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"Prefieren no comer, pero sí consumir": el avance de la droga expone una crisis social en los barrios de Salta

Vecinos de los barrios Juan Manuel de Rosas, Las Colinas, Villa Chartas, Fraternidad y otros sectores de la ciudad señalan una realidad que se profundiza: niños de apenas 11 años consumiendo drogas, adolescentes utilizados para vender estupefacientes, personas en situación de calle, robos para sostener el consumo y casos de prostitución juvenil asociados a las adicciones. Reclaman más prevención, contención y presencia del Estado.
Sabado, 20 de junio de 2026 16:42
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La preocupación atraviesa a los barrios de norte a sur de la ciudad. Los relatos son distintos, pero las escenas que describen los vecinos terminan pareciéndose demasiado: adolescentes consumiendo en las esquinas, niños que comienzan cada vez más temprano, familias que dejan de reconocer a sus propios hijos y jóvenes que terminan durmiendo en la calle después de años de consumo.

En diálogo con El Tribuno, referentes barriales y vecinos coincidieron en que la droga dejó de ser una problemática aislada para convertirse en una preocupación cotidiana que afecta la convivencia, la seguridad y el tejido social de numerosas comunidades.

Juan Manuel de Rosas: "Las calles de noche parecen una peatonal"

María Fernanda Mamani, referente vecinal de barrio Juan Manuel de Rosas, es una de las voces que desde hace años viene denunciando la problemática. Su diagnóstico es contundente. "Lamentablemente cada temporada que pasa se incrementan mucho más los vendedores", afirmó.

Según explicó, hace apenas dos meses tenía identificadas 27 bocas de expendio dentro del barrio y asegura que actualmente son más.

Para ella, el problema ya no puede explicarse únicamente por cuestiones económicas. "Muchos dicen que es por la crisis, pero el vendedor vende porque le gusta la plata fácil", sostuvo.

La vecina aseguró que la droga circula con facilidad y que los consumidores son cada vez más jóvenes. "Los más chiquitos son los que están más sumergidos. Ya con 11 años ves nenas y varones consumiendo", relató.

Según describió, durante la noche los movimientos vinculados a la venta son permanentes. "Las calles parecen una peatonal. Hay gente entrando y saliendo todo el tiempo", afirmó.

Esa descripción coincide con lo que observa Lorena, una vecina que vive sobre calle Cuarrachino, en uno de los sectores más afectados del barrio. Según contó, la situación se agravó durante los últimos años y hoy las noches se transformaron en un constante desfile de personas vinculadas al consumo y la venta de drogas. "La verdad que acá no se puede. De noche esto es una avenida. Están los chicos, no nos dejan dormir, hay peleas, venden, van y vienen todo el tiempo. Es preocupante porque hay chicos muy chicos que están entrando en esto", expresó.

La mujer aseguró que ya no se trata únicamente de vecinos del lugar. "No son solamente chicos del barrio. Viene gente de otras zonas también. Hay jóvenes que nunca vimos y aparecen acá durante la noche", sostuvo.

Según describió, en la zona conviven el consumo y la comercialización de distintas sustancias. "Acá venden y consumen. Ese es el problema. Cada vez se ve más gente. Yo vi chicos fumando marihuana, vi venta de pasta base y otras cosas. Es muy triste ver cómo están algunos jóvenes", manifestó.

Lorena señaló que la presencia de adolescentes cada vez más jóvenes es una de las cuestiones que más alarma genera entre las familias. "Hay chicos de 12, 13 o 14 años. También chicas muy jovencitas. Son chicas muy lindas que uno ve completamente abandonadas", lamentó.

La preocupación por las adolescentes

Uno de los aspectos que más inquieta a los vecinos tiene relación con la presencia de adolescentes y mujeres jóvenes vinculadas al consumo.

Lorena aseguró que con frecuencia observa a chicas muy jóvenes llegar durante la noche a los sectores donde se comercializan estupefacientes. "Vienen chicas muy jovencitas, muy jóvenes. Uno se imagina que muchas veces deben terminar ejerciendo la prostitución para conseguir droga porque las situaciones en las que se las ve son realmente preocupantes", afirmó.

