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Como se recordará, en otras oportunidades ya conversamos sobre la Fiesta de Sumalao, que como sabemos, es una celebración móvil que se rige por el calendario lunar. Por eso, la tradición de los "Siete Viernes" que antecede a la fiesta central, comienza el viernes siguiente al Domingo de Pascua, primera Luna Llena posterior al 21 de marzo (otoño austral). En el pasado, esta fiesta religiosa culminaba el domingo siguiente al último viernes pero desde hace unos años termina el segundo domingo posterior. Ahora hay Fiesta Chica y Fiesta Grande. En fin, algo parecido sucedía con las carnestolendas, cuando el Carnaval en lugar de concluir el "Miércoles de Ceniza", se le adosaban sucesivamente Carnaval Chico, Carnaval de "Micareme" y como remate, el Día del Carpero.
Pero volviendo a la Fiesta de Sumalao, hoy nos ocuparemos de traer a la memoria los distintos medios de transporte que promesantes y mercaderes usaron desde que en el siglo XVIII una mula empacona dejó al Señor de Vilque en el paraje Sumalao y donde de inmediato se le erigió un santuario.
Como se sabe, los primeros peregrinos se movilizaron a pie y en cabalgaduras, en tanto los feriantes movían sus mercancías a lomo de "cargueros": caballos, mulas y burros. Se cree que al principio, los mercaderes provenientes del altiplano o del Alto Perú, usaron las "veredas" precolombinas para bajar hacia el Valle de Lerma y llegar a Sumalao. Aceras que pronto dejaron de usar por haber sido concebidas para el paso de personas y de las llamas, un camélido que solo transporta entre 25 y 30 kilos, en cambio ellos llevaban sus mercancías en equinos, animales de mayor porte y capaces de cargar de entre 120 y 150 kilogramos. Esto trajo como consecuencia que se buscaran o se construyeran nuevas huellas, más amplias y más seguras.
Y bajo estas condiciones viales fue que a mediados del siglo XVIII, surgió la devoción por el Señor de Sumalao. Fue justamente cuando por la terquedad de una mula, el cuadro del Señor de Vilque se quedó para siempre en el paraje llamado Sumalao. Y como este hecho, considerado un milagro, pronto se difundió por todo el virreinato, los fieles del lugar resolvieron erigir la primera capilla en honor al Santocristo. Y como la popularidad de la imagen seguía creciendo año a año, el flamante obispo de Córdoba del Tucumán, monseñor Juan Manuel Moscoso y Peralta, resolvió en 1773 crear la Vice Parroquia del Señor de Vilque dependiente por entonces de Chicoana. Por entonces, el Señor de Vilque había trocado su nombre por Señor de Sumalao.
Y mientras la popularidad del Santocristo crecía cada vez más, los promesantes y mercaderes de zonas lejanas seguían usando como medio de locomoción y carga a los equinos.
Carruajes
Se cree que entre fines del siglo XVIII y principio del siglo XIX comenzaron a circular rumbo al Santuario los primeros carruajes tracción a sangre. Al principio los más livianos de un solo eje: jardineras, sulkys y carros, y poco después y a medida que mejoraban los caminos, arribaron las chatas (carruajes de carga, cuatro ruedas, tracción a sangre y un eje articulado). Estos nuevos vehículos de carga, gradualmente fueron reemplazando a los equinos aunque nunca lo hicieron del todo. Y obvio, los carruajes también impusieron paulatinamente reformas viales ya que no era lo mismo vencer las diferencias de altura a pie o en cabalgaduras que sobre ruedas.
Siglo XX
Desde fines del siglo XIX hasta los inicios del XX, promesantes y mercaderes se trasladaban casi exclusivamente en cabalgaduras y carruajes, aunque siempre -incluso en la actualidad- hubo quienes cubrían grandes distancias caminando.
