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Carlos Pagni: "Hay gobernadores que sin una buena relación con Milei tendrían dificultades para pagar sueldos"

El reconocido periodista dio una entrevista exclusiva a El Tribuno. Milei, los mandatarios, la interna libertaria y otros temas centrales de la agenda política y económica. 
Domingo, 31 de mayo de 2026 00:35

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A Carlos Pagni se lo ve relajado, pero con muchas ganas de hablar. Lejos de los trajes que usa en la televisión, el periodista y analista político más importante del país, está a tono con la tarde del sábado. Pero esa serenidad en suelo salteño, no lo hace perder esa visión quirúrgica para responder sobre Milei, la interna libertaria, los dilemas económicos de la gente y el rol de los gobernadores.

Durante 50 minutos, Pagni tuvo un mano a mano con El Tribuno. La nota completa se puede ver en el portal de YouTube de este medio.

¿Cómo ves esta situación que está atravesando el Gobierno nacional con Adorni y la interna en el núcleo del mileísmo?

Felipe González decía que también se puede morir de éxito. Es una broma, obviamente. El Gobierno surge de un estado general de disolución de la política y de impugnación a la política tradicional. Por eso buena parte de la sociedad eligió algo desconocido. Es un Gobierno que tiene entre sus activos constituir casi el único grupo que tiene un discurso, una propuesta y un programa para la Argentina. Todos los demás están viendo qué hacen frente a esta novedad y cómo reconectan con la gente.

Esto le da casi una posición dominante. Voy a exagerar un poco, pero una especie de oligopolio de poder. Como si navegara en un océano de poder bastante solitario. ¿Qué pasa cuando una fuerza política no se ve desafiada por la competencia? El conflicto suele aparecer internamente. Se crea el problema ante la tranquilidad y ante el dominio absoluto. Se relajan y empiezan a aparecer discordias internas.

En este caso es más agudo porque es un Gobierno que no surge de un partido. El partido se está armando ahora. Una de las tareas que Milei le dio a su hermana desde el Estado es justamente construir el partido.

No se conocen entre ellos, no hay sentimiento de pertenencia, no existe la idea de cuidar un espacio común, que es lo que suele ocurrir en cualquier partido político o en cualquier organización humana. Entonces lo que advertimos es que estas internas, estas rencillas domésticas, van mucho más allá de lo prudente. Se matan entre ellos.

El partido se está armando ahora. Una de las tareas que Milei le dio a su hermana desde el Estado es justamente construir el partido.

Últimamente también estuvo en el ojo de la tormenta Martín Menem. Si uno va mirando a lo largo del tiempo aparecen distintas anécdotas en este enfrentamiento.

 

Es un enfrentamiento donde uno no entiende cuál es el concepto o la idea que hay detrás. No parece que piensen distinto. Da la impresión de que quieren lo mismo, que es el poder. Eso ha generado una lógica muy peligrosa, la lógica de los enfrentamientos automáticos. Todo lo que me pasa de malo me lo está haciendo el otro, aunque yo no sepa cómo. Cada sector piensa eso. El sector de Karina Milei cree que los audios de España, de algún modo, los impulsó o los dejó correr Santiago Caputo. Caputo cree que si aparece una cuenta hablando de determinados negocios vinculados a los hermanos Neuss es porque se lo está haciendo el sector de Karina o de Martín Menem. A veces tienen razón, pero se empieza a generar una paranoia.

¿Esto empezó con Villarruel? Vos que sos historiador, ¿se repite el patrón de la pelea entre presidente y vice?

 

Eso pasa siempre. Con Villarruel el conflicto empieza antes, durante la campaña, por la designación de candidatos a diputados en la provincia de Buenos Aires. Ahí se arma un conflicto entre Villarruel y Karina Milei.

