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Felipe Izcaray: "La orquesta era de la gente, por eso recorría toda la provincia"

A 25 años de la creación de la Orquesta Sinfónica de Salta, su primer director, recordó cómo nació el proyecto y el fuerte vínculo que aún mantiene con los salteños.
Sabado, 16 de mayo de 2026 01:53
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A 25 años de la creación de la Orquesta Sinfónica de Salta, Felipe Izcaray, su primer director, recordó cómo nació el proyecto, el desafío de acercar la música clásica a toda la provincia y el fuerte vínculo que aún mantiene con los salteños. En una entrevista con El Tribuno, repasó anécdotas, conciertos históricos y el crecimiento de una institución cultural que hoy celebra sus bodas de plata.

¿Cómo lo trata Salta en este regreso?

Muy bien, muy feliz. Salta me trata excelente, como siempre. Yo conocí Salta cuando vine al concurso que se abrió para escoger al director de la Sinfónica, cuando todavía la orquesta no existía. Vine por primera vez en octubre del año 2000, y cuando gané el concurso, lo primero que hice fue ir al Grand Bourg porque el gobernador (Juan Carlos Romero) quería conocerme.

¿Cómo fue ese momento de llegar a Salta y asumir un desafío tan grande en plena crisis del país?

Era un momento complicado para la Argentina. Cuando hablé con el gobernador, una de las primeras cosas que le dije fue que no quería que la orquesta fuera ni de él, ni mía, ni de los músicos: tenía que ser la orquesta de la gente. Por eso estaba destinada a recorrer toda la provincia. Y él me respondió algo que nunca olvidé: "Usted hágame la mejor orquesta y haga lo que quiera hacer, que la plata la ponemos acá".

¿Qué significó para usted llegar a una provincia donde todavía no existía una orquesta sinfónica?

Fue muchísimo. Cuando vi el correo que anunciaba el concurso pensé que era para una orquesta ya formada, pero después descubrí que todavía no existía. Había una orquesta estable, muy pequeña, limitada, sin todos los instrumentos de una sinfónica. Y una de las grandes visiones que hubo desde el comienzo fue entender que tanto el director como los músicos no tenían que ser necesariamente argentinos. Yo soy venezolano, vine, concursé y gané. Después llegaron músicos de Ucrania, Rusia, Georgia, España, Moldavia, Ecuador, Venezuela y otros países. Se armó una orquesta con mucho talento internacional.

¿Cómo fue el crecimiento de la orquesta y su llegada a distintos puntos de Salta?

Desde el principio quisimos viajar por toda la provincia. Fuimos a Rosario de la Frontera, Rosario de Lerma, Cachi y muchos rincones más. Eso ya lo había hecho en Venezuela con la Sinfónica de Mérida: llevar música clásica, pero explicada y accesible para la gente. Ese fue el plan inicial y me alegra ver que todavía continúa. Además, cuando terminamos de conformar la orquesta, logramos un sonido magnífico desde el comienzo.

¿Cómo respondió el público salteño en esos primeros años?

Increíble. En los primeros años, cuando los conciertos eran en la Casa de la Cultura, las entradas se ponían a la venta los lunes y al mediodía ya no quedaba ninguna. Era así todas las semanas. La gente incluso protestaba porque pensaba que las entradas se regalaban a amigos, pero estaba prohibido. Quien quería ir, compraba su entrada. La convocatoria era enorme.

También lograron acercar la música clásica al público popular. ¿Cómo fue ese proceso?

En mi casa se escuchaba de todo. Mi padre era músico, pianista, y crecí escuchando Brahms, Beethoven o Mozart, pero también tangos de Gardel y música popular. Por eso en Salta hicimos conciertos dedicados a Los Beatles, al Cuchi Leguizamón, zambas y chacareras con la Negra Chagra, presentaciones con Jaime Torres y hasta música de películas. Siempre digo que existe música buena y mala, pero no depende del género.

Le costó irte de Salta después de haber sido uno de los fundadores de esta historia?

Sí, me costó mucho. No era algo que yo quisiera, pero las circunstancias se dieron y tuve que volver a trabajar en Venezuela, en la isla de Margarita. Sin embargo, siempre me fui pensando en Salta, con un recuerdo muy bello. Lo más emocionante es que el salteño todavía me saluda en la calle como si siguiera siendo el director de la Sinfónica.

¿Cómo encontró a la Orquesta Sinfónica de Salta, 25 años después?

Excelente. Es como volver a ver a una hija después de mucho tiempo y encontrarla igual de bella. Hemos tenido una semana de trabajo maravillosa, mucho cariño de los músicos y un recibimiento muy afectuoso. Eso para mí es lo más importante.

¿Le sigue sorprendiendo el talento salteño?

Muchísimo. Hay chicos que participaron en la Orquesta Infanto Juvenil y hoy forman parte de la Sinfónica. No es que estén ahí "más o menos": son parte vital de la orquesta y tocan muy bien. Eso demuestra el legado que dejó este proyecto. Al comienzo hubo detractores, incluso en medios, que decían que la orquesta era elitista, pero desde el primer momento fue del pueblo: hicimos conciertos en Parque San Martín, Delmi, Tartagal y Orán. Incluso piqueteros que eran críticos del gobierno pidieron que lleváramos la orquesta y se emocionaron con la música.

¿Cuál fue uno de los recuerdos más fuertes de aquellos años?

Justamente Tartagal. Había miedo de llevar la orquesta por el contexto social, cortes de ruta y conflictos. Pero fueron los propios piqueteros quienes pidieron que lleváramos la Sinfónica porque ellos también querían escuchar música. Finalmente fuimos, dimos un concierto frente a unas cinco mil personas y al final los líderes piqueteros se acercaron emocionados, algunos con lágrimas en los ojos, para agradecer. Ahí no hubo política: hubo música y emoción.

Después de 25 años, ¿qué significa volver a Salta?

Muchísimo. Salta me dio cosas muy importantes en mi vida. Volver y sentir el cariño de los músicos y de la gente es emocionante. Espero que ese afecto se refleje siempre.

La Orquesta era bien recibida en todos los ámbitos...

En una escuela en Salta, los chicos rodeaban el ómnibus para saludarnos, era como si fuéramos artistas famosos. Cada estudiante que quería, podía recibir autógrafos, hoy sería una selfie. Esa cercanía permitió que muchos jóvenes descubrieran la música clásica y que la vida partidaria y cultural se acercara a todos los sectores sociales. La música une, y ese fue siempre mi objetivo.

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