inicia sesión o regístrate.
La primera cita tuvo un obstáculo que ninguno había previsto: no hablaban un idioma en común. Julián pensaba que Anna sabía más español y ella creía que podrían conversar en inglés. Se habían contactado a través de una aplicación de intercambio de idiomas, pero recién al encontrarse en el centro de Málaga descubrieron el malentendido. Necesitaron un traductor y, sobre todo, ganas de conocerse. Esa conversación fue el comienzo de una relación que atravesó distancias, trámites, viajes y un invierno ruso.
Hoy están casados, comparten su vida en las redes sociales y preparan un recorrido que los traerá por primera vez al norte argentino. Anna Ivanova y Julián Greco, conocidos como la pareja “argenrusa”, conversaron con Tal Cual, el programa de streaming de El Tribuno, sobre su historia de amor, las diferencias culturales que descubrieron al convivir y el proyecto de mostrar una Argentina que vaya más allá de Buenos Aires.
El itinerario que preparan incluye Tucumán, Salta y Jujuy. En territorio salteño quieren visitar Cafayate, degustar sus vinos, conocer Cachi y recorrer la capital. También tienen pensado organizar una reunión con sus seguidores, una experiencia que ya realizaron en Buenos Aires y que buscan repetir en las provincias.
Para Anna será otra oportunidad de acercarse a las comidas, los paisajes y las costumbres de un país que recién empieza a conocer. Para Julián, nacido en Mar del Plata, también será un descubrimiento: aunque vivió en distintos lugares del mundo, todavía no visitó el norte argentino.
“Yo conozco más, lamentablemente, lugares fuera de Argentina que dentro de Argentina”, reconoció durante la charla. El viaje tiene así una doble búsqueda: compartir con su esposa el país del que tanto le habló y conocerlo él mismo con mayor profundidad.
Primera cita
Cuando se encontraron, Julián estaba viviendo en Málaga y Anna había llegado a esa ciudad española como turista. El contacto a través de la aplicación los había acercado, pero la conversación cara a cara dejó en evidencia que comunicarse iba a requerir más esfuerzo del que imaginaban.
El traductor ayudó a resolver las primeras dificultades. La predisposición de los dos hizo el resto. “Sentíamos siempre que nos conocíamos de hace mucho tiempo”, recordó Julián sobre aquellos encuentros.
Anna contó que la relación le dio un motivo concreto para aprender español. Los audios que él le enviaba se convirtieron en una ayuda para familiarizarse con el idioma y, según relató, en un mes logró avanzar en su aprendizaje. Durante la entrevista, pudo contar sus experiencias y bromear sobre las costumbres argentinas que incorporó desde entonces.
Después de ese primer acercamiento llegó una etapa a distancia. Anna regresó a Rusia y Julián viajó a Nueva Zelanda para trabajar con su hermano. El plan inicial era quedarse un año y medio, pero la experiencia terminó a los seis meses.
“La extrañaba y no me terminó de convencer Nueva Zelanda”, explicó. Entonces regresó a España y la pareja comenzó a evaluar cómo dar el siguiente paso.
Julián contó que quería casarse por civil para facilitar los viajes de Anna. Según su testimonio, ella había atravesado situaciones de discriminación y dificultades para ingresar a algunos países por su nacionalidad, en el contexto del conflicto bélico. Sin embargo, los trámites en España complicaron el proyecto.
Las opciones quedaron reducidas a dos destinos: Argentina o Rusia. Finalmente eligieron el país de Anna, donde podrían estar cerca de sus padres y Julián tendría la posibilidad de conocer mejor a su familia. Allí se casaron y vivieron durante nueve meses.
Otra familia
La llegada a Rusia puso a Julián frente a una experiencia muy distinta de las que había tenido hasta entonces. Al idioma que desconocía se sumaron el clima, las comidas y una vida cotidiana que lo obligó a revisar algunas de sus ideas previas.
Reconoció que había viajado con prejuicios sobre el país y sus habitantes. Sin embargo, aseguró que lo que encontró modificó esa mirada y que guarda recuerdos muy positivos de aquella etapa.
