inicia sesión o regístrate.
Por Ing. Susana Gea
(Comisión Riesgo Sísmico del Copaipa)
La promoción de una cultura de protección civil es la base para crear conciencia en la población acerca de los riesgos y peligros que le acechan Una vez más, como lo hacemos para esta fecha, invitamos a reflexionar sobre la peligrosidad sísmica en Salta, recordando que esta es elevada en nuestra ciudad y haciendo hincapié en que el conocimiento reduce el riesgo, cualquiera que este sea.
En esta oportunidad, desde la Comisión Riesgo Sísmico del COPAIPA, queremos poner atención a los cerros que flanquean a la ciudad por el este, de norte a sur y que son parte de la sierra de Mojotoro. Se trata de laderas naturales, las que a través del tiempo adquirieron estabilidad suficiente, incluso frente a la acción de los sismos ocurridos en tiempos históricos.
Hoy cobran importancia porque la ciudad ha incrementado considerablemente la ocupación de estas laderas. Entonces cabe analizar cuánto se ha intervenido en este equilibrio natural sabiendo que es muy importante que el suelo esté densamente cubierto, ya que los extensos sistemas de raíces de la vegetación imparten estabilidad a los suelos arcillosos; además, el suelo, el drenaje superficial y el subterráneo pueden tener una fuerte influencia en la estabilidad de las pendientes.
Esto último se debe a que uno de los factores más importantes de la pérdida de estabilidad de laderas es el incremento de peso del terreno producido por la acumulación de agua.
Así, los terrenos que han sido históricamente estables están siendo sometidos a desmontes, excavaciones, modificación de sus alturas y pendientes naturales, cambios de escurrimientos, incorporación de agua por fugas en redes, construcción de pozos sépticos, o a elevadas cargas por acumulación de agua o por la introducción de estructuras artificiales.
Estas laderas pueden entonces, si las intervenciones han sido inadecuadas, haberse vuelto peligrosas ante un sismo.
Debemos evitar que se repitan siniestros fatales, como el que presenciamos este año en la etapa de construcción de una edificación en la ladera del cerro San Bernardo, que se produjo sin siquiera la acción sísmica.
Luego, resulta determinante para la seguridad, que cualquier trabajo a realizar en las laderas, ya sea para la construcción de edificios de cualquier altura (incluidas viviendas de una planta), apertura de calles y accesos o instalación de redes, debe ser afrontado por un ingeniero civil, tanto en la etapa de proyecto como el seguimiento de la ejecución de excavaciones o nivelaciones y de las obras de sostenimiento, drenajes, etcétera.
Por otro lado, y ante la posible inestabilidad que mencionamos más arriba, todos deberíamos saber cuáles son sus indicios o síntomas. Estos síntomas pueden observarse a simple vista; por ejemplo, el incremento de agua que fluye, escalones o agrietamientos en el terreno, depresiones o hundimientos, inclinación de árboles y cercas o roturas o deformaciones en muros de sostenimiento.
El riesgo potencial introducido por malas prácticas en la intervención de laderas debe ser estudiado, pues es susceptible de ser mitigado. La ingeniería es capaz de incorporar técnicas de estabilización: sistemas de drenaje para evacuar el exceso de agua, construcción de muros y gaviones, pilotes y anclajes, protección superficial, modificación de la geometría de la ladera, bioingeniería y reforestación.