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Güemes, el primer gobernador electo de Salta

Juró como gobernador ante el alcalde de primer voto, Miguel Francisco Aráoz, el 6 de mayo de 1815
Domingo, 10 de mayo de 2026 01:34

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El pasado 6 de mayo se cumplió el 211° aniversario del acto electoral que consagró como gobernador de Salta al coronel Martin Miguel de Güemes. Ese día de 1815, los cabildantes Miguel Francisco Aráoz, Gaspar Castellanos, Alejo Arias, José Mariano San Millán y Figueroa, Juan de la Cruz Monge y Ortega, Juan Manuel Güemes, Inocencio Torino, Angel López, Pedro Antonio Arias Velázquez y el Secretario Escribano Félix Ignacio Molinas, se reunieron en la Sala Capitular del Cabildo para considerar los informes enviados por su par de Buenos Aires. Ese correo avisaba del derrocamiento de Carlos María de Alvear (1789-1852) y su reemplazo por el brigadier José Rondeau como director supremo y del coronel Ignacio Alvarez Thomas (1787-1857) como suplente, hasta tanto concluyera el primero su campaña en el Alto Perú.

Y así fue que aquel 6 de mayo los cabildantes se reunieron para tratar los informes arribados de Buenos Aires mientras en las galerías del Cabildo y la plaza, vecinos y pueblo en general comenzaban a pedir que se designara un gobernador. Fue entonces que el doctor Arias Velázquez, a la sazón procurador de la ciudad, se acercó a los "auto convocados" para informar que la sesión de los cabildantes era solo para tratar la comunicación del Cabildo de la capital. Pero no obstantes las razones expuestas por el procurador, la gente reiteró su petición: que se designara un gobernador. Finalmente y luego de tratativas, el Cabildo se avino a considerar la petición de los vecinos entre los que estaba el coronel Martín Güemes.

Y así fue que ese mismo día, por voto popular y secreto, "resultó electo casi por una general votación –dice el Acta del Cabildo- el señor coronel Martín Miguel de Güemes, a quien, por petición del mismo pueblo, se lo puso en posesión en dicho acto, procediendo al juramento de estilo, que se lo recibió el alcalde de primer voto, don Miguel Francisco Aráoz".

Hasta aquí, lo sucedido aquel 6 de mayo de 1815, aunque quizá sea necesario reiterar que aquella elección fue un acto transparente y sin violencia, según consta en el Acta del Cabildo. Bajo ningún aspecto fue una "usurpación" como dijeron las autoridades porteñas, algunos círculos adversos a Güemes de Salta y de Jujuy, al igual que el jefe del Ejército del Norte, brigadier José Rondeau, quien, un año después se retractó cuando el "Pacto de los Cerrillos".

La realidad

A esta altura de las circunstancias también es bueno recordar la situación que vivían Salta y el Ejercito del Norte al momento de la elección de Güemes. Para ello debemos remontarnos al 14 de noviembre de 1814, cuando el Director Gervasio Posadas designó como gobernador de nuestra provincia al coronel rioplatense Hilarión de la Quintana (1774-1841). Un militar que junto al ejército de Alvear había participado de la toma de Montevideo, su ciudad natal. El hecho es que Quintana partió rumbo a Salta y cuando llegó a Tucumán comenzó a sentir la hostilidad de los norteños hacia los delegados enviados por la capital. Y pese a que conducía tropas de refuerzo para el Ejercito del Norte, la animadversión se hizo más evidente cuando luego de Trancas ingresó a territorio salteño. Así por ejemplo, en las postas no encontró auxilio de cabalgaduras y tampoco de tropa, dos hechos que le permitieron alcanzar Salta en estado calamitoso cuando ya concluía el año 1814.

El 1 de enero de 1815, Hilarión de la Quintana asumió como gobernador de Salta y a poco la hostilidad inicial fue amainando, lo que al parecer le hizo creer que podía hacer lo que le vinieran en gana. Y así fue que luego de haber gravado al vecindario con una gruesa contribución, antes de los tres meses, más exactamente el 26 de marzo, sin decir agua va ni agua viene, abandonó Salta para sumarse al ejército de Rondeau, estacionado desde hacía un buen tiempo en Huacalera. Y de esta forma, sin causas ni explicaciones, dejó su residencia oficial y en las ancas de su caballo se llevó su "gabinete en pleno", dejando aquí solo la administración de justicia en manos del alcalde de primer voto y la de hacienda en las del contador. De más está decir que esta absurda decisión causó gran indignación en el vecindario por considerarla una falta de respeto a Salta y a sus vecinos. Con esta actitud, dice el doctor Bernardo Frías, "volvía pues a verse a estos gobernadores que enviaba la capital (Buenos Aires) a las provincias desde 1810, en el mismo pie de sospecha y alevosía que lo estuvieron en aquel año y en el anterior de 1809 los gobernadores españoles…". El resultado fue que a poco la administración de la provincia se desquició y si por ejemplo, algún vecino debía realizar un determinado trámite, trabajosamente debía trasladarse hasta donde se encontrara el gobierno móvil de don Quintana.

