La histórica visita del papa León XIV a España dejó momentos imborrables para los fieles y voluntarios que colaboraron con la organización. Anahí Rangeón, una joven salteña que formó parte del equipo encargado de recibir al pontífice en Barcelona, relató la experiencia fue intensa y emotiva, marcada por el calor y la multitud que se acercó al Estadio Olímpico de Montjuic Lluís Companys y a la Catedral de Barcelona.
En diálogo con El Tribuno, Rangeón describió cómo se organizaron los equipos: “Formamos varios grupos. Unos estaban encargados de recibir a la gente, otros de repartir agua, de guiar a los fieles a los confesionarios, etc. Cada grupo con su coordinador. Gracias a Dios todo salió perfecto”. La joven destacó el trabajo conjunto y la disciplina de los voluntarios, que permitió que la jornada transcurriera sin inconvenientes.
La experiencia más significativa para Anahí ocurrió en la Catedral, donde pudo recibir directamente la bendición del papa León XIV. “Cuando pasó al lado mío solo atiné a decirle ‘Santo Padre’, me miró, se sonrió y me bendijo. Lo tuve dos veces frente mío. Me impactó su humildad, su cercanía y su entrega para llevar el mensaje de Jesucristo, en este caso a todos los españoles. Nos trajo mucha esperanza, en momentos complejos para Europa y el mundo”, relató.
El pontífice sostuvo encuentros con jóvenes que dejaron testimonios profundos sobre sus vidas. Uno de ellos expresó cómo, en un entorno que promueve la imagen y el éxito, encontró vacío hasta que se acercó a la fe: “Crecemos escuchando que el único objetivo de la vida es tener éxito y cuidar nuestra imagen… Entonces, buscando respuestas, mi vida dio un giro cuando recibí el bautismo. Ahora que este camino es nuevo para mí le pregunto: ¿cómo podemos mantener la mirada alzada hacia lo que verdad importa cuando la sociedad nos empuja a mirar constantemente hacia el suelo?”.
León XIV respondió con un mensaje claro: “En medio de las alegrías, los éxitos y las derrotas nos damos cuenta que necesitamos otra agua para saciarnos más profundamente… Es dentro de esta sociedad que los jóvenes deben descubrir el valor de una vida más humana, abierta al encuentro con Dios y la alegría de la fe… Hay que buscar dentro y no dejarnos abrumar por los ritmos y las seducciones externas, cultivando espacios de silencio, deteniéndonos algunos minutos al día para dedicárselos a Dios”.
Durante la jornada, los jóvenes participaron activamente, compartiendo experiencias y emociones en un diálogo que abordó temas sensibles como la depresión, la violencia doméstica y las relaciones familiares tóxicas. León XIV agradeció su honestidad y llamó a encontrar consuelo en la fe, destacando que el malestar invisible de los jóvenes, comparado con el sufrimiento de Cristo en la cruz, merece atención y acompañamiento. Además, exhortó a mejorar los servicios de salud y la atención a la violencia doméstica y a los problemas de salud mental.
La visita incluyó momentos culturales y religiosos que marcaron la jornada. Tres jóvenes compartieron sus testimonios, se realizó la tradicional subida de la cruz con la figura de Jesús y la jornada cerró con la actuación de Sergio Dalma acompañado por la Escolanía de Montserrat, un coro de niños que aportó solemnidad y emoción al evento. León XIV también sorprendió al pronunciar más palabras en catalán de lo inicialmente previsto durante la vigilia de oración, fortaleciendo la conexión con los jóvenes españoles.
España, país de marcado pasado católico, atravesó décadas de secularización y crisis religiosa, pero recientes informes eclesiásticos y sociológicos señalan un interés creciente de los jóvenes por la vida espiritual. La visita del pontífice, con su cercanía y mensaje de esperanza, se enmarca en este contexto de búsqueda y reencuentro con la fe.
El momento culminante de la visita será la inauguración de la imponente torre central de Jesucristo en la Sagrada Familia, que se espera marque un hito histórico. Para Anahí Rangeón, la experiencia fue inolvidable y refleja la posibilidad de que la juventud participe activamente en la vida religiosa, combinando el voluntariado con la vivencia directa de la fe. Ella, precisamente, es una de las encargadas de los movimientos juveniles de la histórica iglesia de la Sagrada Familia.
“Estar frente al Papa, recibir su bendición y ver cómo miles de jóvenes se emocionaban y participaban activamente me hizo sentir que todo el esfuerzo valió la pena”, concluyó la salteña, orgullosa de formar parte de una experiencia que quedará marcada en la historia de Barcelona y en su propia vida.