Su relato coincide con las advertencias realizadas por Mamani, quien desde hace años denuncia situaciones similares vinculadas a adolescentes que buscan dinero para sostener el consumo.

Familias expuestas a diario

La vecina explicó que la situación afecta especialmente a las familias trabajadoras del barrio.

En su caso, relató que una de sus hijas regresa tarde de trabajar y que sus hijos deben salir temprano hacia la escuela atravesando escenarios que considera inapropiados para menores.

"Los chicos ven todo. Ven las peleas, escuchan insultos, observan cómo consumen. También pasa la gente que va a tomar el colectivo o sale a trabajar de madrugada y se encuentra con estas situaciones", señaló.

Según describió, la actividad vinculada a la droga no tiene horarios definidos. "Acá no hay horarios. Ellos no miden consecuencias. Lo hacen durante todo el día, aunque por la noche es mucho peor", explicó.

Incluso denunció que en algunos sectores se dañan intencionalmente las luminarias públicas para favorecer la oscuridad. "Hay focos que los rompen para quedarse sin luz. Buscan la oscuridad para poder vender tranquilos", sostuvo.

Reclamos por más seguridad

Ante este panorama, los vecinos reclaman una mayor presencia policial y mejores condiciones de seguridad urbana. "Necesitamos más seguridad, más iluminación y más recorridos policiales. Muchas veces llamamos cuando hay problemas y la Policía demora bastante en llegar. Nos sentimos muy solos", afirmó Lorena a El Tribuno.

La mujer considera que el deterioro económico puede influir en parte del fenómeno, pero advierte que el foco principal debe estar puesto en los menores que están ingresando al consumo.

"No sé exactamente por qué aumentó tanto. Puede tener que ver con la situación económica, pero lo que más preocupa son los chicos. Hay chicos muy pequeños que ya están metidos en esto y eso es lo más triste", finalizó.

Mamani también cuestionó la escasez de procedimientos. Recordó que entre algunos allanamientos llegaron a transcurrir años y explicó que los procesos judiciales suelen ser extensos porque exigen seguimientos, fotografías, registros y pruebas que permitan avanzar con las causas.

"Los vecinos ayudan, se hacen denuncias, se arma una carpeta, pero muchas veces pasan seis o siete meses hasta que se logra un allanamiento", señaló.

A su entender, la magnitud del problema también supera la capacidad operativa de los organismos encargados de combatir el narcotráfico. "La gente que trabaja en drogas peligrosas no tiene solamente Juan Manuel de Rosas. Tiene toda la zona norte, La Caldera, Vaqueros. Es imposible combatir algo tan grande con tan poco personal", sostuvo.

"La familia es la que más sufre"

La dirigente barrial aseguró que el impacto más profundo se observa dentro de los hogares. "Hay familias donde cuatro hijos viven en la misma casa y tres están consumiendo", lamentó.

Según explicó, muchas madres atraviesan situaciones desesperantes porque no encuentran herramientas para ayudar a sus hijos.

También cuestionó los sistemas de rehabilitación ambulatoria. "No sirve que estén contenidos durante el día si a la noche vuelven al mismo lugar donde consumen. Es cuando más abstinencia tienen y más quieren salir a la calle", afirmó.

La referente describió escenas que considera dolorosas. "Los chicos están como zombis. Vas a la zona del río y ves jóvenes completamente perdidos por la droga", expresó.

Prostitución, enfermedades y robos

Uno de los aspectos más delicados del testimonio de Mamani está relacionado con la prostitución vinculada al consumo.

Según afirmó, se trata de una problemática que lleva años denunciando. "Si una chica cae en consumo a los 12 o 13 años, después busca cómo conseguir droga. Muchas terminan prostituyéndose", sostuvo.

La dirigente explicó que la situación se observa desde hace años en sectores de avenida Libertad y aseguró que detrás aparecen otras consecuencias igual de graves.

