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Franco Colapinto desató la locura por las calles de Buenos Aires: rodó por primera vez con un Fórmula 1 ante más de 500 mil personas

El piloto argentino giró con un Lotus E20 y la Flecha de Plata en Palermo, en la primera actividad oficial de la Máxima tras 14 años.  
Domingo, 26 de abril de 2026 13:48

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La ciudad de Buenos Aires vivió una jornada que quedará marcada en la memoria del deporte argentino. En las calles de Palermo, ante una multitud estimada en más de 500 mil personas, Franco Colapinto protagonizó un show sin precedentes al subirse a un monoplaza de Fórmula 1 y hacer rugir el asfalto porteño como no ocurría desde hace más de una década. El evento, enmarcado en una exhibición internacional que combinó deporte y espectáculo, transformó avenidas emblemáticas en un circuito urbano donde el sonido del motor V8 volvió a estremecer a los fanáticos, en un contexto cargado de simbolismo: no solo fue una demostración técnica, sino también una señal del sueño latente de que la Fórmula 1 vuelva a la Argentina.

 

La exhibición tuvo un condimento especial que elevó aún más su valor histórico. Colapinto no solo manejó un monoplaza moderno de Fórmula 1 —basado en el modelo Lotus E20 de 2012, adaptado para este tipo de shows—, sino que también se subió a una réplica de la mítica “Flecha de Plata”, el auto con el que Juan Manuel Fangio construyó parte de su leyenda en la máxima categoría.

Esa doble pasada no fue casual: representó un puente entre generaciones, un homenaje al pasado glorioso del automovilismo argentino y, al mismo tiempo, una proyección hacia el futuro con Colapinto como nueva figura. La imagen del joven piloto alternando entre ambos autos sintetizó décadas de historia en pocos minutos, con un mensaje claro: la tradición sigue viva y tiene continuidad.

A medida que avanzaban las vueltas, la reacción del público fue creciendo en intensidad. Familias enteras, jóvenes, fanáticos históricos y curiosos se agolparon desde temprano en los alrededores del circuito improvisado, ocupando cada rincón disponible para no perderse el espectáculo. Banderas argentinas, camisetas de equipos, carteles con el nombre de Colapinto y celulares en alto componían una postal impactante. Cada aceleración, cada frenada y cada maniobra eran acompañadas por ovaciones que se multiplicaban entre los edificios, generando un clima de euforia pocas veces visto en un evento de este tipo en el país.

Foto: Reuters

Pero más allá del despliegue técnico y la magnitud de la convocatoria, hubo un momento que terminó de sellar el carácter inolvidable de la jornada. Tras bajarse del auto, visiblemente emocionado, Colapinto protagonizó un abrazo con su abuela que rápidamente se volvió viral y se transformó en una de las imágenes más fuertes del día. En medio del ruido, la multitud y la adrenalina, ese gesto íntimo y familiar humanizó el evento y conectó con el público desde otro lugar. No fue solo el piloto que brillaba en pista: era también el nieto que compartía su logro con una de las personas más importantes de su vida.

La emoción de su familia y el impacto en los jóvenes

Su padre, Aníbal Colapinto, se mostró visiblemente emocionado: “Sé todo lo que le costó llegar hasta acá. Era su sueño poder correr en su país y devolverle a la gente algo del apoyo que recibe”. Además, destacó el impacto que genera en otros jóvenes: “Está abriendo puertas para muchos chicos que hoy prueban suerte en Europa, algo que hacía años no pasaba”.

Sobre el cariño del público, aseguró que tiene que ver con su personalidad: “Es auténtico, espontáneo y humilde, algo poco común en este deporte”.

El evento no se limitó únicamente a la exhibición automovilística. También incluyó shows musicales en vivo, propuestas culturales y una puesta en escena pensada para atraer a públicos diversos, consolidando un formato que mezcla deporte y entretenimiento. Sin embargo, el gran protagonista fue el mensaje de fondo: Argentina vuelve a aparecer en el radar del automovilismo mundial. La exhibición fue interpretada por muchos como un paso clave en el intento de recuperar una fecha del calendario de la Fórmula 1, un objetivo que viene ganando fuerza en distintos sectores vinculados al deporte y la política.

En ese contexto, la figura de Colapinto adquiere una dimensión aún mayor. No solo representa a una nueva generación de pilotos argentinos con proyección internacional, sino que se posiciona como un emblema capaz de movilizar multitudes y reactivar una pasión histórica. Lo que ocurrió en Buenos Aires no fue solo un show: fue una demostración concreta de que el interés por la Fórmula 1 sigue intacto en el país y que existe un público dispuesto a acompañar un eventual regreso de la categoría.

La jornada dejó imágenes, sonidos y emociones que difícilmente se repitan en el corto plazo. El rugido de los motores en pleno Palermo, la conexión entre pasado y presente a través de dos autos icónicos, la respuesta masiva del público y el costado humano de Colapinto construyeron una escena que trasciende lo deportivo. Fue, en definitiva, una celebración del automovilismo argentino y una señal clara de que el sueño de volver a ver la Fórmula 1 en estas tierras está más vivo que nunca.

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