Nacional de Salta, se convirtió en un espacio para viajar por el universo sin salir de las aulas. En el marco de la Semana Mundial del Espacio, la institución realizó una muestra de astronomía que reunió proyectos científicos, propuestas artísticas y experiencias interactivas elaboradas por estudiantes de primero a quinto año de los turnos mañana, tarde y noche.
En diálogo con El Tribuno, la directora del establecimiento, Claudia Perrone, explicó que la exposición es el resultado del trabajo desarrollado durante todo el año y de una propuesta institucional que busca abordar la astronomía desde distintas áreas del conocimiento.
“Es el resultado del trabajo de todo el año de los estudiantes, sobre el tema astronomía, que se hizo transversal en esta institución porque nosotros poseemos el observatorio del colegio”, señaló Perrone.
La iniciativa, institucionalizada el año pasado, convocó a estudiantes de todos los cursos, con proyectos que integraron contenidos de diferentes espacios curriculares. La muestra también permitió poner en común las distintas orientaciones de la institución, entre ellas Ciencias Naturales, Humanidades y las disciplinas artísticas.
Una experiencia interactiva para viajar por el sistema solar
Desde el ingreso, la creatividad de los estudiantes se hizo visible con una ambientación inspirada en el espacio. Entre las propuestas se destacó una cabina del sistema solar, donde los visitantes podían colocarse auriculares y escuchar sonidos vinculados con los planetas.
Tiago, uno de los estudiantes que participó de la iniciativa, explicó de qué se trataba la experiencia: “Es la cabina del sistema solar”. Allí, según detalló, los visitantes podían escuchar sonidos de Venus, Mercurio y la Tierra, en una propuesta pensada para acercar la astronomía de una manera diferente.
Los proyectos también incluyeron explicaciones sobre el funcionamiento de los telescopios, representaciones del sistema solar y diferentes instalaciones diseñadas para acercar la ciencia al público de una manera didáctica.
Un pequeño universo creado con materiales reciclados
Una de las propuestas artísticas fue Un pequeño universo, una instalación que combinó planetas, iluminación y música para recrear un ambiente espacial. Los alumnos elaboraron representaciones de los cuerpos celestes con globos, pegamento, servilletas, cartón y otros materiales.
El trabajo llevó aproximadamente dos semanas de preparación y fue realizado de manera colectiva, con el acompañamiento de las docentes.
“Nos llevó alrededor de dos semanas”, contó una de las estudiantes que participó de la producción, al explicar el tiempo que demandó elaborar los distintos elementos de la instalación.
Para construir las superficies de los planetas y de la Luna, utilizaron técnicas de cartapesta, mediante capas de papel reciclado y cola vinílica que permitieron generar relieves y cráteres.
La propuesta estuvo vinculada con el arte y la luz, pero también con la reutilización de materiales. Daniela Echenique docente vinculada con el proyecto, explicó que el objetivo era que los chicos pudieran recrear el espacio a través de distintos efectos y reinventar objetos con materiales descartados.
“De eso se trata, de que los chicos puedan reinventar ciertos objetos con materiales desechados”, destacó durante el recorrido.
La instalación sumó, además, una instancia participativa: los visitantes recibían pequeñas estrellas para incorporarlas a la obra. De esta manera, el público no solo observaba la producción de los estudiantes, sino que también pasaba a formar parte de ella.
La experiencia buscó generar una sensación de inmersión, con iluminación y música que acompañaban el recorrido. La propuesta artística se montaba y desmontaba durante la jornada, por lo que cada visitante podía intervenir en una obra colectiva y efímera.
¿Es posible vivir en Marte? Los estudiantes investigaron los desafíos de la vida fuera de la Tierra
Uno de los proyectos que despertó interés fue el dedicado a investigar si sería posible desarrollar condiciones de vida en Marte. A partir de preguntas sobre la exploración del planeta rojo, los alumnos organizaron el trabajo en diferentes áreas, con tareas vinculadas con la geología, la biología, la ingeniería y la química.
Sofía, una de las estudiantes que explicó el proyecto, contó que la investigación surgió a partir de una película que despertó la curiosidad del grupo.
“Nos pusimos a pensar si es posible que haya vida en Marte y, en base a eso, hicimos un test vocacional donde nos separamos en un biólogo, químicos y así empezamos a trabajar en esto”, relató.
El trabajo incluyó experimentos para explorar la posibilidad de obtener recursos esenciales para una futura misión, como agua y oxígeno, además de una carpeta de investigación sobre minería espacial.
Cómo obtener agua en un ambiente marciano
En el área de geología, Ana Coronel explicó uno de los experimentos desarrollados por el grupo: un sistema de filtración pensado para representar los desafíos que implicaría tratar agua en Marte.
“En el suelo de Marte, la superficie se llama regolito”, explicó la estudiante, al describir las características del material que cubre buena parte del planeta rojo.
También señaló que el proyecto contempló la presencia de percloratos, sustancias que pueden resultar tóxicas para los seres humanos.
“Nosotros hicimos esta filtración para filtrar esas sustancias tóxicas”, contó Ana, mientras mostraba el dispositivo elaborado con capas de piedras, arena, tierra, carbón activado y algodón.