"Hablamos de contagios de HIV, de personas enfermas, de gente que murió. Son cosas que pasan y de las que nadie habla", denunció.

Según relató, muchas adolescentes y mujeres jóvenes intercambian sexo por dinero destinado exclusivamente a la compra de drogas. "Ellas mismas te venden todo. Si les das comida, la venden para consumir", afirmó.

A esto se suman los robos. "Todo lo robado termina en las bocas de expendio. Todo va a parar ahí", aseguró.

"Todos saben quién vende"

Mamani también sostuvo que los vecinos tienen identificados numerosos puntos de venta. "Todo el mundo sabe quién vende", afirmó.

Incluso contó una experiencia personal ocurrida frente a su domicilio. Según relató, un joven comenzó a vender drogas las 24 horas del día y decidió hablar con la madre para alertarla. La respuesta fue una serie de insultos y agresiones. "La madre lo defendía. Eso lo hacía sentir más fuerte", recordó.

La referente también denunció nuevas modalidades de comercialización. "Hay chicas que recorren el barrio en bicicleta o en moto repartiendo droga. También hay zapatillas colgadas en distintos sectores que marcan lugares donde se vende", afirmó.

Según agregó, algunos comercios funcionan como fachada. "Hay sangucherías abiertas durante la noche que sirven de pantalla para seguir vendiendo", denunció.

Barrio Las Colinas: el avance sobre los adolescentes

Oscar Argañaraz, presidente del centro vecinal, explicó que la situación cambió durante los últimos años. "Antes había dos o tres puntos de venta específicos. La gente venía desde otros barrios a comprar ahí", recordó.

Actualmente observa una modalidad diferente. "Pareciera que utilizan a los mismos jóvenes consumidores para vender. No sé si les pagan con droga o con dinero, pero se los ve involucrados", afirmó.

Según explicó, el consumo comienza cada vez más temprano. "Hay chicos de 12 años consumiendo marihuana y pasta base", sostuvo.

Argañaraz señaló que existe actualmente un punto de venta denunciado en reiteradas oportunidades y que los vecinos colaboran aportando fotografías y datos para facilitar la investigación. "Se viene trabajando con la brigada porque para que un fiscal autorice un allanamiento necesitan pruebas concretas", explicó.

Padres ausentes y jóvenes en situación de calle

El dirigente aseguró que las adicciones suelen desarrollarse en contextos familiares complejos. "Muchas veces hay padres ausentes y madres que tienen que sostener solas hogares con cuatro o cinco hijos", señaló.

Según explicó, algunas familias terminan completamente desbordadas por la situación.

También aseguró que existen jóvenes que actualmente viven en situación de calle dentro del barrio. "Tienen familiares cerca, pero ya están totalmente atravesados por el consumo", lamentó.

El deporte como alternativa

Frente a este panorama, Argañaraz destacó la labor de una escuela deportiva impulsada por un instructor que llega desde Cerrillos para trabajar con niños del barrio. "Lo hace prácticamente por compromiso. Cobra una cuota mínima porque los chicos no pueden pagar más", explicó.

Según indicó, la actividad se convirtió en uno de los pocos espacios de contención disponibles. "Si no los contiene el deporte, los termina conteniendo la calle", resumió.

Villa Chartas: preocupación y prevención

Sebastián Villagrán, presidente del centro vecinal, reconoció que las adicciones preocupan a los vecinos, aunque señaló que el escenario es diferente al de otros barrios. "La preocupación existe porque es un problema que avanza en toda la sociedad", afirmó.

Según explicó, los casos aparecen principalmente entre adolescentes de 16 y 17 años. Villagrán destacó el trabajo policial realizado en procedimientos vinculados a la venta de drogas y señaló que hubo operativos que permitieron intervenir en algunos puntos de expendió.

Sin embargo, considera que la prevención sigue siendo una asignatura pendiente. "No vemos programas constantes de contención o acompañamiento", sostuvo.