Después se agudiza porque a Villarruel le habían prometido áreas como Defensa, Seguridad e Inteligencia. Finalmente queda afuera de cualquier botonera del Poder Ejecutivo. Ponen a Patricia Bullrich en Seguridad, después cambian autoridades en Inteligencia y Defensa queda en manos de Luis Petri. La paranoia genera esto: yo me empiezo a cuidar de aquel que creo que me agrede y esa persona, aunque no me esté agrediendo, termina sintiéndose agredida y me empieza a agredir. La paranoia tiende a confirmarse a sí misma. Entonces, desde la Casa Rosada ven a Villarruel, y tal vez no se equivocan, como alguien que está desarrollando una campaña más o menos solapada para construir un proyecto de poder propio.

Milei se lo dijo en uno de sus discursos cuando habló de quienes estaban preparando el reemplazo en el sillón de Rivadavia y la transmisión oficial enfocó inmediatamente a Villarruel. Esa imagen tenía un contenido político muy claro. Ahí aparece otro conflicto que alimenta estas tensiones.

Hay incluso interpretaciones según las cuales Manuel Adorni estaría siendo particularmente golpeado porque el juez que interviene es Ariel Lijo, que fue considerado cercano a sectores vinculados a Santiago Caputo. No sé hasta dónde llegan esas teorías, pero muestran el clima de sospecha permanente que existe dentro del oficialismo.

Lo cierto es que hay desorden. Y la principal consecuencia del desorden es que no se le presta toda la atención que debería prestarse a gobernar, administrar y tomar decisiones.

Esto está alimentado por un presidente que mira casi exclusivamente la macroeconomía y que tiene cierta reticencia o fobia a involucrarse en estas disputas de poder.

También vemos a un Milei paralizado frente a este conflicto porque se trata de dos personas de las que depende mucho. Por un lado está su hermana, con quien mantiene una relación muy estrecha. Karina está permanentemente a su lado y cumple una función central en su vínculo con el resto de las personas.

Y por otro lado está Santiago Caputo, a quien Milei definió como un hermano y a quien le reconoce una capacidad para manejar cuestiones de poder que él siente que no domina. Hay además un elemento que agrega agresividad a todo esto: las redes sociales, especialmente X. Son redes muy agresivas y ellos se manejan mucho por ese canal.

La red no es el mejor método para comunicarse porque tiene un componente de impulsividad muy fuerte. La gente escribe sin pensar, muchas veces desde el anonimato, y eso termina potenciando los conflictos. Todo esto habla de un grupo político que no tiene la cultura política tradicional y que está experimentando con el poder.

Lo cierto es que hay desorden. Y la principal consecuencia del desorden es que no se le presta toda la atención que debería prestarse a gobernar, administrar y tomar decisiones.

¿Y este grupo político sin experiencia política cómo lo ve la sociedad? ¿Cree que está un poco anestesiada? Porque Milei mira la macro y no la micro, y el bolsillo de la gente está deprimido.

 

A ver, ¿cómo lo mira la sociedad? Esto lo eligió una parte de la sociedad. Hay más del 40% que no lo votó y hubo un 56% que sí lo votó. De ese 56%, solo un 30% lo votó como primera opción, que fueron quienes lo eligieron en las PASO. Creo que el Gobierno tiene un consenso importante. Ese consenso lo va perdiendo, como todo gobierno, y a veces logra revertir esa pérdida, como ocurrió el año pasado.

Los que se desencantan, hasta donde se ve, no van a ningún lado. Entre otras cosas porque probablemente no haya ningún lado. La gente que votó a Patricia Bullrich, por ejemplo, que suele ser la primera que se va, no quiere volver al peronismo. No tiene nada que ver con el peronismo y tampoco encuentra otra referencia clara.

Ahí aparece Mauricio Macri, y no sabemos si incluso la propia Bullrich está pensando en construir algún espacio para contener a esos votantes y eventualmente ofrecérselo después a Milei, que lo va a necesitar.

Lo que vemos es que hay cierto desencanto y creo que ese desencanto es antes que nada imputable a algo muy concreto: la macroeconomía puede ir relativamente bien, subrayo relativamente, pero eso no llega necesariamente a la gente.

Vamos a tener este año una inflación cercana al 30% si todo sale muy bien. Pero para una parte importante de la sociedad, esa economía que se normaliza en el PowerPoint de los economistas y en algunos indicadores macroeconómicos no se traduce en una mejora de su vida cotidiana.