Y por si algún ingrediente faltaba al desorden que reinaba en la provincia, a poco se supo que Quintana era uno de los que habían estado involucrado en las tratativas con Joaquín de la Pezuela (1761-1830) el jefe español que meses después, derrotó a Rondeau en Sipe Sipe (29/11/1815). Y así fue que Quintana, por este cargo ignominioso, se vio obligado a renunciar como gobernador de Salta en marzo de 1815.

Indisciplina cuartelera

Y mientras Salta vivía en un clima de anarquía y desquicio a causa del gobernador ausente, en el Ejército del Norte las cosas iban de mal en peor y sino escuchemos al Dr. Bernardo Frías cuando describe lo que ocurría las tropas patriotas meses antes de Sipe-Sipe: "Había engrosado el número de tropas hasta 6.000 hombres en el ejército que comandaba Rondeau; pero una deserción incontenible que no cesaba, lo tenía reducido solo a 4.000. Su inacción, tan larga, tan estéril en Tucumán y luego en Jujuy, había hecho como olvidar la rigidez de la vida militar que da una continua campaña y tomar a muchos jefes en campeones de bandos ambiciosos. Uno de ellos, que dirigía el coronel (Carlos) Forest (1787-1823), francés, aventurero que mandaba el N° 1, hombre fanfarrón, estúpido y malcriado, pretendía nada menos que derribar al general (Rondeau) de su puesto; y el otro, que encabezaba (Manuel Vicente) Pagoda (1781-1844) coronel también, sostenía la autoridad de Rondeau. Eran estos dos corifeos que tenían a todo el ejército envuelto en el escándalo y el desorden. Disputaban por quien se precedía en la marcha, o cual de ambos con su cuerpo ganaba el mejor punto para pasar la noche, por ejemplo. Hallaban satisfacción en burlarse del general (Rondeau) hasta el extremo de no llamarlo por su grado sino por apodos, y de desoír sus órdenes y responderle con recados de insultos que los ayudantes, por propia dignidad personal, se negaban a transmitir. Nada diremos ahora de la moral –continúa Frías- y conducta privada de tales jefes, que en cuanto a ostentación de sus malos hábitos, quizá sobrepujaban a los más escandalosos del tiempo de Castelli…". Estas pocas líneas de Frías son más que suficientes para saber lo que cabalmente sucedía en el ejército de Rondeau y donde Güemes prestaba servicio con sus gauchos de Salta, Jujuy y Tarija.

Güemes asume el liderazgo y frustra la invasión realista

Ante este escandaloso estado de cosas y sumado a ello, las tratativas secretas con Pezuela, Güemes resolvió apartarse del ejército de Rondeau por considerar que éste marchaba a una derrota segura. Su apartamiento se concretó el 18 de abril de 1815, un mes después que Quintana se alejara de la provincia, que reiteramos, vivía en estado anarquía y además, estaba peligrosamente desguarnecida.

Ante este estado de cosas, la reflexión de Güemes fue sencilla y cabal: si en la confrontación que se avecinaba, el realista Pezuela doblegaba a Rondoeu, el próximo paso del español sería avanzar sobre las provincias sureñas, entre ellas, Salta y Tucumán. Fue esta conclusión la que llevó a Güemes abandonar el ejército de Rondeau por motivos de salud, regresar a Salta y asumir la conducción política y militar de la provincia.

A los seis meses, el pronóstico de Güemes se cumplió al pie de la letra: el 29 de noviembre de 1815 José Rondeau es derrotado sin atenuantes por los realistas de Joaquín de la Pezuela en Sipe Sipe o Viluma. De inmediato, España se da a la tarea de reorganizar sus fuerzas del Alto Perú para invadir las provincias del sur y así, antes de ese año la "Invasión de la Serna" llegó a Humahuaca el 24 de diciembre de 1816; a San Salvador de Jujuy el 6 de enero de 1817, y a Salta el 15 de abril. En nuestra ciudad, las tropas del noble militar español y exvirrey del Perú, José de la Serna, se vieron forzadas a abandonar Salta a solo diecinueve días de haber arribado. Se retiraron humilladas, avergonzadas y amparadas por la noche del 4 de mayo de 1817. Quienes habían vencido a Napoleón en Europa, no pudieron trasponer Salta para recuperar la colonia perdida en 1810. Martin Güemes, sus gauchos y la férrea defensa organizada a partir de su asunción como gobernador se lo impidieron. Atrás quedaron, por esta vez, quienes habían acusado a Güemes de "usurpar" la gobernación.

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