“De las mejores experiencias de mi vida”, dijo al describir su estadía. El vínculo con los padres de Anna fue parte central de esa experiencia. Tanto que, al hablar de la posibilidad de regresar, explicó que siente que también tiene una familia en Rusia.
La comunicación con sus suegros todavía requiere ayuda. Julián contó que conoce palabras y frases de uso cotidiano, aunque no domina el idioma. Anna ocupa entonces un lugar indispensable: traduce las conversaciones entre su marido y sus padres.
La cocina se convirtió en otro puente. A Julián le gusta cocinar y encontró ese mismo interés en la familia de su esposa. Entre preparaciones y comidas compartidas pudieron construir una relación que también se hizo visible en los videos que publican.
Las recetas argentinas tuvieron su lugar en esa convivencia. Prepararon locro para el 25 de Mayo, hicieron asados y cocinaron empanadas salteñas con salsa de tomate y ají. Según contó Julián, a su suegro le gustaron especialmente y sus apariciones en el canal lo convirtieron en una figura querida por los seguidores.
Bajo cero
El invierno fue uno de los grandes cambios para Julián. Acostumbrado a vivir cerca del mar, encontró en la nieve una novedad que lo entusiasmó. Anna, en cambio, había convivido con ella toda su vida y se sorprendía al verlo disfrutar tanto.
“Yo soy de Mar del Plata. Toda mi vida viví en lugares de playa”, explicó él. Después de tantos años en ese paisaje, quería conocer la nieve y las montañas.
Pero hubo un aspecto del invierno al que le costó más adaptarse: las pocas horas de luz. Contó que oscurecía alrededor de las 15.30 y que esa modificación alteraba su percepción de los horarios.
“Yo sentía que tenía que cenar e irme a dormir y faltaba vivir todo el día”, recordó. La noche llegaba cuando todavía quedaban actividades por hacer y acostumbrarse a ese ritmo le llevó tiempo.
El frío también dejó anécdotas que hoy cuentan con humor. Una de ellas fue un asado que hicieron a 25 grados bajo cero. Julián recordó que la carne se enfriaba rápidamente una vez servida.
Otra experiencia lo llevó al río Volga, donde participó de una inmersión invernal. Primero observó a quienes entraban al agua y dudó sobre si animarse. Finalmente se metió con la camiseta argentina puesta.
Anna recordó que salió con ganas de repetir la experiencia. Para Julián fue uno de esos momentos que resumen lo que buscaba en sus viajes: conocer prácticas distintas y participar de ellas.
La gastronomía rusa también le permitió probar sabores nuevos. Durante la entrevista mencionó, entre otras comidas, un salamín de oso y carne de caballo. Cada experiencia se incorporó al relato que comparten en sus redes, donde combinan las diferencias culturales con escenas de convivencia y humor.
Vida compartida
El proyecto de crear contenido no empezó en español. Al principio publicaban para personas de habla rusa, pero pronto encontraron una dificultad: Julián no manejaba el idioma y eso limitaba la participación de ambos.
Decidieron entonces cambiar de rumbo. Empezaron con YouTube en español y después sumaron otras plataformas. Con el crecimiento de la comunidad, comenzaron a dedicarle más tiempo al proyecto y a pensarlo como una actividad laboral.
“Es muy familiar, lo ven familias enteras, parejas; lo puede ver cualquier persona”, explicó Julián sobre sus publicaciones. Los viajes ocupan un lugar importante, pero también las comidas, las conversaciones y las situaciones que aparecen al compartir la vida entre dos culturas.
La participación de los padres de Anna les permitió sumar escenas de la vida familiar en Rusia. Cocinar un plato argentino o intentar entenderse sin hablar el mismo idioma se convirtió en parte de ese contenido.
Ahora están enfocados en las redes y realizan colaboraciones vinculadas con gastronomía, excursiones y alojamientos. Anna, además, mantiene un trabajo en marketing para una empresa rusa relacionada con la enseñanza del español a personas de habla rusa.
Se definen como una pareja internacional y viajera. Esa identidad reúne tanto la historia que los acercó como la actividad que construyen juntos.