Más bien ocurre lo contrario. Tiene deudas y cada vez más dificultades. Lo primero que hay que mirar es que los precios frenaron su carrera, pero los salarios quedaron atrasados. Hubo un retraso salarial muy importante, especialmente en el sector público. Los aumentos salariales rondaron el 1% mensual y la inflación estuvo por encima de eso. En el sector público hay una pérdida acumulada cercana al 30% desde que llegó Milei al Gobierno. Entonces esa persona va al supermercado y piensa: los precios más o menos son los mismos que la última vez que vine, pero mi sueldo ya no me alcanza para comprar lo que compraba antes. Eso genera frustración.

Después aparece un problema específico que es el endeudamiento. Durante muchos años la Argentina vivió con tasas de interés reales negativas. ¿Qué significa eso? Que la tasa que cobraba el banco era menor que la inflación. Entonces convenía endeudarse porque la inflación iba licuando la deuda.

Eso cambió completamente. Ahora el Gobierno quiere que quienes tienen pesos no corran al dólar. Para lograrlo sube las tasas de interés. El problema es que mucha gente conserva deudas tomadas bajo el esquema anterior y ahora esas deudas se vuelven cada vez más pesadas. Esto está generando un problema enorme que todavía no se ve del todo, pero sí lo ven quienes lo padecen: los bancos, las financieras y las fintech.

Muchas de esas empresas tienen niveles de mora cercanos al 30%. Los bancos, que históricamente tenían una mora de alrededor del 3%, hoy están cerca del 11% en el caso de las familias.

Eso genera preocupación y además produce un efecto económico muy importante. Si soy banco y veo que los préstamos no se cobran, dejo de prestar. Si dejo de prestar hay menos crédito, menos consumo y más enfriamiento de la economía. Ahí está el problema central.

¿Cuál es el desafío de Milei? El mismo desafío que enfrentó cualquier gobierno que quiso estabilizar la economía y terminar con la inflación: evitar que ese proceso termine en una recesión profunda. Que este experimento de estabilización económica, que puede ser saludable, necesario o deseable, no termine en alto desempleo, empresas quebradas y deterioro social.

Puede que la inflación baje y que eso evite un aumento de la pobreza por esa vía, pero mucha gente puede terminar sintiéndose más pobre porque perdió el trabajo o porque atraviesa una recesión. Hoy muchos dueños de pequeñas y medianas empresas no pueden mejorar los salarios porque no venden. No producen porque no les compran. Y si quieren retener a sus empleados terminan castigando los salarios. Por eso está ocurriendo algo muy llamativo: mucha gente ya no usa la tarjeta para comprar en cuotas. Directamente no puede pagar el resumen completo y refinancia el saldo para el mes siguiente.

Sobre ese saldo los bancos cobran tasas altísimas y eso genera una enorme angustia en muchas familias. La gran pregunta es si este malestar podrá revertirse pronto. Y si no se revierte, cuándo aparecerá alguien capaz de darle representación política a esa gente, de ponerle una voz a ese malestar y capitalizarlo. Hasta ahora eso no ocurre y por eso el Gobierno sigue concentrado en sus peleas internas. Están distraídos porque todavía sienten que les sobra poder.

¿Cuál es el desafío de Milei? El mismo desafío que enfrentó cualquier gobierno que quiso estabilizar la economía y terminar con la inflación: evitar que ese proceso termine en una recesión profunda.

También el Gobierno se puso el sayo y levantó la bandera de la moral, del Gobierno moral. Y dentro del mismo Gobierno parecen estar deteriorando esa bandera con casos como el de Adorni.

 

Sí, y no es solamente el caso Adorni. Lo miro como un caso muy expresivo y probablemente muy irritante porque reúne todos los componentes para molestar a la opinión pública. Hace meses que no logra explicar determinadas cuestiones, incurrió en contradicciones y mantiene una actitud que genera rechazo. Ahora bien, si uno analiza la gravedad del caso desde el punto de vista económico o incluso moral, probablemente sea menor frente a otros temas. Estamos hablando de negocios millonarios, de contrataciones directas y de licitaciones que están siendo investigadas, como el caso de Andis.

