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El ambiente dejó de ser una causa: ahora define la economía, la producción y futuro

Rodrigo Rodríguez Tornquist advirtió que el mundo dejó atrás la sostenibilidad. Clima, mercados y producción pasan a ordenar una nueva lógica.
Jueves, 21 de mayo de 2026 01:38
Rodrigo Rodríguez Tornquist, durante su exposición sobre desafíos globales, clima y producción. Javier Rueda

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En tiempos dominados por la urgencia y la coyuntura, donde la agenda pública se consume en lo inmediato, detenerse a pensar el largo plazo se vuelve casi un acto contracultural. Con esa premisa comenzó su disertación: "Desafíos y oportunidades de la agenda ambiental para el desarrollo humano integral y sostenible", Rodrigo Rodríguez Tornquist, miembro de Asociación Sustentar y exsecretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación de la Nación.

El especialista propuso correrse del presente para mirar un escenario global que, según planteó, ya cambió de manera estructural.

"En tiempos de mediatismo, de estar siempre en la coyuntura, este llamado a prepararnos y a ver con perspectiva es algo que merece ser resaltado y replicado", señaló al inicio.

Desde allí, propuso apoyarse en la evidencia científica más sólida para entender el momento actual. Citó al Instituto de Resiliencia de Estocolmo y el concepto de "límites planetarios", es decir, umbrales que, una vez superados, generan cambios irreversibles en el sistema Tierra.

"El ambiente no reconoce límites de disciplinas ni jurisdiccionales. El ambiente es uno solo y nosotros somos parte de él", explicó, retomando además una de las lecciones que dejó la pandemia: "Creíamos que éramos una especie por encima del resto, y un bichito nos mostró lo contrario".

El dato central es contundente: de los nueve límites planetarios, siete ya fueron sobrepasados. Se trata del cambio climático, la integridad de la biosfera, el cambio en el uso del suelo, los ciclos biogeoquímicos, la acidificación de los océanos, el ciclo de agua dulce, la introducción de nuevas entidades como contaminación química. "Cuando uno cruza esos umbrales, ya no hay vuelta atrás en el sistema", advirtió.

A partir de ese diagnóstico, planteó un cambio de enfoque. "Ya no perseguimos la sostenibilidad. Si alguien quiere sostener esto, que me cuente qué es lo que quiere sostener", afirmó. Y sintetizó: "Lo que tenemos que hacer es empezar a regenerar el ambiente".

Ese giro implica también redefinir el vínculo entre sociedad, economía y naturaleza. "La salud humana depende de la salud planetaria y la salud económica depende de la salud ecológica", sostuvo, en una idea que, según reconoció, "la estamos aprendiendo como humanidad de manera incómoda y desafiante".

Del límite planetario a la economía real

Pero el punto de inflexión no está solo en la ciencia. El propio sistema económico global ya incorporó estos factores como riesgos centrales. Según explicó, en el Foro Económico Mundial de Davos, cuando se proyecta a 10 años, los principales riesgos son ambientales: eventos climáticos extremos, pérdida de biodiversidad, crisis hídrica, escasez de recursos naturales estratégicos: minerales críticos, tierra productiva, y contaminación.

"Esto ya deja de ser un tema netamente ambiental para pasar a ser un tema económico y financiero", afirmó. Y remató: "En resumidas cuentas, esto ya no es buen negocio para nadie".

En ese escenario, se rompe la histórica tensión entre ambiente y desarrollo. "La degradación ambiental empieza a afectar el desarrollo y nos obliga a integrar la naturaleza en la toma de decisiones", señaló.

El sistema financiero ya avanza en ese sentido, exigiendo información sobre riesgos y dependencias ambientales. "Te preguntan de dónde viene el agua, la energía, cómo te afecta el cambio climático", explicó. Y fue claro: "Si no podés responder, te dicen 'andá a pedir el crédito a otro lado'".

El país es una potencia

Argentina, en ese contexto, aparece con un rol estratégico. "Somos una potencia agroalimentaria increíble. Somos primeros y segundos exportadores en gran parte de los insumos, y representamos entre el 10 y el 12% de la producción de soja", sostuvo, y destacó el papel del NOA. Esa posición despierta interés para distintas partes del un mundo que vive riesgos.

"La agenda que viene y esta degradación ambiental afecta tres grandes ejes estratégicos: seguridad alimentaria, es decir, cómo nos aseguramos comida; seguridad energética, es decir cómo nos aseguramos energía y seguridad ambiental: cómo nos aseguramos estabilidad planetaria para operar en un mundo que la ciencia ya nos dice que no es seguro y dispara el riesgo", explicó.

A estos desafíos se suman tendencias como el crecimiento poblacional, la crisis hídrica, la degradación de suelos y la fragmentación de cadenas. "Cuando exportamos granos, no exportamos solo producto: exportamos agua, nutrientes, biodiversidad", advirtió.

El cambio climático, además, ya no es una proyección. Tornquist alertó sobre la probabilidad de un evento extremo en el corto plazo, con impactos concretos en la región: el fenómeno de el Niño que traerá tormentas e inundaciones.

"La humanidad se caracteriza por su capacidad de colaborar y adaptarse en el largo plazo para enfrentar desafíos".

"No es para asustarse, es para entender que esto es una realidad", aclaró. Y agregó: "El susto inmoviliza. Lo que necesitamos es información para la acción".

En ese sentido, subrayó la importancia de prepararse y fortalecer capacidades territoriales. "Prepararnos para lo peor, pero esperar lo mejor", resumió.

También alertó sobre cambios en el comercio internacional, con mayores exigencias ambientales. "Ya no es solo responsabilidad: es para poder producir, vender, acceder a financiamiento y a seguros", explicó.

El agua aparece como uno de los factores más críticos. "Tenemos escenarios de exceso y de escasez", advirtió, y planteó invertir tanto en infraestructura como en restauración de ecosistemas.

En paralelo, destacó mecanismos como los pagos por servicios ecosistémicos. "Lo impulsa el mercado financiero, porque quiere reducir riesgo", explicó.

Ese cambio también atraviesa a las empresas. "La resiliencia dejó de ser un tema de responsabilidad social empresaria. Hoy es un tema del CEO, del gerente financiero", afirmó.

Frente a este escenario, la respuesta, según planteó, debe ser integral: innovación, ciencia, producción regenerativa y políticas públicas sólidas. "No se trata solo de producir más, sino de producir mejor y generar valor en nuestros territorios".

También puso el acento en la institucionalidad: "Los países que prosperan son los que han construido políticas públicas para poder gestionar riesgos y aprovechar oportunidades".

Y llevó la reflexión a la naturaleza humana. "Somos una especie que sobrevive en tanto se piensa como un 'nosotros', no como un 'yo'", finalizó.

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