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Del ambiente a la economía: el clima decide quién accede a crédito, inversión y seguros

Rodrigo Rodríguez Tornquist postuló que el cambio climático redefine lo financiero.
Sabado, 23 de mayo de 2026 17:48
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El acceso al crédito, a los seguros y a los mercados dejó de depender solo de balances y proyecciones. El clima, y la forma en que cada actividad se vincula con el ambiente, empieza a definir quién puede producir, exportar y sostenerse en el sistema económico global. Con ese eje, el especialista Rodrigo Rodríguez Tornquist planteó en su disertación "Desafíos y oportunidades de la agenda ambiental para el desarrollo humano integral y sostenible", un cambio que ya está en marcha.

"Esto dejó de ser un tema ambiental para convertirse en un tema económico y financiero", sintetizó el miembro de Asociación Sustentable y exsecretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación de la Nación.

El giro es concreto. Bancos, aseguradoras y fondos de inversión avanzan en la incorporación de variables ambientales como parte central de sus decisiones. Ya no alcanza con mostrar rentabilidad: exigen información sobre riesgos, vulnerabilidades y dependencias a lo largo de toda la cadena productiva. De dónde proviene el agua, cómo se genera la energía, qué tan expuesta está la logística, por dónde sale la producción y qué pasará frente a eventos como inundaciones o suba del nivel del mar.

La lógica es directa. "Si no podés responder, te dicen: 'andá a pedir el crédito a otro lado'", graficó. En otras palabras, quien no pueda demostrar resiliencia frente al cambio climático empieza a quedar fuera del sistema.

Ese cambio no surge de manera aislada. Según explicó, los principales foros económicos globales ya incorporaron estos factores como riesgos centrales. En el horizonte de los próximos 10 años, los eventos climáticos extremos, la pérdida de biodiversidad, la crisis hídrica y la escasez de recursos estratégicos aparecen entre las principales amenazas para la economía global.

Allí se consolida un punto de quiebre: la histórica tensión entre ambiente y desarrollo comienza a desdibujarse. La degradación ambiental ya no es un costo externo, sino un factor que impacta directamente sobre la producción, la estabilidad y la rentabilidad.

Señaló que de los nueve límites planetarios definidos por la comunidad científica, siete ya fueron superados. "Cuando uno cruza esos umbrales, ya no hay vuelta atrás en el sistema. Ya no perseguimos la sostenibilidad. Lo que tenemos que hacer es empezar a regenerar el ambiente", planteó.

A la presión estructural se suma la incertidumbre y la creciente frecuencia de eventos extremos. En ese marco, alertó sobre la probabilidad de que arribe a la región el fenómeno de el Niño con fuertes tormentas e inundaciones.

El impacto no se limita al clima. También reconfigura el comercio internacional. Los mercados empiezan a exigir estándares ambientales más estrictos, lo que redefine condiciones de acceso. "Ya no es solo una cuestión de responsabilidad: es para poder producir, vender, acceder a financiamiento y a seguros", explicó.

En ese escenario, Argentina aparece en una posición particular. "Somos una potencia agroalimentaria increíble", destacó, al señalar el peso del país en la producción global de alimentos y el rol estratégico del NOA. Esa condición abre oportunidades, pero también expone a nuevas exigencias.

El desafío atraviesa de lleno al modelo productivo. "Cuando exportamos granos, no exportamos solo producto: exportamos agua, nutrientes, biodiversidad", advirtió, al cuestionar esquemas extractivos que empiezan a mostrar límites.

En ese escenario, el especialista fue tajante sobre el futuro del sector privado: "Probablemente en 10 años va a haber dos tipos de empresas: las que entiendan el riesgo que hoy plantea el Foro Económico Mundial y las que desaparezcan". Frente a ese panorama, planteó que la única salida es anticiparse: innovar, cambiar la lógica productiva y apostar a la ciencia y la tecnología.

En esa línea, puso el foco en el rol de la ciencia aplicada al territorio. "Nadie va a venir a invertir en estudiar el cultivo específico que se produce acá. Eso lo hacemos nosotros", afirmó, en referencia al trabajo de organismos como el INTA. Para Tornquist, ese conocimiento no solo mejora la productividad, sino que construye bienes públicos que fortalecen las economías regionales.

También advirtió que, según datos de Naciones Unidas, apenas el 22% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible muestra avances concretos. "¿Eso significa que hay que abandonarlos? No. Significa que hay que reformularlos, porque los problemas crecieron y la necesidad de acción es mucho mayor", explicó.

Y dejó una advertencia: retirarse de los espacios de cooperación internacional "es renunciar a la naturaleza humana colaborativa a largo plazo. No es la mejor estrategia".

Ese cambio también redefine el rol de las empresas. "La resiliencia dejó de ser un tema de responsabilidad social empresaria. Hoy es un tema del CEO, del gerente financiero", afirmó.

En esa transformación, identificó un actor decisivo: el sistema financiero. "Hoy es el lenguaje del mundo, el que pega en la parte más sensible", señaló. La lógica es concreta: quien no incorpore prácticas regenerativas, reduzca riesgos y se adapte a las nuevas condiciones, enfrentará costos más altos, dificultades para acceder a seguros y cada vez más barreras para financiarse. "Podés querer hacerlo como antes, advirtió, pero el sistema ya no te va a acompañar".

Frente a este escenario, la respuesta no puede ser parcial. Requiere innovación, ciencia, producción con nuevas lógicas y políticas públicas capaces de gestionar riesgos y aprovechar oportunidades.

"El desafío ya no se trata de cuidar al ambiente, sino de empezar a cuidarnos también del ambiente", sostuvo. Y cerró con una idea que resume el nuevo paradigma: "La salud humana depende de la salud planetaria y la salud económica depende de la salud ecológica", finalizó.

Agua: exceso, escasez y desafíos

"No es para asustarse, es para entender que esto es una realidad. El susto inmoviliza; lo que necesitamos es información para la acción", advirtió el especialista, al poner el foco en la necesidad de fortalecer la preparación frente a un escenario cada vez más incierto ante la inminente llegada del fenómeno de El Niño. En este sentido, subrayó que contar con información y capacidad de respuesta será clave para tomar decisiones, acompañar el territorio y reducir riesgos.

Además, señaló que el agua se consolida como una de las variables más críticas, con territorios que enfrentan épocas de excesos y escasez, resumió, y planteó la necesidad de combinar infraestructura con restauración de ecosistemas para sostener la producción.

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