No me refiero solamente a los audios de Spagnuolo o a situaciones que podrían comprometer a Karina Milei, Martín Menem o Lule Menem. Hablo de un conjunto de situaciones que generan ruido. Puede que estas cosas ocurran en todos los gobiernos, pero acá tienen un costo mayor porque este Gobierno pidió el voto prometiendo regenerar la política y terminar con la corrupción. Se construyó una legitimidad basada en la moral. Hubo dirigentes que señalaban a los demás como corruptos, que hablaban de castas y de ratas.

Cuando uno construye su capital político sobre una superioridad moral, cualquier contradicción tiene un costo mucho más alto.

Milei asumió dándole la espalda al Congreso porque consideraba que esos dirigentes no eran dignos siquiera de ser mirados.

Es una estrategia que hoy se observa en muchos movimientos populistas de Occidente.Pero cuando pedís el voto en nombre de la ética, tu compromiso con la ética tiene que ser impecable.

¿Y en qué grado ponés esto de lo que pasó con el diputado de Quintar?

 

Hay un fenómeno que no es imputable al Gobierno ni a los líderes del Gobierno. En el siglo XIX había una frase que se usaba mucho: "Está en la lógica de las cosas". Todos los movimientos políticos que llegan al poder o que hacen campaña en nombre de la nueva política tienen que buscar recursos humanos, sobre todo candidatos, un poco a ciegas. Tomemos el caso de la provincia de Buenos Aires. La Libertad Avanza, y en este caso Karina Milei, que es la responsable de esta tarea, tuvo que encontrar personas para cubrir 135 listas de concejales. Solamente las listas de concejales. Si a eso le sumamos diputados provinciales, nacionales y senadores, estamos hablando de una estructura enorme.

¿Cómo controlás la calidad de todas esas personas si no las conocés?

 

Muchas veces llegás a un lugar y preguntás quién puede armar una lista o fiscalizar una elección. Entonces aparece alguien que viene de otro partido, que manejó un sindicato o una organización social. Lo incorporás y empezás a descubrir problemas. Si uno mira la historia de algunos dirigentes que aparecen en estos espacios nuevos, muchas veces son personas que ya habían sido rechazadas por la política tradicional. Terminás llegando a la nueva política y te encontrás con fenómenos inesperados.

Hemos visto casos en pequeños pueblos de la provincia de Buenos Aires donde aparecieron candidatos vinculados al narcotráfico o con antecedentes muy cuestionables. ¿Por qué pasa esto? Porque todo aquel que ve en la política y en el Estado una oportunidad para hacer negocios encuentra en estos partidos nuevos una gran oportunidad. Sobre todo si tiene capacidad de financiamiento. Aparece alguien que dice: "Dejá que yo te organizo la lista, la campaña y la estructura". Y detrás puede haber empresarios, personas corruptas o incluso organizaciones criminales interesadas en acercarse al Estado.

Y cuando logran entrar, pueden influir en leyes, contratos o decisiones públicas. Por eso digo que estos no son problemas que vienen necesariamente del Gobierno. Son síntomas de una crisis política muy profunda que atraviesa a la Argentina.

¿Y en esta crisis política cómo están parados y cómo se mueven los gobernadores? Más allá de los distintos signos políticos, porque hoy parece difícil identificar a qué pertenece cada uno.

 

Creo que lo primero que hay es una crisis de identidad en todas las fuerzas políticas, sobre todo en las más tradicionales: el peronismo y el radicalismo. Los gobernadores, y en alguna medida también muchos intendentes, tienen una lógica muy concreta. Lo primero que quiere un gobernador es poder pagar los sueldos. Primero los de la policía, después los de los maestros y los médicos. No quiere tener conflictos en esos sectores. En un contexto de ajuste y caída de la recaudación, la relación con el Gobierno nacional se vuelve fundamental.

Hay muchas provincias que, si no mantienen una buena relación con la Nación y no reciben recursos, tendrían enormes dificultades para afrontar sus obligaciones. Y no pagar salarios significa abrir la puerta al conflicto social, a protestas, a situaciones de caos que la Argentina ya vivió muchas veces. Por eso creo que la mayoría de los gobernadores mantiene una política de acompañamiento al Gobierno nacional.

