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“Pierden la capacidad de disfrutar la vida cotidiana”: el fuerte diagnóstico sobre adolescentes y pantallas

En diálogo con El Tribuno, la licenciada en Comunicación y autora de “Querido adolescente, no es tu culpa” analiza los riesgos invisibles del uso excesivo de pantallas en niños y jóvenes. Desde adicciones hasta problemas de salud mental, advierte sobre un fenómeno que atraviesa todas las clases sociales y llama a los adultos a involucrarse con urgencia.
Sabado, 25 de abril de 2026 15:39
Soledad Gutiérrez Eguía, licenciada en Comunicación, referente en acción social y autora del libro “Querido adolescente, no es tu culpa”
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La problemática del uso excesivo de pantallas en adolescentes dejó de ser una preocupación aislada para convertirse en un fenómeno global que también golpea con fuerza en Salta. Amenazas vinculadas a retos virales, casos de ciberacoso y un creciente deterioro en la salud mental juvenil encendieron alarmas en distintos sectores. En este contexto, la voz de Soledad Gutiérrez Eguía, licenciada en Comunicación, referente en acción social y autora del libro “Querido adolescente, no es tu culpa”, aporta una mirada profunda, basada en la experiencia y en evidencia científica.

“Después de la pandemia empezamos a notar estragos muy fuertes en los chicos”, señala. Durante más de ocho años trabajó en programas de arte comunitario junto a fundaciones en barrios vulnerables de Capital Federal y el conurbano bonaerense, donde más de 800 adolescentes participaron de talleres. Allí, el impacto del uso intensivo de dispositivos fue imposible de ignorar.

“Veíamos chicos que no podían sostener una conversación cara a cara, que no lograban mantenerse despiertos en un taller porque pasaban la noche conectados. Había autolesiones, medicación, dificultades de comunicación. Era alarmante”, recordó.

Pero hubo un caso que marcó un punto de inflexión en su vida profesional y personal: “Un adolescente contó que su primo de 16 años se había suicidado por una deuda contraída en una plataforma online. Había empezado como un juego, incluso con la intención de ayudar a su familia, y terminó perdiendo las ganas de vivir. Ahí me pregunté: ¿qué estamos haciendo como adultos?”.

Soledad Gutiérrez Eguía, licenciada en Comunicación, referente en acción social y autora del libro “Querido adolescente, no es tu culpa”

Ese interrogante impulsó una investigación profunda que incluyó informes de organismos internacionales como UNESCO, UNICEF y Save the Children, además de entrevistas con psiquiatras y psicólogos. El resultado fue un libro pensado para hablarle directamente a los jóvenes, desde la empatía y sin juzgarlos.

“Yo me pongo de su lado. Les digo: no es tu culpa lo que te pasa. No es tu culpa sentir ansiedad cuando dejás el celular o no poder concentrarte. Pero sí podés entender lo que ocurre en tu cerebro y hacer algo al respecto”, explicó.

La trampa de la dopamina

Uno de los conceptos centrales que aborda es el rol de la dopamina, neurotransmisor asociado al placer. “No tiene nada de malo en sí mismo, lo necesitamos. El problema es el exceso”, aclaró. Según detalló, las plataformas digitales están diseñadas para generar estímulos constantes que disparan liberaciones de dopamina de manera continua.

Cada notificación, cada ‘like’, cada video, cada apuesta o desafío genera pequeños picos de dopamina. Es como destellos de luz. Pero llega un momento en que esa luz es tan intensa que encandila. El cerebro se adapta: reduce la sensibilidad, produce menos dopamina y entonces necesitamos más estímulos para sentir lo mismo”, describió

Ese proceso tiene consecuencias profundas: “Cuando el chico deja la pantalla, se encuentra con un mundo que le resulta oscuro, aburrido, incluso doloroso. Pierde la capacidad de disfrutar lo cotidiano. Eso genera irritabilidad, tristeza, falta de concentración y, en muchos casos, depresión”.

