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Eugenia, la luchadora de las flores: a un año del accidente que la dejó en silla de ruedas, sigue trabajando todos los días para salir adelante

Tiene 59 años, pasó más de tres décadas vendiendo en las calles de Salta y hoy recorre la ciudad con sus flores tejidas a crochet. Un accidente la dejó en silla de ruedas hace un año, pero no cambió sus ganas de trabajar. Sin jubilación y con una larga recuperación por delante, sigue apostando al esfuerzo diario para sostenerse.
Martes, 09 de junio de 2026 12:56
Eugenia Valdivieso en el Parque San Martín

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La vida de Eugenia Valdivieso siempre estuvo ligada al trabajo. Desde muy joven aprendió que las cosas se consiguen con esfuerzo y que, aun en los momentos más difíciles, hay que seguir adelante.

Hoy, a los 59 años, enfrenta uno de los desafíos más duros de su vida. Hace un año sufrió un accidente que le provocó una grave lesión en una pierna y la obligó a permanecer en silla de ruedas. Sin embargo, lejos de resignarse, continúa saliendo todos los días a vender sus flores tejidas a crochet en distintos puntos de la ciudad.

"Si paramos, nos morimos de hambre", dijo a El Tribuno con la sencillez y la franqueza de quien conoce de cerca lo que significa luchar cada día salir adelante y tener algo que poner en la mesa.

Su historia no está marcada por grandes hazañas ni por golpes de suerte. Está construida a partir del trabajo constante, de madrugar durante años para ganarse la vida y de una capacidad admirable para sobreponerse a las dificultades.

Un accidente que frenó sus pasos, pero no sus ganas de seguir

Hace un año, Eugenia salió a trabajar como lo había hecho miles de veces. Mientras caminaba por la calle sufrió una caída que terminaría cambiando por completo su rutina.

"Me caí andando en la calle. Como salgo siempre a vender, me tropecé y me quebré la pierna", recordó.

La lesión fue importante y requirió intervenciones quirúrgicas. Desde entonces permanece en silla de ruedas y continúa bajo tratamiento médico."Ya paso un año del accidente. Todavía no me recupero, todavía sigo en la silla de ruedas. Hasta que me digan que pueda caminar", relató.

Los médicos le indicaron que todavía deberá esperar algunos meses más para conocer cómo evolucionará su recuperación. "De acá a tres meses todavía tengo que seguir. Mañana justamente tengo que hacerme controles por una nueva operación que me hicieron", contó con esperanza.

La situación cambió muchas cosas en su vida cotidiana. Antes salía sola a vender y transportaba sus productos sin ayuda. Ahora necesita que su esposo la acompañe y la ayude a movilizarse.

"Ahora me acompaña porque no puedo andar sola con las cosas. Antes andaba sola, salía sola y vendía solita", indicó.

Aun así, nunca consideró la posibilidad de quedarse en su casa."No me quedo porque si me quedo en casa me vuelvo loca. Yo he estado en la calle toda mi vida y esto es lo que sé hacer, nada me va a detener".

Más de 30 años recorriendo las calles de Salta

Muchos salteños la conocieron durante años como canillita. Eugenia trabajó más de tres décadas vendiendo diarios en distintos puntos de la ciudad. "Antes vendía diarios, andaba por todas partes ofreciendo”.

Mientras ofrecía los ejemplares, también llevaba algunos tejidos que confeccionaba en sus ratos libres.

Con el tiempo, decidió enfocarse en aquello que sabía hacer desde niña. "Decidí dedicarme de lleno a vender mis flores de todo tipo". Detrás de cada una de sus creaciones hay una historia que comenzó hace más de medio siglo. "Aprendí a tejer cuando tenía ocho años porque veía como lo hacía mi mamá".

Desde entonces nunca dejó las agujas. Flores, carteras, boinas, gorritos, escarpines y conjuntos para bebés forman parte de los productos que realiza artesanalmente. "Siempre vendí mis tejidos. Llevaba mis diarios y también llevaba mis cosas para vender", destacó.

El trabajo como forma de salir adelante

Las flores tejidas a crochet son actualmente el producto más buscado por quienes se acercan a su puesto."Las flores salen más que otras cosas. Son lindas para un detalle, para un regalo”, indicó.

También confecciona escarpines y conjuntos para bebés por encargo. Incluso contó que sabe de repostería, aunque hoy le resulta difícil dedicarse a esa actividad debido a las complicaciones para trasladarse. "Soy repostera también, pero ahora es más complicado porque no puedo trajinar mucho las cosas", lamentó.