En muchos lugares donde La Libertad Avanza todavía no tiene una estructura política competitiva existe una especie de pacto tácito. El gobernador le dice al Gobierno nacional: "Yo no te molesto en la política nacional, no te complico con mis legisladores, pero vos tampoco me armás una alternativa fuerte para disputarme la provincia". Esa lógica existe y se está observando en muchos distritos.

¿Por qué un gobernador radical, peronista o del PRO se pelearía con Milei si todavía no existe una alternativa nacional consolidada detrás de la cual encolumnarse? Muchos gobernadores se repliegan sobre su territorio porque todavía no apareció una figura nacional capaz de reorganizar a la oposición. Ahora bien, hay excepciones.

Hay provincias donde La Libertad Avanza tiene posibilidades reales de competir y donde el Gobierno nacional sí busca construir poder propio. Córdoba es una de ellas. También podría ocurrir en Santa Cruz y en otros distritos donde Milei conserva niveles muy altos de apoyo. Pero, en términos generales, los gobernadores están actuando con una lógica muy pragmática.

Estamos frente a una crisis muy profunda de los partidos políticos. La Unión Cívica Radical atraviesa una crisis enorme. Los gobernadores radicales se comportan cada vez más como dirigentes territoriales que responden a sus provincias antes que al Comité Nacional. Y el Comité Nacional lo sabe. Por eso muchas veces ni siquiera fija posiciones demasiado fuertes, porque sabe que después nadie las va a obedecer.

En el caso del peronismo la crisis es todavía más profunda. Hoy no existe una conducción clara, tampoco un proyecto nacional definido y mucho menos una figura capaz de ordenar al conjunto del espacio. Por eso gran parte de la política argentina está funcionando sobre lógicas provinciales y territoriales más que sobre grandes identidades partidarias nacionales.

El gobernador le dice al Gobierno nacional: "Yo no te molesto en la política nacional, no te complico con mis legisladores, pero vos tampoco me armás una alternativa fuerte para disputarme la provincia". Esa lógica existe y se está observando en muchos distritos.

¿Y el peronismo?

 

El peronismo tiene una crisis, primero, de conducción. Quien ha sido la líder de la minoría más intensa y hegemónica dentro del peronismo, que es Cristina Kirchner, tiene hoy dos problemas muy graves. El primero es que le impiden ser candidata. Cristina disciplinó durante mucho tiempo al peronismo y sobre todo al peronismo bonaerense con la amenaza de una candidatura. No necesariamente porque quisiera ser candidata, sino porque podía decir: "Si no te portás bien, te hago una lista en contra y la encabezo yo". Esa amenaza ordenaba. Hoy ya no puede ejercer ese poder.

Y el segundo problema es que el kirchnerismo se partió. Hasta donde vemos hoy, está quebrado en el conurbano bonaerense, que fue siempre la tierra prometida del kirchnerismo. ¿Y cómo se quebró? Con el levantamiento de Axel Kicillof frente a Cristina. Es una película que todavía está en desarrollo. No sabemos cómo va a terminar. Ni ellos lo saben. Esto ocurre en la sala de máquinas de lo que fue la primera minoría que gobernó el peronismo durante todos estos años. Ahora, este fenómeno tan llamativo y tan bonaerense oculta otro fenómeno, que es el del peronismo federal.

Cuando Cristina fue reelecta en 2011, el peronismo gobernaba 20 provincias. Hoy gobierna nueve. Y cuando uno mira la identidad de muchos gobernadores que se definen como peronistas, ya no sabe exactamente qué son. Parecen partidos provinciales. Tratan de desperonizarse, de no tener compromisos nacionales con nadie, para poder concentrarse en la política local. Eso explica también el desdoblamiento de elecciones. No quieren que los problemas nacionales entren en la provincia. Quieren discutir la agenda local.

Y hay una novedad muy interesante: eso empieza a ocurrir también en la provincia de Buenos Aires. La provincia de Buenos Aires siempre fue una especie de cancha auxiliar de la política nacional. Ahora empieza a desdoblar elecciones y podría aparecer algo que nunca existió de manera clara: una agenda bonaerense.