Volver distinto
El regreso a Argentina tuvo para Julián una carga personal: llevaba cuatro años y medio sin volver. Quería reencontrarse con sus familiares y amigos, y que Anna pudiera conocerlos.
También quería mostrarle el país. Durante su experiencia en el exterior, advirtió que muchas veces la imagen de los argentinos queda asociada casi exclusivamente con Buenos Aires y con la manera de hablar de los porteños.
“Argentina no es solo Buenos Aires”, afirmó. Por eso insiste en recorrer las provincias y mostrar sus diferencias: los acentos, las comidas, las festividades y las costumbres de cada lugar.
Hasta el momento de la entrevista habían visitado Mar del Plata, Buenos Aires, Tigre, Pinamar y Tandil. En la ciudad de Buenos Aires también organizaron una reunión con seguidores en el Planetario.
Tandil fue uno de los destinos que más disfrutaron. Anna recordó especialmente que allí vio carpinchos por primera vez. La naturaleza y los animales aparecen entre las cosas que más le llaman la atención durante este recorrido.
La diversidad entre los lugares que conoció también la sorprendió. Contó que empezó a percibir cambios en la gastronomía, la cultura y las maneras de hablar, y que quiere seguir descubriendo esas diferencias durante el viaje al norte.
Nuevas costumbres
El acercamiento de Anna a la Argentina empezó mucho antes de llegar al país. En los primeros días de la relación probó dulce de leche y también conoció el fernet con cola, una bebida que le gustó desde el comienzo.
Durante la charla comparó su sabor con el de un preparado para la garganta que conocía de Rusia. La observación provocó risas y abrió una conversación sobre los hábitos argentinos que fue incorporando.
Con el mate continúa en etapa de exploración. Contó que prueba distintas yerbas para encontrar la que más le guste. Pero lo que ya disfruta es la costumbre de compartirlo.
Describió una escena sencilla: ir a la playa con algún familiar, llevar facturas, tomar unos mates y mirar el mar. Esa manera de pasar el tiempo juntos se convirtió en una de las experiencias que más valora de su estadía.
El fútbol fue otro descubrimiento. Anna destacó la pasión con la que los argentinos viven los partidos y la presencia de los colores y las camisetas en las calles. El paseo por La Boca le permitió observar de cerca ese vínculo.
Julián también le mostró videos de los festejos por el Mundial. A ella le llamó la atención la cantidad de personas reunidas y la intensidad con la que celebraban.
Los nombres de Messi y Maradona, contaron, aparecen incluso en situaciones cotidianas lejos de Argentina. Anna recordó que, durante un trámite en Rusia, la nacionalidad de Julián alcanzó para que la persona que los atendía mencionara a los dos futbolistas.
Rumbo norte
El siguiente tramo del recorrido los llevará por Tucumán, Salta y Jujuy. Según explicaron en Tal Cual, al momento de la conversación proyectaban iniciar ese viaje en unas dos semanas y media o tres.
En Salta quieren combinar paisajes y gastronomía. Cafayate aparece entre las paradas previstas, con interés particular en conocer sus vinos. Julián señaló que en los supermercados que habían visitado encontraba sobre todo etiquetas mendocinas y que le parecía interesante mostrar también la producción salteña.
Cachi y la capital provincial forman parte del itinerario. En la ciudad de Salta, además, planean encontrarse con quienes siguen sus publicaciones. Todavía no anunciaron durante la entrevista una fecha o un lugar para esa reunión.
Las empanadas salteñas son otra expectativa compartida. Aunque ya las prepararon en Rusia, ahora quieren probarlas en su lugar de origen. Anna también espera encontrar un poncho para llevarse como recuerdo.
Después del recorrido, los planes siguen abiertos. No decidieron dónde quieren establecerse y consideran la posibilidad de regresar por un tiempo a Rusia para continuar con sus videos y conocer nuevos destinos.
Por ahora, la próxima experiencia será compartida desde el primer momento: ninguno conoce el norte argentino. Anna llegará para descubrir otra parte del país de su marido y Julián para recorrer una región de la que todavía solo puede hablar por lo que le contaron.