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Cómo elegir alimentos saludables sin caer en mitos

Profesionales explican que no todo lo industrial es dañino.
Miércoles, 20 de mayo de 2026 01:54
El etiquetado es muy útil a la hora de elegir los alimentos.
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La diferencia entre alimentos procesados y ultraprocesados genera debate entre expertos, profesionales de la salud y la industria y entender qué lugar ocupa cada uno es clave para tomar decisiones más conscientes sobre lo que llevamos a la mesa.

No se trata de evitar todo lo que tenga una etiqueta, sino de saber interpretarla porque entre la ciencia, la regulación y el sentido común hay un punto de equilibrio posible: comer con conciencia, sin miedo y con información, evitando dietas de exclusión innecesarias.

En tanto, no todo lo industrial es sinónimo de artificial ni todo lo casero garantiza salud y la licenciada en Nutrición Andrea Fabiana González (M.N. 1.080) explica en un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas por qué procesar no es necesariamente empeorar y cómo entender el verdadero sentido del procesamiento puede ayudarnos a elegir mejor.

"Procesar un alimento no es sinónimo de hacerlo poco sano. El procesamiento es parte de la cadena alimentaria y permite que los alimentos sean seguros, nutritivos y duraderos. Sin él, no podríamos conservar ni garantizar la inocuidad de muchos alimentos esenciales", señaló.

Asimismo, agregó: "Un ejemplo claro es la pasteurización de la leche y alimentos que entran en su cadena de producción como el yogur que es casi el único alimento fermentado que seguimos llevando a la mesa, con una matriz versátil que favorece la salud digestiva, fortalece los huesos por su alto contenido de calcio, y aporta proteínas de alta calidad".

La experta en nutrición digestiva sostiene que el mayor error de comunicación de los últimos años fue poner en la misma categoría a todos los alimentos que pasan por una planta industrial. "Hay un prejuicio instalado contra lo procesado, cuando en realidad, sin ese paso tecnológico, muchos productos serían inviables o incluso peligrosos", explica.

Además, indicó: "El problema aparece cuando los procesos son tan complejos que el alimento pierde su identidad original, pero reducir todo a una sola etiqueta no ayuda: necesitamos diferenciar, no demonizar".

Cuando entramos a un supermercado, todo parece simple: un envase, una etiqueta, un color, pero detrás de cada producto hay una historia que no se ve. Desde una leche pasteurizada hasta un pan integral, casi todo lo que llega a la mesa fue procesado de algún modo para mejorar su calidad y su inocuidad.

La Clasificación NOVA, desarrollada por la Universidad de San Pablo, define cuatro grupos de alimentos según su grado de procesamiento: los mínimamente procesados (como frutas, granos o leche), los ingredientes culinarios, los procesados (como el pan o el queso) y los ultraprocesados, elaborados con mezclas de componentes industriales, aditivos y saborizantes.

González insiste en que la tecnología alimentaria no es el enemigo, sino una herramienta que puede proteger la salud y mejorar la calidad nutricional.

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