Pero en la segunda década del siglo XX apareció un vehículo que pronto introdujo grandes cambios: el automotor. Un medio que camino al Santuario supo convivir con la tracción a sangre hasta bien pasada la década de los años de 1960. Quienes conocieron aquellas fiestas de los años 40 y 50 del siglo pasado, seguramente guardan en su memoria las imágenes donde los automotores, de cualquier marca y tamaño, permanecían el día entero estacionados entre jardineras, sulkys y carros maneados a sus mulares que se alimentaban con morral. Y aquí vale una observación: en 1940 el buey de tiro ya hacía años que había desaparecido de Sumalao. Su lento caminar por ese polvoriento camino había causado serios accidentes, muchos de ellos fatales.
El tren
Aunque muchos salteños lo desconocen, la inauguración del ramal ferroviario C-13 (1-10-1898) y que unía Salta con Alemanía, acercó Sumalao en varias jornadas a los promesantes y mercaderes de los Valles Calchaquíes. Antes de ello, esa travesía les llevaba varios días cabalgar y andar arreando por los cerros sus animales cargueros. Con el tren, los vallistos de San Carlos, Molinos, Seclantás, Cachi, Payogasta y La Poma se reunían en Amblayo y desde allí por caminos de herradura, bajaban hasta la estación de La Viña y desde donde seguían en tren hasta Estación Zuviría, a unos 10 kilómetros de Sumalao, la antigua traza de la RN 9, camino que por entonces cruzaba El Carril de norte a sur, traza que cambió en 1960, a partir de la "Curva de Sumalao" (RN68).
Y el tren sirvió también para acercar al Santuario, promesantes y comerciantes del resto del Valle de Lerma. Para estas fiestas, principios de 1900, el Ferrocarril Central Norte hacía correr un tren especial entre Salta y Estación Zuviría, lugar donde los promesantes podían continuar viaje al Santuario a bordo de una variedad de vehículos. Al principio ese trayecto se hacía en carruajes tracción a sangre, pero años después en automotores que en muchos casos llegaban a trabajar de otros pueblos, incluso de la ciudad. Un caso muy especial fue aquel cochero de Coronel Moldes que se trasladaba en su coche de plaza (Victoria) hasta Zuviría para trabajar para la Fiesta de Sumalao llevando y trayendo pasajeros desde el Santuario hasta la estación del ferrocarril, trabajo que a diario hacía en su pueblo, entre la Estación "Coronel Moldes" y el pueblo ubicado a un kilómetro de distancia.
Colectivos
Finalmente recordemos a los últimos medios de transporte usados por los creyentes para participar de la fiesta más populosa del Valle de Lerma. Según los memoriosos, los primeros colectivos que llegaron al lugar lo hicieron en la segunda década del siglo XX. Sobre chasis de camiones de la época, los carroceros construyeron con chapa, madera, clavos y tornillos los primeros coches de pasajeros. En Cerrillos por ejemplo, la carrocera de Rada Hnos. construyó sobre el chasis de un Chevrolet 1920 un colectivo por encargo del señor Tejerina, con el cual y por varios años hacía viajes a la fiesta de Sumalao. En Rosario de Lerma, pasó lo mismo con los hermanos Víctor y Donato Villa, quienes con sus ómnibus hacían viajes al mismo destino, antes de 1930. En tanto en Salta la carrocera del señor Montalbetti, según su hijo Juan Carlos, "se había cansado de construir ómnibus que para aquella fiesta viajaban cargados de promesantes que hasta en el portaequipaje del techo se sentaban". Pero fue en los de la segunda mitad del siglo XX cuando comenzaron a llegar al Santuario, los colectivos de gran porte de las empresas La Veloz del Norte y Atahualpa. Actualmente, el servicio está a cargo de SAETA.
La blanqueada
Un recuerdo imborrable de Sumalao fue -y sigue siendo- el tradicional "tierral" del camino, capaz en poca distancia, de blanquear el rostro más retinto, y encanecer en un santiamén bellas cabelleras, arqueadas pestañas y las cejas mas tupidas de cualquier español. Lo divertido era ver cuando la gente al bajar del vehículo que los había transportado, se miraban de repente y descubrían que sus rostros estaban blancos como si se hubiesen empolvado con harina cuatro ceros.