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Cerrillos, origen del culto a San José y el enfrentamiento por las imágenes

En 1937 se resolvió comprar un San José de cerámica para reemplazar al que se había quemado el año anterior.
Domingo, 22 de marzo de 2026 01:53
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Hoy el pueblo de Cerrillos renueva su devoción por San José. Una historia que comenzó a fines del siglo XVIII, cuando don José Iradis erigió una capilla en honor a su santo patrono. Levantó aquel modesto templete en tierras que había adquirido a los Hidalgo de Montemayor, feudatarios de la zona de los Cerrillos desde las expulsión de los Jesuitas en 1767. Con el tiempo, la capilla, el agua conducida desde la quebrada del Toro y el camino real, se transformaron en los elementos aglutinantes que dieron lugar al nacimiento espontaneo del pueblo.

A la muerte de José Iradis, ocurrida también a fines del siglo XVIII, su esposa doña Isabel Díaz Zambrano vendió la propiedad a Antonio de Agueda pero reservando, por mandato testamentario, la fracción que ocupaba la casona familiar, la capilla y predios aledaños. El acto se cumplió en la parroquia de Rosario de los Cerrillos (Rosario de Lerma) en el año 1800. Esto permite deducir que los cultos a San José comenzaron en Cerrillos entre fines del siglo XVIII y 1800, es decir hace unos 230 años.

Origen del culto

Según la tradición oral transmitida por el desaparecido P. Angel Peralta (expárroco) y por la licenciada Angela Ruiz, don José Iradis era un fuerte hacendado de Los Cerrillos que cada tanto viajaba al Alto Perú. Trasponía la cordillera con arreos de vacunos y equinos y mercancías. Y así fue que una vez, cruzando la cordillera en caravana, fue sorprendido por el temible viento blanco. Como buen baqueano, don José siempre tomaba la precaución de marchar por sendas donde los cerros en casos de tormentas de nieve podían ofrecerle buen resguardo. Pero esta vez, la sorpresiva tempestad no le dio tiempo casi a nada pues de un momento a otro la caravana quedó en medio de las tinieblas blancas obligando a marchar a ciegas, mientras la nieve que se acumulaba rápidamente, amenazaba sepultar todo. Fue entonces que Iradis, patrón de la tropa, se encomendó a su santo de pila, San José, pidiéndole auxilio y protección para él y su gente y prometiéndole que si lograban salvar sus pellejos, no bien estuviesen de regreso en su casa de Los Cerrillos, de inmediato erigiría una capilla en su honor.

Y mientras la tormenta de viento y nieve arreciaba cada vez con más fuerza, don José y su gente, echando mano a la experiencia, casi a tientas, dieron con uno de los cobijos que la cordillera ofrece a los caminantes. Y así fue que gracias a ese socavón, grande como templo, los extraviados lograron salvar sus vidas, considerando que ello no había sido fruto de la casualidad sino un milagro de San José. De modos que cuando regresaron sanos y salvos a Cerrillos, Iradis se dio a la tarea de erigir el oratorio prometido y celebrar todos los años el Patrocinio de su santo. Todo esto en el mismo sitio donde hoy se encuentra la tercera o cuarta iglesia del pueblo. Años después, en los predios aledaños ya donados por su esposa, se trazó la plaza, se levantaron sucesivas capillas e iglesias, se construyeron las casas municipal y parroquial, la comisaría y el primer cementerio donde según algunas versiones, se habría sepultado al Dr. Joseph Redhead, médico de Güemes y Belgrano.

Y en el extremo oeste de estas construcciones, estaba la sala o casona del siglo XVIII propiedad de don José Iradis, demolida a mediados de los años de 1960, cuando la familia Lérida aun era su propietaria. Fue sin duda una casa histórica que entre los siglos XIX y XX alojó la primera escuela del pueblo (hoy "Gobernador Manuel Solá"), y más tarde, entre los años 40 y 50, sirvió para que el griego Aristóteles Onasis acopiara el tabaco que exportaba a Grecia.

Patrocinio

Hasta fines de los años 50 del siglo pasado, en Cerrillos se celebraba el "Patrocinio de San José", fiesta iniciada en 1679 por el carmelita descalzo Juan de la Concepción, en Cataluña, España, y que fue ratificada por Pío IX "Nono", el 10 de septiembre de 1847. Esta festividad se realizaba el tercer domingo después de la Pascua de Resurrección. De ahí que el 15 de abril de 1951, día del Patrocinio de San José de aquel año, se instaló en la Gruta del cerro homónimo, la imagen del Santo Patrono, previa procesión de antorchas.

Recordemos entonces que "patrocinio" viene del latín "patrocinium" que significa auxilio, amparo o protección, justamente lo que don José Iradis le había pedido a San José cuando su accidentada travesía por la cordillera. Y también lo que en 1951 las autoridades locales le solicitaron al mismo Santo: amparo y protección para el pueblo de Cerrillos.

