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El Indio Solari falleció este viernes y su noticia llegó durante una mañana que pintaba ser gris. El sol abrió paso y despejó el cielo, pero invadió de recuerdos mí mente. Su muerte me lleva al 12 de noviembre de 2022 cuando Jorge, uno de mis mejores amigos, decidió irse del plano terrenal.
En un grupo de amigos donde los discos y las entradas de rock nunca faltaron, Jorge fue el más fanático del Indio y, por supuesto, de Los Redondos.
Yo había planificado ir con él a Cosquín Rock de febrero de 2023 y fui igual para cumplir con mi promesa. Hasta entonces, tres meses después de su muerte, no lo había "llorado" y me sentía mal por eso. Todo cambió en una canción de los Redondos, claro.
Cuando Skay Beilinson (el histórico guitarrista de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota) salió al escenario y cantó "Todo un palo": "Yo voy en trenes, no tengo dónde ir. Algo me late y no es mí corazón.... ¿Cómo no sentirme así?, si ese perro sigue allí. Qué podía ser peor eso no me arregla, eso no me arregla a mí". Me invadió la tristeza. Canté con fuerzas, lloré y miré al costado. Jorge tendría que haber estado conmigo agitando como cuando éramos chicos.
Los Redondos se despidieron en Córdoba, el 4 de agosto de 2001, yo tenía 15 años y no me dejaron viajar. Mis viejos, atentos a las noticias de la época, no querían saber nada con mí creciente fanatismo hacia una banda que solo generaba disturbios (según los medios).
A esa edad, mis amistades de barrio cambiaron: dejé de frecuentar a los del club y el colegio que empezaban a ir a los boliches (matinés), y comencé a juntarme con otros que estaban en la misma. En los livings de algunas casas (en invierno) y en las esquinas (en verano) escuchábamos a Los Redondos, Los Piojos y La Renga. Estaban Nico, Ten, Cebolla, Jorge, Pachy y Fede, entre otros.
Poco tiempo después, con decisiones más firmes y las primeras independencias económicas, ya habíamos dejado los cassettes y discos para viajar a ver nuestras bandas favoritas en vivo. Algunos seguimos a Los Piojos y otros al Indio Solari en su primera etapa como solista. A veces toda la banda de amigos se reunía para ir junta a ver, por ejemplo, a Perro Ciego.
Los años pasaron, pero la amistad y el amor por las bandas no cambiaron nunca. Nos recuerdo, casi con 30 años, agitando canciones de Los Redondos en algún bar de la Balcarce. Volvíamos a ser los adolescentes que experimentaban bandas allá por 2001, aprendían las letras y reflexionaban.
El Indio me lleva a mis amigos, a la mejor época de mí adolescencia y especialmente a uno que ya no está. Cuando lo escucho estoy "pensando en vos siempre, siempre extrañandote" (como canta Solari en To beef or not to beef). Seguro estás feliz con la llegada de tu ídolo y por eso el cielo se despejó. Un abrazo a vos y a todo el pueblo ricotero.