La experiencia buscó representar cómo podría desarrollarse un proceso de tratamiento del agua para su eventual utilización en un invernadero espacial. El modelo tuvo un propósito didáctico y permitió a los estudiantes relacionar conceptos de geología, química y cuidado de los recursos. No obstante, la potabilización efectiva del agua requiere análisis y tratamientos específicos.
¿Qué plantas podrían crecer en Marte?
La biología fue otra de las áreas centrales del proyecto. Juliana, integrante del equipo, explicó que su investigación se concentró en la posibilidad de cultivar plantas en un entorno como Marte.
“Lo que hacemos es preguntarnos si podemos llevar plantas a Marte”, señaló.
La estudiante explicó que el grupo pensó en la instalación de un invernadero con iluminación artificial y condiciones controladas para favorecer el crecimiento de los cultivos.
“Las plantas que podemos llevar no tienen que ser ni tan grandes ni tan chicas. Tienen que ocupar menos agua y menos luz”, detalló.
Entre las alternativas mencionó la papa, el tomate y la lechuga, por su posible utilidad como alimentos. La propuesta permitió analizar cómo factores como el consumo de agua, la iluminación y el espacio disponible podrían condicionar la producción de alimentos durante una misión espacial.
Un experimento para explicar cómo obtener oxígeno
Sol Martínez, quien asumió el rol de química dentro del proyecto, explicó el funcionamiento de la electrólisis, un proceso que permite separar el agua en hidrógeno y oxígeno mediante electricidad.
“Yo me voy a encargar de ver si podemos encontrar oxígeno en Marte”, contó al presentar su parte de la investigación.
La estudiante explicó que el oxígeno sería fundamental para la respiración de los astronautas, mientras que el hidrógeno podría aprovecharse como combustible en determinadas tecnologías.
“Lo que hacemos acá es un mini experimento para demostrar cómo sería la electrólisis”, señaló mientras mostraba el montaje preparado por el equipo.
A través de esta experiencia, los alumnos buscaron demostrar cómo los conocimientos de química pueden vincularse con los desafíos tecnológicos de la exploración espacial y la necesidad de aprovechar los recursos disponibles.
Los efectos del espacio sobre el cuerpo humano
La muestra también abordó las consecuencias que los viajes espaciales pueden tener sobre el organismo. Entre los temas trabajados apareció la pérdida de masa ósea que pueden experimentar los astronautas durante estadías prolongadas en microgravedad.
Los estudiantes explicaron que, en el espacio, la disminución de la carga mecánica sobre los huesos puede favorecer su debilitamiento y que los astronautas necesitan medidas específicas para preservar su salud.
El proyecto incluyó información sobre las células que intervienen en la formación y el mantenimiento del tejido óseo, así como sobre la importancia de la actividad física para reducir los efectos de la permanencia en microgravedad.
De esta manera, la astronomía se conectó con la biología humana y la medicina espacial, dos áreas fundamentales para estudiar cómo responde el cuerpo durante las misiones de larga duración.
¿Qué comen los astronautas? La alimentación también llegó a la muestra
Otro de los proyectos llevó por nombre El despegue a la nutrición y se concentró en la alimentación de quienes viajan al espacio.
Uno de los estudiantes explicó que la investigación buscaba conocer cómo se alimentan los astronautas y cuáles fueron las dificultades que debieron resolverse para transportar y conservar la comida durante las misiones.
“Este tema ha sido muy complicado a lo largo del tiempo porque se trató de buscar varias formas en las cuales enviar comida a los astronautas sin que esta se desintegrara o terminara echándose a perder”, explicó durante la presentación.
El trabajo permitió abordar la evolución de los alimentos espaciales y los desafíos que supone garantizar una nutrición adecuada en condiciones diferentes a las de la Tierra.
La propuesta sumó así una mirada cotidiana a la exploración espacial: además de desarrollar cohetes y tecnologías para viajar a otros planetas, es necesario resolver cómo alimentar, cuidar y mantener con vida a las personas durante esas travesías.
Aprender haciendo: ciencia, creatividad y trabajo en equipo
La muestra reflejó el trabajo colectivo de los estudiantes del Colegio Secundario N.º 5080 Dr. Manuel A. de Castro y el vínculo entre los contenidos escolares y las preguntas que despierta el universo. A través de maquetas, experimentos, instalaciones lumínicas y explicaciones científicas, los alumnos asumieron el desafío de investigar, elaborar materiales y comunicar sus conocimientos a quienes recorrieron la exposición.
Desde la cabina del sistema solar hasta los experimentos sobre Marte, cada propuesta ofreció una forma distinta de acercarse a la astronomía. El arte, la química, la biología, la geología y la tecnología se combinaron para demostrar que la exploración del universo requiere conocimientos de múltiples disciplinas.
Con el observatorio como parte de su identidad institucional, el Ex Nacional volvió a poner la astronomía en el centro de una actividad educativa que invita a mirar más allá de la Tierra, despertar la curiosidad y comprender que muchas de las grandes preguntas científicas pueden comenzar en el aula.