Un salteño puede discutir si Romero fue mejor o peor gobernador que Urtubey, o si Urtubey fue mejor o peor que Sáenz. Pero en Buenos Aires es muy difícil evaluar a un gobernador porque la gestión provincial siempre estuvo escondida detrás de la política nacional. Ahora eso podría cambiar. Y eso debilita todavía más la dimensión nacional de los partidos, especialmente del peronismo.

¿Creés que estamos a un año y tres o cuatro meses de las elecciones y todavía no aparece una figura clara? En otras épocas, a esta altura, Horacio Rodríguez Larreta ya era presidenciable. Hoy no se ve un liderazgo que capitalice un eventual descontento. ¿Qué tiene que hacer la oposición?

 

Lo que pasa es que el triunfo de Milei fue humillante para la clase política tradicional y, por lo tanto, para la oposición. La gente le dijo a Sergio Massa: "No te quiero". Pero dijo algo todavía más fuerte. Le dijo al PRO, a Patricia Bullrich, a Rodríguez Larreta y a Mauricio Macri: "Corranse, prefiero a aquel otro".

Y no eligió a alguien conocido. Eligió a alguien que muchos ni siquiera entendían bien qué decía, pero que percibían como más genuino. Fue un golpe enorme. Es un trauma difícil de comparar históricamente. Se parece bastante al impacto que sufrió el peronismo cuando perdió por primera vez una elección libre frente a Raúl Alfonsín. Entonces recuperar un discurso, encontrar candidatos y reorganizar una fuerza política lleva tiempo.

Ahora no lo vemos, pero el año próximo, cuando empiece a correr el calendario electoral, necesariamente aparecerán candidatos y liderazgos. Y hay que tener cuidado con algo: cuando existe una oposición organizada, los errores del Gobierno empiezan a tener un costo más alto.

Hoy quizás el Gobierno conserva más apoyo del que merecería conservar porque mucha gente no encuentra adónde ir. Pero el día que aparezca una alternativa, la situación cambia. El dueño del único restaurante del pueblo empieza a cuidarse cuando aparece un segundo restaurante donde la gente también puede almorzar.

¿Y qué peso tiene este ensayo político de Dante Gebel?

Hasta ahora, en las encuestas que yo consulto, tiene un peso muy relativo. Estamos hablando de entre 5 y 6%. Ahora bien, en una elección muy ajustada, ese porcentaje puede ser decisivo.

Además, todavía no hizo campaña. Tu pregunta obliga a pensar algo que todavía no conocemos. Si a este Gobierno no le va bien, ¿lo va a reemplazar otro experimento extrapolítico y radicalizado? ¿O la política va a volver a una experiencia más tradicional? Julio María Sanguinetti estuvo hace pocos días en Buenos Aires y dijo que la Argentina necesita un baño de serenidad. Lo dijo sentado al lado de Mauricio Macri.

La pregunta es si el próximo liderazgo va a surgir desde un espacio más moderado o si volveremos a ver una expresión antisistema parecida a la de Milei. Ese es uno de los grandes misterios del futuro.

¿Y a Macri cómo lo ves?

 

Macri tiene un problema enorme y él lo sabe. Lo peor que te puede pasar en política no es que hablen mal de vos. Lo peor es que alguien te quite tus votos. Y eso es exactamente lo que le pasó. Mucha gente que era votante del PRO hoy simpatiza con Milei. Y hay un dato todavía más llamativo: cuanto más macrista era ese votante, más atraído se siente por Milei. No estoy hablando del sector que estaba más cerca de Ernesto Sanz, de Rodríguez Larreta o de Elisa Carrió. Hablo del núcleo duro más fiscalista, más ajustador, más identificado con la derecha del PRO.

Ese votante hoy está con Milei. Supongo que Macri apuesta a que haya un desgaste del Gobierno, ya sea por la economía o por los modos del Presidente. Pero yo creo que los modales de Milei solo van a convertirse en un problema si las prestaciones económicas dejan de ser satisfactorias. Voy a decir algo más incómodo todavía: incluso la ética importa menos cuando la gente siente que vive mejor.

