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La Feria de Sumalao, el Potosí, y la "Universidad de las mulas"

El oratorio del paraje Sumalao fue designado Vice-Parroquia del Señor de Vilque en 1773.
Domingo, 31 de mayo de 2026 01:59
La Feria de Sumalao, con orígenes anteriores a la llegada de los españoles.

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El solitario paraje de Sumalao vuelve a poblarse como en los tiempos precolombinos, cuando era solo un encuentro que tenía por finalidad principal intercambiar los productos que los nativos producían en las regiones que hoy prácticamente configuran el centro oeste sudamericano. Esas reuniones de carácter anual se realizaban luego de las cosechas, entre fines del verano y principios del otoño y donde se usaba el trueque.

Y así fue la Feria de Sumalao hasta que en 1492 arribaron los españoles a nuestro continente. Luego, comenzó el proceso de cambio, lento pero inexorable. Debieron pasar muchas décadas para que en esta parte de América aflorara la influencia hispánica y se apreciaran también, los efectos de las cosas que habían traído consigo: animales (equinos, bovinos, ovinos, cabríos, etc), semillas, máquinas (la rueda) y el aprovechamiento de la fuerza del agua, entre otras cosas. Alguien podrá decir que los nativos ya tenían noción de la rueda y ello es cierto, pero su uso práctico lo introdujo el europeo, al igual que la utilización del agua como fuerza motriz. Y con el agua y la rueda, aquí los españoles reprodujeron el antiguo molino hidráulico, máquina que en este Nuevo Mundo les sirvió para moler los granos que ellos habían introducido (trigo, cebada y centeno por ejemplo). Y resulta obvio resaltar, que todos estos cambios también influenciaron económicamente sobre las ferias nativas, entre ellas la de Sumalao que, antes de 1492, ya era la más importante de esta región.

Pero el mayor impacto económico sobre esta zona sudamericana fue cuando en el siglo XVI se descubrió en Potosí (1545) la mina de plata más grande del mundo, jurisdicción del Virreinato del Perú, creado por España tres años antes. En la actualidad, se considera que de esa veta potosina se extrajo entre los siglos XVI y XVII, el 80% de toda la plata (Ag) del mundo, fenómeno que por entonces logró aumentar la masa monetaria mundial. Y como España quería trasladar semejante riqueza, se proyectó una ruta hacia el Atlántico, eligiéndose como salida el Río de la Plata, donde once años antes don Pedro de Mendoza había fundado Santa María de los Buenos Aires (1536).

A partir de entonces y sobre el corredor proyectado Potosí-Río de la Plata, se refunda Buenos Aires (1580) y nacen las ciudades de Santiago del Estero (1553), Tucumán (1565), Córdoba (1573), Santa Fe (1573), Salta (1582) y Jujuy (1593). Y entre esas fundaciones, España crea la primera Casa de la Moneda en Potosí a instancias del Virrey Toledo en 1572-1574.

Hoy en Sumalao se realiza la fiesta Grande.

Y mientras la corona española trabajaba denodadamente para disponer pronto de un corredor seguro hacia el Atlántico, la Iglesia Católica dispuso elevar al modesto oratorio de Sumalao, a la categoría de Vice Parroquia del Señor de Vilque. Se crea por expresa disposición del obispo de Córdoba del Tucumán, monseñor Moscoso y Peralta, en 1773. Y ocurre a solo 20 o 25 años que en ese paraje salteño se empacara la mula que trajinaba la tela del Señor de Vilque y que como ya se dijo, a poco mudó de nombre y pasó a ser el "Señor de Sumalao".