La realidad económica no le permite detenerse. Para Eugenia cada venta cuenta, cada cliente importa y  cada jornada representa una nueva oportunidad para llevar algo de dinero a su hogar.

Una jubilación que todavía parece lejana

A sus 59 años, Eugenia debería estar pensando en una etapa más tranquila de la vida. Sin embargo, la jubilación todavía aparece como una posibilidad distante.

Gran parte de su trayectoria laboral transcurrió en la informalidad, una situación común entre muchos trabajadores independientes. Por eso hoy enfrenta un problema difícil de resolver. "Estoy en eso, pero todavía me falta”, dijo.

Además explicó que necesita completar muchos años de aportes para poder acceder a una jubilación. "Tengo que pagar mucha plata para poderme jubilar porque nunca tuve aportes”, explicó.

Después de toda una vida trabajando, reconoce que alcanzar ese objetivo todavía parece un sueño lejano.

Su esposo que también es mayor atraviesa una situación parecida."A él también lamentablemente le falta para jubilarse”, comentó.

Por eso ambos continúan trabajando y sosteniéndose con lo que logran generar cada día. "Seguimos luchando porque es dura la lucha”, enfatizó.

Días en los que no se vende nada

Las ventas no siempre acompañan. Hay jornadas buenas y otras muy difíciles.

El día de la entrevista era una de esas tardes complicadas."Hoy no vendí nada todavía."

La frase refleja una preocupación que se repite con frecuencia."Hay días que se vende y hay días que no se vende nada. Hay días que alcanza para el pan nada más”, destacó con tristeza.

Sin embargo, no se permite bajar los brazos. Quienes la conocen destacan justamente esa perseverancia que parece acompañarla desde siempre.

Una presencia habitual en el Parque San Martín

Todos los días, Eugenia se instala en la orilla del lago del Parque San Martín, donde exhibe sus flores tejidas y otros productos artesanales.

Permanece allí desde aproximadamente las 15 hasta las 18 horas. Luego continúa su jornada laboral en la Plaza 9 de Julio, en la esquina de Caseros y Alberdi, donde suele quedarse hasta las 22.

A pesar de las dificultades físicas, el frío o las jornadas sin ventas, mantiene intacta la rutina que construyó durante años y sobre todo su ilusión de salir adelante.

Muchos vecinos ya la reconocen y se acercan a saludarla o a comprar alguno de sus trabajos.

Una clienta que cumplió una promesa de ayudarla “me recuerda a mi abuela”

Durante la entrevista, una joven llamada Valentina se acercó especialmente para comprar una de sus flores.

Días antes la había visto trabajando y quedó conmovida por su historia. "Mi abuela también teje, por ende me hizo acordar mucho a ella”, comentó a El Tribuno con una sonrisa.

Por eso decidió volver."Le prometí que le iba a comprar una cuando la vuelva a ver". Luego detalló que la flor tenía un destino especial: sería un regalo para su madre.

Pero además quiso destacar públicamente el esfuerzo de Eugenia."Yo la recomendé con mis compañeros de trabajo para que vengan a comprarle. Es una señora que hace cosas con mucho amor y se ve en los resultados", aseguró.

Valentina recordó que el día que la conoció hacía mucho frío. "Hacía un frío terrible y ella estaba con sus flores ahí”. Y agregó una reflexión que resume el sentimiento de muchas personas que se acercan a conocerla. "Hay que valorar eso. Que gente como ella salga a trabajar, siga insistiendo y siga luchando para mejorar".

"Sí se puede"

A pesar de todo lo que le tocó atravesar, Eugenia conserva una mirada optimista. Cuando se le preguntó qué mensaje les daría a quienes sienten que no encuentran una salida laboral, respondió sin dudar. "Les digo que sí se puede”, resaltó.

Y explicó que siempre existe alguna posibilidad para generar un ingreso. "Hacés un balde de refresco, se vende. Hacés una empanada, se vende. Hacés un sándwich, se vende. Hacés masitas, también se venden", describió con optimismo.

Es una reflexión sencilla, nacida de la experiencia de alguien que trabajó toda su vida y que aprendió a reinventarse cada vez que las circunstancias la obligaron.

Hoy, mientras espera recuperarse completamente de su lesión y sueña con una jubilación que todavía parece lejana, Eugenia sigue haciendo lo que hizo siempre: trabajar.

Cada tarde ocupa su lugar en la orilla del lago del Parque San Martín con sus flores tejidas a crochet que ubica vistosamente en una cajita para exhibirlas y atraer al público. Allí recibe a quienes buscan un regalo, un detalle o simplemente quieren acompañar con una compra a una salteña que, aun en los momentos más difíciles, eligió no quedarse quieta.

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