Avatares de San José

La vida que los santos llevan en los pueblos a veces no es tan tranquila como se cree, y al parecer mucho menos en Cerrillos. Hace unos años contamos en esta misma columna, de cuando San José, para su Patrocinio de 1937, se quemó faltando pocas horas para que saliera en procesión por las calles del pueblo. Luego de este episodio, el cura párroco y la Comisión de Damas que presidia doña Ernestina Peralta de Macaferri, resolvieron hacer arreglar la imagen quemada y organizar una colecta para adquirir un nuevo San José. Así fue que por vía postal se consiguió de Buenos Aires catálogos con varias imágenes del santo. Las había de vestir, de madera tallada y de cerámica. Y ya con las ofertas a mano, el cura y la Comisión se dieron a la tarea de elegir la nueva imagen a comprar. Un grupo quería que solo se arreglara el "Quemadito" y seguir con la misma imagen, mientras que el resto, entre ellos el cura, deseaba que se comprara un santo menos inflamable como por ejemplo, uno de cerámica. Al final, se pusieron de acuerdo en reparar al "Quemadito" y comprar en Buenos Aires el de material. Y así fue que mientras el ardido fue a parar para su arreglo al taller de "La Luciérnaga", en Buenos Aires se compró el nuevo santo de material que, según se repetía por doquier, era una "belleza". Por fin, se dispuso que una comisión especial sería la encargada de recibir en la estación local al incombustible San José.

A partir de entonces, el párroco no dejó de brindar en cada misa detalles de cómo iban los trámites en Buenos Aires con la nueva imagen.

Y así fue que un domingo en misa de once, el P. Peralta, desde lo alto del púlpito anunció jubilosamente que el nuevo santo ya estaba en viaje y que arribaría para tal día, fecha que lamentablemente nadie recuerda. Y ya que estaba, ahí nomas aprovechó para volver a invitar a los feligreses para que asistieran a la estación de trenes para dar la bienvenida al santo, portando flores y banderillas en señal de júbilo y regocijo.

Y como no hay tiento que no se corte ni tiempo que no se cumpla, un buen día el tren llegó "pitiando" insistentemente desde la curva de Saravia. Así anunciaba que por fin llegaba con San José a cuesta. Demás está decir que la estación estaba repleta de gente. Ahí estaban la Comisión Parroquial, el intendente, el comisario, el director de la escuela, los jefes de Estación, de Correo y el Registro Civil, comerciantes y agricultores. Pero pese a que había mucha gente, el cura, con ojo de buen cubero, notó pronto que no era la cantidad que él esperaba. Patente estaba que la gente más sencilla del pueblo y la "pionada" como decían, en su mayoría no había asistido. No dijo nada, pero para él era un detalle a tener en cuenta. Y como no le quedaba otra cosa por hacer, anunció a los cuatro vientos la fecha de bendición de la nueva imagen. Y otra vez, anuncios e invitaciones para tan solemne ceremonia y donde pensaba tirar la casa por la ventana.

La historia del "quemadito" en Cerrillos 

Y llegado el día de la bendición, la iglesia y el campanario lucían completamente adornados con los clásicos colores festivos. Desde las seis de la mañana comenzaron las salvas de bombas y los repiques de campanas, que se repitieron una y otra vez marcando el clima de celebración. Sin embargo, cuando se inició la ceremonia, el cura recorrió el templo con la mirada y volvió a notar la ausencia de personas que solían estar presentes. Había fieles, pero no la concurrencia de otras ocasiones, pese a que, como se decía en el pueblo, se había puesto "toda la carne en el asador".

Dos días después, el padre Peralta reunió a la Comisión Parroquial y fue directo: la nueva imagen de San José no tenía aceptación en el pueblo. Según advirtió, incluso había versiones de que, si salía en procesión, podía ser apedreada. "La gente solo quiere al 'quemadito'", afirmó, en referencia a la antigua imagen. El planteo dejó en silencio a los presentes, que sabían del conocimiento que el sacerdote tenía sobre el pulso social de la comunidad.

Tras esa reunión, la nueva imagen -hecha de un material menos inflamable- fue relegada a un nicho superior del altar mayor. Con los años, sería trasladada a un pequeño altar en "Palo Marcado", a la vera de la ruta nacional 68, donde volvió a generar conflicto cuando Vialidad Nacional advirtió que la ermita invadía el camino y debía ser retirada.

La reacción vecinal fue inmediata: habitantes de Villa Balcón y barrio Inta se opusieron a cualquier intento de remoción y advirtieron que resistirían la medida. Ante esa situación, el organismo nacional desistió de avanzar, y el santuario permaneció en el lugar, consolidando su valor simbólico para la comunidad.

 

 

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