Pero volvamos sobre la gran prosperidad económica que Potosí motorizó sobre la jurisdicción del Virreinato del Rio de la Plata, creado en agosto de 1776, y que por supuesto incluyó a la feria de Sumalao por pertenecer territorialmente a la Real Audiencia de Buenos Aires (Salta, Córdoba, Buenos Aires, Misiones, Paraguay, Malvinas y Montevideo). A partir de entonces se comienza a desarrollar una de las actividades más lucrativas de esta jurisdicción: la feria de mulas. Equino que cumplió un papel fundamental en el campo de la minería y que por su alta demanda, hizo que a poco surgieron importantes centros de reproducción en Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Santiago del Estero y San Luis. Al respecto el historiador Bernardo Frías cuenta que don Fernando Candioti "remesaba del inagotable vivero de Santa Fe y Entre Ríos, millares de mulas a la plaza de Salta, a la Feria de Sumalao, lugar donde luego de ser subastadas eran remitidas a las minas potosinas para trabajar hasta morir, casi sin alimentarse pues el altiplano prácticamente carece de pasto o de "campos empastados" De ahí la demanda permanente de mulas por parte de Potosí.

Según Alonso Carrió de la Bandera (Concoloncorvo), que anduvo por estos pagos en el siglo XVII, a Sumalao llegaban unos 60.000 ejemplares por año. Pero eso no es todo, se sabe que había criaderos que remesaban hasta 600 mulas por vez, con previa selección de burros y yeguas, para así poder ofertar ejemplares de buen porte para tiro, carga o monta. Hasta hace unos años nomás, solía escucharse por el norte argentino una frase que nos llegó de los tiempos de los muleros sumaleños: "Grandota como mula santiagueña", decían.

Y los grandes arreos de mulas sirvieron también para dar lugar al nacimiento de las industrias del cuero y de la talabartería; a la primera cadena de postas y los primitivos servicios de correo, que es lo que justamente vino a controlar Concoloncorvo en la América española, en la segunda mitad del siglo XVIII.

Pero a lomo de mula también llegaron los impuestos que se comenzaron a percibir por la comercialización de estos animales. Gracias a esos impuestos se pudo fundar y mantener por muchísimos años la actividad de la Universidad de Córdoba, casa de altos estudios que por mucho tiempo se la llamó "La Universidad de las Mulas". Pero de los impuestos percibidos por estos equinos no solo se benefició Córdoba sino también el resto de las provincias involucradas en el negocio.

Sumalao quedó para los tiempos venideros la fiesta religiosa.

Nuestra guerra por la independencia que comenzó el 25 de mayo de 1810, asestó un golpe duro a la economía del Virreinato del Río de la Plata. El conflicto paralizó casi todas las actividades comerciales de esta parte de la región y el corredor Potosí-Río de la Plata se interrumpió casi definitivamente.

El negocio de las mulas se perdió y con ello quedaron en ruinas todas las actividades que habían crecido a la sombra del Cerro Rico del Potosí, y desde entonces alternativamente en poder de los realistas y en menor medida, de los patriotas que lo primero que hacían, era tratar de llevarse los caudales a Buenos Aires.

Crisis

Y obvio, la crisis generada por la guerra también golpeó a Sumalao, donde lo único que quedó en pie fue la fe y la devoción por el Santocristo y a cuyo pie oraron pidiendo por la Patria: Belgrano, Pueyrredón, Arenales, Güemes, Burella, Ruiz de los Llanos y tantos otros. Y esto hizo que soldados y milicias gauchas de la región, vieran al Señor de Sumalao como quien los cobijaba en la guerra, en tanto el Señor del Milagro, cobijo de los realistas. Y era lógico que así lo sintieran pues el gaucho era un labriego que se había alzado en armas para luchar por su Patria, por su tierra y el altar más cercano que tenían a mano en el Valle de Lerma era el de Sumalao. Además, así lo había dispuesto un importante obispo de Córdoba en 1773.

Fiesta

Y al final, en Sumalao quedó para los tiempos venideros la fiesta religiosa que aún hoy conserva la fuerza de convocar a cientos de peregrinos que año a año llegan a orar y alumbrar al Santocristo que una mula lo trajo del Perú hace casi unos 280 años.

Pero también quedaron los feriantes, los herederos de aquellos primeros precolombinos que iniciaron la Feria de Sumalao. Hombres y mujeres que todos los años se reunían para "truequear" productos de sus tierras y también para participar de la "Kacharpaya", la fiesta andina de la despedida. "Pal año i' volver", decían.

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