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El tesoro de Potosí que se llevó el río de La Viña en el siglo XVII y que algunos siguen buscando

Una creciente ocurrida en el siglo XVII se tragó una carga de oro y plata cuyo destino final era España.
Domingo, 28 de junio de 2026 01:57
Estación Castañares (Km 1215), La Viña, Ramal C-13 del Ferrocarril General Belgrano.

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A mediados de 1950 Joaquín Gutiérrez (1930-2005), prestaba servicio como auxiliar en la estación de trenes de Cerrillos. Fue entonces que al ser ascendido pasó a revistar como Jefe Relevante en las estaciones de los ramales C-13 y C-14. De esta forma, en 1958 fue designado jefe de la Estación Castañares (Km 1.215), La Viña, Ramal C-13 del Ferrocarril General Belgrano.

Por esta nueva responsabilidad, Gutiérrez debió mudarse a la apartada estación del Valle de Lerma donde vivía sin sobresaltos ni mayores novedades. Pero una tarde del ventoso agosto de 1960, se llevó una gran sorpresa cuando caminaba por el andén de su estación. Era la tarde del día 23 cuando de improviso vio llegar a la playa de maniobras un grupo numeroso de hombres a caballo que pacíficamente comenzaron a desmontar y a establecerse en el lugar.

Eran trabajadores rurales que curiosamente portaban herramientas de trabajo: palas, picos y hasta algunas barretas. Gutiérrez, al principio pensó que eran los habituales arrieros y pasajeros que cada tanto bajaban de los Valles Calchaquíes con sus productos -sal, quesos, charqui, cueros, tejidos y oros frutos- para esperar con sus cargas el paso del tren que semanalmente los acercaba a Salta. Pero luego, al observar con mayor detenimiento, cayó en cuenta que esas 50 o 60 personas no eran pasajeros, puesto que estaban haciendo fuego y al parecer, se aprestaban a hacer un gran asado dado las vituallas que habían traído a lomo de burro y comenzaban a descargar.

Ante semejante circunstancia y sin previo permiso, resolvió como Jefe tomar el toro por las astas y averiguar personalmente las razones por tan inexplicable ocupación del terreno ferroviario. Al fin y al cabo, él era el responsable de la dependencia y debía evitar a toda costa que gente ajena al ferrocarril ocupe ese lugar e inclusive estaba autorizado a pedir la ayuda de la fuerza pública para echar a los intrusos. Fue entonces que don Joaquín se caló la gorra de Jefe de Estación y a paso firme bajó del andén, cruzó los rieles y enfiló para donde estaba el gaucho que parecía ser el mandamás de ese gentío.

Pese a todas las precauciones muchos tesoros se perdieron en el camino Potosí-Río de la Plata, y en los mares cuajados de piratas.  

Aquel hombre, al ver que el Jefe se le acercaba a paso firme, se adelantó amablemente para disculparse por tan intempestivo arribo, explicando que "ignoraba que había un nuevo jefe de estación en Castañares, pues de lo contrario habría pedido permiso". Y así fue que luego de una amable conversación, el jefe Gutiérrez se enteró que esa tarde del 23 de agosto, víspera de San Bartolomé, el grupo de hombres había llegado para comer un buen asado en el descampado ferroviario y luego proseguir viaje, puesto que a las 12 en punto de la noche debían estar a orillas del río La Viña. "A esa hora –le había contado el gaucho- los tesoros que están ocultos emiten una luz brillante, y yo, al igual que todos mis antepasados, tengo que clavar este puñal en el lugar por donde sale la luz para que mañana cavemos en ese sitio donde está oculto el tesoro. Por eso –agregó- toda esta gente que me acompaña trajina sus herramientas".

Los españoles trasladaban el oro y la plata con mucha reserva y grandes custodias porque siempre en los caminos había asaltantes.

Al final, la conversación con el rico hacendado del sur del departamento de La Viña, terminó con una invitación al jefe de estación para que comparta con ellos el asado de aquella tarde. Y fue justamente en el transcurso de esa comida que el gaucho, heredero de extensas comarcas, contó la historia del tesoro del río La Viña, que ahora por vía oral nos transmitió su hijo Jorge (74), exferroviario y metalúrgico.         

Historia del tesoro

"Allá, a fines del siglo XVII –contó el hacendado- llegó del Potosí un cargamento de oro y plata. Iba camino al Río de la Plata y su destino final era el puerto de Cádiz, España. La carga venía en un carro tirado por dos o tres yuntas de bueyes que luego de atravesar el gran salar del altiplano, ingresó al actual territorio argentino por Yavi. De allí, tomando el camino de altura pasó por el pie del Acay, La Poma hasta bajar al Valle de Lerma por la cuesta de Isonza y hasta alcanzar lo que actualmente es La Viña. De allí debía pasar a Sumalao, lugar donde se cambiaba el "tiro" del carro, es decir bueyes por mulas y luego proseguir viaje al puerto del Río de la Plata. Pero pasó que esto último no ocurrió porque cuando el carro con su valiosa carga, intentó cruzar el río La Viña que aquel verano iba banda a banda, la fuerte creciente se lo llevó para no volvérselo a ver más. Ese día muchos hombres de la custodia se ahogaron pero los que lograron salvarse, marcaron el cruce en una piedra de unos tres o cuatro metros de altura que sobresalía en la orilla del río. También señalaron un algarrobo que siempre los viajeros lo tomaban como guía para cruzar el río cuando las crecientes. El hecho es que a partir de entonces –continuó relatando el gaucho- mucha gente del lugar comenzó a buscar la carga perdida y entre ellos mis antepasados que siempre en la noche de San Bartolomé trataron de ver la luz que les indicaría el lugar donde estaba el tesoro. Hasta ahora esa luz nunca apareció e incluso esa inmensa roca que señalaba el lugar donde el agua había tumbado el carro, una creciente la movió de su lugar original hace muchísimos años, y al pobre algarrobo se lo llevó la correntada un verano, hace como cien años. Ahora todos los 23 de agosto, vísperas de San Bartolmé, vengo por mandato de mis antepasados a buscar aquella valiosa carga que se tragó el río La Viña. Ya tengo más de setenta años y no sé si mis hijos o nietos alguna vez podrán dar con el tesoro. Ojala que sí pero don San Bartolomé dirá…".

No siempre se usaban las mismas rutas. Iban por la Quebrada de Humahuaca, por el Acay, o por Orán, siempre guiados por la Cruz del Sur. 

A los dos días, la gente de La Viña, pasó de regreso por la Estación Castañares. Hicieron un alto en la playa de la estación para saludar y agradecer al jefe Joaquín Gutiérrez por la noche pasada. Iban como tantas otras veces con las manos vacías. Una vez más la luz de San Bartolomé no había salido en la noche del 23 y 24 de agosto de 1960. "Otra vez será" decían. Quizá alguien de La Viña siga detrás de esta viejísima búsqueda del cargamento de Potosí que se tragó el río.                       

Estación Castañares

El edifico está a 5 o 6 km del pueblo de La Viña y a 6 de Guachipas. Su contra frente da a la vieja traza de la RN68, hoy RP6. Fue cerrada en 1971, rehabilitada en 1974 y clausurada definitivamente en 1977. Luego fue usurpada como la mayoría de edificaciones ferroviarias.

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