Las estadísticas acompañan la preocupación. “En Argentina, el suicidio es la segunda causa de muerte en adolescentes. Se suicida un chico cada 24 horas. No es el único factor, pero hay estudios que demuestran que la sobreexposición a pantallas contribuye negativamente”, advirtió.

Un problema transversal

Lejos de limitarse a contextos vulnerables, Gutiérrez Eguía remarcó que el fenómeno atraviesa todas las clases sociales. “Lo veo en los barrios más humildes y también en entornos de mayor poder adquisitivo. Nos afecta a todos”, sostuvo.

En ese sentido, cuestiona la falta de preparación con la que los adultos introducen a los chicos en el mundo digital: “Les damos herramientas extremadamente poderosas sin ningún tipo de entrenamiento, sin controles, sin acompañamiento. Es como darles un auto sin enseñarles a manejar”.

Entre los riesgos más preocupantes menciona la ludopatía online, la exposición temprana a pornografía “9 de cada 10 chicos acceden y la edad de inicio ronda los 8 años”, el grooming, el ciberacoso y los trastornos de la alimentación.

Retos virales: la punta del iceberg

Consultada por los recientes episodios vinculados a desafíos virales, señala que son apenas una manifestación visible de un problema más profundo. “Nos asustan, reaccionamos, pero no atacamos la raíz. Todos estos fenómenos tienen en común la misma base: una relación problemática con la tecnología”.

Para abordarlos, propone herramientas concretas. Cita, por ejemplo, recomendaciones de organizaciones especializadas: “Ante un reto, lo primero es frenar. Después analizar: ¿es peligroso?, ¿me sirve?, ¿puede dañar a alguien? Luego decidir y, si hay dudas, consultar a un adulto. Y finalmente, denunciar si es necesario”.

El rol clave de los adultos

La autora insiste en que la responsabilidad recae, en gran medida, en los adultos. “Los chicos están pidiendo ayuda. En talleres, el 80% dice que necesita más límites porque solo no puede. Y muchos también piden ideas para hacer fuera de la pantalla”, afirmó.

En ese sentido, propone algunas pautas básicas:

* Retrasar lo más posible la entrega del primer celular (idealmente después de los 13 o 14 años).

* Evitar redes sociales antes de los 16.

* Establecer acuerdos familiares sobre momentos y espacios sin tecnología (como la mesa o las habitaciones).

* Predicar con el ejemplo.

* Fomentar actividades alternativas: deporte, arte, naturaleza, vínculos cara a cara.

“El problema no es solo cuánto tiempo pasan frente a la pantalla, sino lo que pasa después, cuando la dejan. Si no pueden disfrutar de la vida real, estamos frente a un problema serio”, remarcó.

Un mensaje que impacta

Desde su publicación en abril de 2025, el libro tuvo una amplia repercusión. Ya se vendieron cerca de 4.000 ejemplares y más de 550 fueron donados a adolescentes en contextos vulnerables. Además, Gutiérrez Eguía brinda charlas en escuelas, instituciones y congresos, incluso en otros países de la región.

Una encuesta realizada entre jóvenes que leyeron el libro arrojó datos reveladores: el 97% aseguró que le resultó útil; de ellos, la mitad logró hacer cambios por sí sola y la otra mitad pidió ayuda a un adulto. Sin embargo, un 40% reconoció necesitar ayuda pero no animarse a pedirla.

“Ahí es donde tenemos que estar atentos. No siempre pueden solos. A veces necesitan intervención profesional”, advirtió.

Está en juego su felicidad”

El mensaje final de la autora es claro y contundente: “Estamos frente a una problemática muy grave. Está en juego la libertad y la felicidad de toda una generación. Durante años actuamos desde la ignorancia, pero ahora sabemos lo que pasa. Ya no podemos mirar para otro lado”.

Y finalizó con una invitación directa: “La clave es el diálogo. Hablar, preguntar, escuchar. Aunque los adolescentes nos empujen, nos necesitan más cerca que nunca”.

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