El sueño de un gimnasio para contener a los chicos

El dirigente explicó que desde el centro vecinal impulsan la construcción de un gimnasio para una escuela de boxeo. "Nos faltan algunas chapas y pocos materiales para terminarlo", comentó. A su entender, el deporte constituye una herramienta fundamental para prevenir las adicciones. "Tal vez podamos contener a diez o quince chicos, pero esos diez o quince chicos son diez o quince historias que pueden tomar otro camino", afirmó.

También destacó el rol de las escuelas, los clubes y las instituciones barriales. "La prevención no puede recaer solamente en la policía. Tiene que ser un trabajo de todos", sostuvo.

Barrio Fraternidad y la zona sudeste: "Detrás de cada adicto hay una familia que llora"

Javier Mamani, referente vecinal del barrio Fraternidad y de distintos sectores de la zona sudeste, habla de la problemática desde una mirada profundamente humana.

Durante la entrevista, en más de una oportunidad se emocionó al recordar situaciones que observa diariamente. "Está golpeando muy fuerte la drogadicción. Cada vez se ven más jóvenes, más niños y también más adultos consumiendo", afirmó.

Según explicó, la problemática atraviesa a barrios como Fraternidad, Norte Grande, San Benito, San Ignacio, San Francisco, Solidaridad, San Alfonso y 20 de Junio.

Niños consumiendo cerca de las escuelas

Uno de los relatos que más lo impactó tiene relación con los compañeros de escuela de su propio hijo. "Yo los vi. Son chicos de 11 o 12 años. Compañeros de mi hijo consumiendo. Y como padre eso me duele muchísimo", expresó.

Según explicó, los propios alumnos identifican quiénes consumen y comentan la situación entre ellos. "Los chicos saben quién consume y quién vende. Lo ven todos los días", sostuvo.

Cuando la droga rompe a una familia

Para Mamani, el drama más profundo ocurre puertas adentro de las casas. "Detrás de cada persona adicta hay una familia que llora, que sufre y que muchas veces no sabe cómo ayudar", afirmó.

Según relató, el consumo lleva a muchas personas a robar primero dentro de sus hogares. "Empiezan llevándose cosas de la casa. Después siguen con las cosas de los vecinos", explicó.

Con el tiempo, muchas familias terminan alejándose del consumidor. "Los terminan sacando de la casa porque ya no saben qué hacer. Y los ves durmiendo afuera, bajo la lluvia o bajo el sol", describió.

Chicas jóvenes que venden su cuerpo

Otro fenómeno que preocupa especialmente al referente es la situación de adolescentes y mujeres jóvenes vinculadas al consumo. "Hay chicas de 16, 17 o 18 años que venden su cuerpo para conseguir dinero y comprar droga", denunció.

La situación lo conmueve especialmente porque es padre. "Tengo hijas y me duele ver eso", expresó.

Más contención y menos abandono

Mamani considera que la solución debe incluir centros de rehabilitación, acompañamiento psicológico, talleres y programas sociales. "No alcanza con señalar el problema. Hay que dar herramientas para ayudar a las personas", sostuvo.

Según explicó, muchas veces los consumidores son rechazados por la sociedad, golpeados o expulsados de sus hogares, pero no encuentran lugares donde iniciar un proceso de recuperación. "Lo que hace falta es contención. Porque si no, terminan cada vez peor", finalizó.

Una problemática que atraviesa a toda la ciudad

Las historias cambian según el barrio, pero las preocupaciones son similares. Los vecinos hablan de niños consumiendo desde los 11 años, adolescentes utilizados para vender droga, jóvenes que terminan viviendo en la calle, mujeres que recurren a la prostitución para sostener el consumo y familias que enfrentan una batalla diaria para intentar rescatar a sus hijos.

Los testimonios también coinciden en otro punto: la necesidad de fortalecer las políticas de prevención, ampliar los espacios deportivos, mejorar los programas de rehabilitación y acompañar a las familias.

Mientras tanto, en los barrios de Salta, la sensación que expresan muchos vecinos es la misma. La droga sigue avanzando. Y con ella, también crece el temor de que cada vez más chicos queden atrapados en una realidad de la que resulta cada vez más difícil volver.

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