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"Actualmente utilizamos 30 cultivos para cubrir nuestras necesidades energéticas y de esos 30, solamente cuatro constituyen los pilares sobre los que descansa la alimentación del mundo". Con esa definición, Mariana Jimena Ferreyra, bióloga y doctora en Investigación Agraria y Forestal, abrió ayer una fuerte advertencia sobre la fragilidad del sistema alimentario global durante su exposición en el evento "Hablemos de lo que Viene. Ambiente: comer en el siglo XXI", organizado por El Tribuno en el Centro de Convenciones de Limache.
La especialista salteña, curadora del Banco de Germoplasma del INTA y referente en recursos fitogenéticos, explicó que trigo, arroz, maíz y papa "suministran más del 60% de las calorías que consumimos a nivel mundial" y alertó que la creciente dependencia de pocos cultivos y de variedades comerciales homogéneas incrementa la vulnerabilidad frente al cambio climático, plagas y enfermedades.
"Esto nos vuelve muy frágiles y muy vulnerables al depender únicamente de estos cultivos", remarcó Ferreyra ante el auditorio. En ese sentido, sostuvo que "la diversidad genética dentro de los cultivos es nuestro seguro para poder responder a diferentes cambios ambientales". Durante su disertación, la investigadora insistió en que la pérdida de biodiversidad no implica solamente una disminución biológica, sino también cultural. "No es solo pérdida de diversidad genética, sino también pérdida de conocimientos culturales", afirmó al referirse a variedades tradicionales como las papas andinas y los maíces locales, asociados históricamente a preparaciones y prácticas alimentarias regionales.
"La diversidad genética dentro de los cultivos es nuestro seguro para poder responder a los diferentes cambios ambientales".
Ferreyra explicó que desde los inicios de la agricultura, hace unos 12 mil años, la humanidad utilizó alrededor de 7 mil especies vegetales para alimentarse, pero que la producción moderna avanzó hacia una fuerte especialización. Según señaló, la degradación de hábitats naturales, la expansión urbana, la tala para actividades agrícolas y el cambio climático aceleran la desaparición de especies y variedades locales.
La especialista también destacó el rol de los pequeños productores y de los bancos de germoplasma en la conservación de semillas y variedades tradicionales. "Los agricultores suelen no poner todos los huevos en la misma canasta", ejemplificó, al señalar que la diversificación de cultivos funciona como una estrategia de resiliencia frente a eventos climáticos extremos.
En otro tramo de la charla, Ferreyra puso el foco sobre el desperdicio de alimentos y el comportamiento de los consumidores. "Un tercio de la producción mundial de alimentos actualmente se descarta", señaló. Y agregó un dato que calificó como "muy impactante": "El 60% del desperdicio de alimentos proviene de nuestros hogares".
"Un tercio de la producción mundial de alimentos actualmente se descarta. Eso no solo lleva a una pérdida monetaria, sino a pérdida de recursos".
La investigadora cuestionó además los criterios estéticos que condicionan el consumo. "Muchas veces buscamos el que sea perfecto, el que sea igualito, y todo aquel alimento que tiene una pequeña manchita lo descartamos", sostuvo. Según explicó, esa lógica también repercute en la cadena productiva y comercial, generando descartes de alimentos aptos para consumo.
"El 60% del desperdicio de alimentos proviene de nuestros hogares. Es un llamado a la conciencia. Las próximas generaciones pueden hacer un cambio".
En relación con la situación alimentaria global, Ferreyra recordó que "una de cada 11 personas en el mundo padece hambre", mientras enormes cantidades de comida terminan en la basura. Además, advirtió que el desperdicio de alimentos genera hasta "un 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero". Durante la exposición, también defendió el fortalecimiento de mercados locales y las redes de productores de cercanía que crecieron durante la pandemia. "Comer frutas y verduras locales, de temporada, tiene un impacto favorable en el ambiente y también en nuestra salud", afirmó. Ferreyra resumió el eje central de su mensaje: "Una agricultura diversa favorece las dietas diversas y las dietas diversas construyen comunidades más saludables".