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En la zona sudeste de la ciudad de Salta, el barrio Convivencia respira una calma tensa que, por estas horas, está atravesada por el murmullo constante de los vecinos. A media cuadra del Parque de la Familia, en la manzana D, hay un inquilinato que ya no pasa desapercibido y concentra por estas horas todas las miradas: una casa en la esquina, de portón celeste, paredes rosadas y una franja de azulejos marrones en la parte inferior. Ahí vivía Thiago Altamirano, el niño de dos años cuya muerte se investiga y por la que están detenidos e imputados su madre: María del Milagro Cuéllar, de 19 años y Franco Funes, de 32.
Desde la vereda, el movimiento es distinto. Vecinos que pasan más despacio de lo habitual, otros que se detienen unos segundos, miran y siguen. Nadie habla en voz alta. El comentario circula, pero en tono bajo, casi como si el barrio entero hubiera entendido que lo que se dice, se dice entre susurros. Hay pena. Hay desconcierto. Y también una sensación compartida: algo no cerraba.
Consigna en el inquilinato
Ayer, la presencia de efectivos policiales dentro del inquilinato terminó de marcar el lugar. La escena, que hasta hace días formaba parte del paisaje cotidiano, quedó definitivamente señalada. Desde entonces, todas las miradas apuntan hacia esa esquina.
Convivencia es un barrio atravesado por la pobreza estructural y por problemáticas que se repiten en varias zonas del sudeste: el consumo de paco, el alcohol y la circulación constante de jóvenes en situaciones de vulnerabilidad.
Sin embargo, tras la muerte de Thiago, comenzaron a aparecer relatos que, tomados en conjunto, construyen una imagen mucho más compleja de lo que ocurría puertas adentro de la pieza del inquilinato.
"Nos llamaba mucho la atención que ella (la madre de Thiago) salía mucho, iba y venía con uno, con otro, con distintos novios, por así decirlo, sobre todo por las mañanas", contó una vecina que pidió preservar su identidad por temor a represalias.
También señaló que "ella tenía plata para las compras del día, para cocinar", algo que en un entorno donde muchas familias atraviesan dificultades económicas, no pasaba inadvertido, aunque tampoco generaba preguntas en el momento. Hoy, en cambio, esos mismos datos se resignifican y alimentan interrogantes que nadie puede responder con certeza.
"Hace dos meses que vivían en el inquilinato, A ella se la veía siempre con el más chiquitito, el bebé, al más grandecito no lo sacaba mucho y lo dejaba al cuidado de otra vecina", contó.
En paralelo, circula una versión sobre el lunes pasado por la noche, sobre el llanto del niño que se interrumpía de forma abrupta. "Mi vecina me dijo que se escuchaba que el chiquito lloraba y como que alguien después le tapaba la boca. Eso me comentó", sostuvo la vecina.
También mencionó el comportamiento del niño frente al novio de su madre. "Le tenía miedo a la pareja de la chica, pero las veces que había visto a su padre, hace mucho tiempo, se ponía contento", aseguró. Son reconstrucciones que hoy toman fuerza, aunque llegan después del desenlace.
La noche en que todo ocurrió, el lunes pasado, tampoco presenta una secuencia clara para quienes estaban cerca. Un vecino relató que la madre había salido a realizar compras y que, poco después, se produjo un movimiento inusual en la zona. Minutos más tarde, el niño era trasladado de urgencia. La escena fue rápida, confusa.
"Uno veía, pero no sabía", sintetizó el vecino, en una frase que se repite con distintas palabras.
De acuerdo a la autopsia, Thiago murió por asfixia y ahorcamiento, en un contexto que hoy es materia de investigación.
Hoy, la casa de portón celeste y paredes rosadas quedó cargada de un significado que excede su estructura: es el punto donde confluyen el dolor, las versiones cruzadas y preguntas que aún no tienen respuesta. También expone un contexto más amplio, donde la vulnerabilidad y la falta de intervención oportuna pueden derivar en consecuencias irreparables.
Mientras la investigación avanza, en el barrio persiste una certeza incómoda: se vio, pero no se comprendió a tiempo. En ese marco, asoma un interrogante sobre los mecanismos de seguimiento en situaciones sensibles con niños y niñas involucrados.
Lo que queda es la escena: la casa, las miradas, el murmullo constante y una sensación que se impone por sobre todas las demás. La de haber estado demasiado cerca de algo que, aun así, no se logró advertir a tiempo.
Detalles de Funes
La investigación del caso Thiago Altamirano continúa mientras surgen nuevas versiones sobre el entorno del niño. Allegados al detenido e imputado Franco Nicolás Funes señalaron que el joven no mantenía una relación de pareja con María del Milagro Cuellar Medina, madre de Thiago, sino que tenían una relación ocasional. También dijeron que el joven tenía un trabajo estable y no poseía antecedentes penales.
Según esa versión, cuando Funes llegó a la vivienda observó que los niños se encontraban en una situación de vulnerabilidad, con signos de desnutrición y golpes. Además, sostuvieron que el joven ayudó económicamente a la mujer para que comprara un sándwich al menor.
Funes sostuvo en su declaración y también lo ratificaron los llegados a esta persona que el pequeño perdió la vida por el golpe sufrido tras caerse de la cama.