Si tuvieras que enumerar las buenas noticias que la gente percibe del Gobierno, ¿cuáles serían?

La baja de la inflación es muy importante. También hay algo que quizás en el norte argentino no se percibe con la misma intensidad que en Buenos Aires: la sensación de orden público. Muchos ciudadanos creen que el Gobierno logró arrinconar a organizaciones que vivían de la intermediación de la pobreza y que desaparecieron del espacio público. Después hay cuestiones más técnicas, como el equilibrio fiscal. Se consiguió con un ajuste muy fuerte y todavía no sabemos cuánto tiempo puede sostenerse, porque ya aparecen tensiones en áreas sensibles como el PAMI, las Fuerzas Armadas y las fuerzas de seguridad.

Y después hay sectores completos de la economía que están celebrando. Pienso en los hidrocarburos, la minería y, en alguna medida, el campo. Todo lo relacionado con el RIGI y las ventajas que se están otorgando para atraer inversiones genera enormes expectativas. Cada vez que vengo a Salta veo más dinamismo económico. Me impresiona el movimiento, la cantidad de camionetas, la actividad que se percibe. Ahora bien, no sabemos cuánto de esa riqueza va a derramar sobre el conjunto de la sociedad.

Ese es el gran interrogante.  No sabemos si estos procesos van a generar provincias más desarrolladas y sofisticadas o si van a producir modelos donde la riqueza quede concentrada en pocos sectores y aparezcan liderazgos cada vez más autoritarios. La historia todavía no respondió esa pregunta.

Si tuvieras que entrevistar hoy a Javier Milei, ¿qué le preguntarías?

 

Le preguntaría por el problema productivo. Yo creo que él confía en que la aplicación de su programa económico y el funcionamiento del mercado van a terminar generando una transición exitosa.

Pero esa es justamente la gran discusión. Hay quienes sostienen que con este tipo de cambio es muy difícil invertir, producir y desarrollar negocios rentables. Y también existe otra mirada dentro de la política, que dice algo bastante cínico: dejemos que Milei haga el ajuste que nadie se animó a hacer. Porque si logra ordenar la economía, quien venga después podría encontrarse con una situación mucho más favorable.

No sé si Mauricio Macri no piensa algo parecido. Tal vez imagina que el próximo gobierno recibirá una economía mucho más ordenada que la que él recibió de Cristina Kirchner.

 

¿Cómo receptás estos mensajes tan duros de Milei contra los periodistas, cuando dice que todavía no se odia lo suficiente a los periodistas?

Milei ejerce un liderazgo populista. Y el populismo siempre ataca a dos instituciones: la prensa y la Justicia. Porque son las instituciones que limitan el poder. El populismo reconoce una sola legitimidad, la del líder respaldado por el voto. Por eso vemos con Milei cosas que ya vimos con el kirchnerismo y que se observan en muchos países. Él lo expresa de una manera especialmente agresiva, pero la agresividad forma parte de la tradición política argentina y hoy además está amplificada por las redes sociales. Dicho esto, tengo una posición personal.

Creo que quien hace periodismo político sabe que está expuesto a la dureza de la lucha por el poder. Nosotros no somos políticos, pero trabajamos alrededor de la política. Y hay una frase que resume bastante bien mi visión: al que no le guste el calor, que no se acerque a la cocina.

¿Milei logró lo que logró, en parte, por el fuerte apoyo de Estados Unidos?

Sí, claramente. Estados Unidos le dio dos cosas.

Primero, ayuda concreta. Si no hubiera existido ese respaldo en momentos muy delicados, el Gobierno habría atravesado una situación mucho más complicada. Y segundo, algo menos visible pero igual de importante: la sensación de que existe un garante de última instancia. Los mercados, los inversores y buena parte de la dirigencia política perciben que, si las cosas se complican, Estados Unidos va a estar ahí.

Eso le da a Milei un margen de error mucho más amplio. Además, la relación con Donald Trump es central para el Gobierno. Y eso se ve también en el acceso al financiamiento internacional y en la capacidad de conseguir apoyo dentro de organismos multilaterales de crédito.

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