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La clasificación de la Argentina a una nueva final del Mundial volvió a provocar una explosión colectiva de alegría en todo el país. Las calles llenas, los abrazos entre desconocidos y la sensación de que el equipo siempre puede levantarse incluso en la adversidad muestran un fenómeno que excede al fútbol. El psicólogo deportivo Edmundo Di Lella analiza con El Tribuno cómo la Selección se convirtió en un espejo emocional para la sociedad y por qué su forma de resistir, insistir y luchar hasta el final fortalece la identificación de millones de personas.
¿Qué cree que logró esta Selección para generar una identificación tan fuerte con la gente?
Creo que, sin proponérselo de una manera intencional, la Selección logró construir una identidad con la que la sociedad se siente representada. Pero no solamente por el juego, sino por cuestiones que van mucho más allá del fútbol. Me refiero a competir desde el minuto cero hasta el último minuto, a no bajar nunca los brazos. Creo que eso hizo que la gente se identificara con este equipo.
¿Esa capacidad para sobreponerse a las dificultades también forma parte de esa identificación?
Sí. En un momento se hablaba mucho de resiliencia y creo que la Selección la fue construyendo a partir de distintos golpes. Pienso en la final de 2014, en el fracaso de 2018 y en todo lo que vino después. Ahí hubo un aprendizaje. Eso también cambió la relación de la gente con los jugadores y, especialmente, con Messi, que en algún momento fue muy criticado y hoy es querido tanto por el futbolista como por la persona.
¿Qué hizo que este grupo trascendiera lo deportivo?
Los jugadores muestran permanentemente valores humanos. Uno escucha a Enzo Fernández después de un gol hablar de Dios. Escucha a Lautaro Martínez, después de convertir un gol importantísimo, aceptar con naturalidad su lugar en la Selección, aun siendo suplente, y hablar de sus padres y de sus orígenes, en lugar de hacerlo desde el ego. Messi también transmite ese mensaje cuando explica que no juega por dinero, sino porque disfruta hacerlo y porque sabe que puede generar alegría en la gente. Creo que la Selección logró trascender lo deportivo.
¿Qué papel tuvo el cuerpo técnico en ese proceso?
Fue muy importante. Escuché muchas veces a Scaloni y también a Pablo Aimar. Cuando Aimar trabajaba en las selecciones juveniles hablaba mucho de la formación humana del futbolista. Entendía que uno es futbolista durante un partido o un torneo, pero después hay una familia y miles de chicos que observan su comportamiento. Creo que esa formación también explica muchos de los valores que hoy transmite la Selección.
¿Ese ejemplo realmente llega a los más chicos?
Sí. Ayer mi hijo, que tiene cuatro años, me pidió jugar al fútbol y cuando hizo un gol lo festejó igual que Enzo Fernández. Ahí uno entiende el impacto que tienen estos jugadores. Si Enzo festejara de otra manera o dijera otras cosas, también influiría. Eso repercute en chicos muy pequeños, en quienes están en una escuela de fútbol o en las inferiores de cualquier club.
¿Qué pasa por la cabeza de un equipo que empieza perdiendo y logra revertir un partido?
Estos grandes eventos deportivos dejan muchísimas enseñanzas. Uno puede verlos como hincha, pero también desde un lugar más objetivo. Ir perdiendo y mantener la calma requiere una enorme fortaleza mental. Es lógico que aparezca un pensamiento catastrófico, pensar que el partido está perdido, pero eso no significa perder la confianza.
¿Qué destacaría de la actitud de Scaloni en esos momentos?
Me llamó mucho la atención que, cuando el equipo iba perdiendo, Scaloni les transmitía tranquilidad. Les decía que mantuvieran la calma porque estaban bien, no que había que ganar como fuera. Eso demuestra que había un plan y confianza en ese plan. Además, entendían que un mal comienzo no determina necesariamente el resto del partido.
¿Ese mensaje también sirve para la vida?
Totalmente. Un mal comienzo no define el resultado final. Pensemos en Messi. En 2016 renunció a la Selección porque sentía que no podía darle una alegría al pueblo argentino. Después entendió que lo importante era dar el máximo. Scaloni lo dijo después del partido: si la pelota entraba, buenísimo porque hoy estamos en la final, pero si no entraba, no los hacía peores, porque tenían la tranquilidad de haber entregado todo hasta el último minuto.
¿También es importante aprender a convivir con el error?
Sí. Messi es un ejemplo muy claro. Tiene todos los récords positivos que uno pueda imaginar, pero también uno negativo: es el jugador que más penales erró en la historia de los Mundiales. Sin embargo, eso no lo define. Puede fallar un penal en el minuto nueve y después hacer dos goles. El partido no termina con un error. Quedan más de noventa minutos para seguir jugando. Esa capacidad para sobreponerse a la frustración también es una enseñanza muy valiosa.
¿Cuál cree que es la principal enseñanza que deja esta Selección?
Que los futbolistas también son personas. Muchas veces se piensa que porque ganan millones de dólares no sienten miedo, tristeza o frustración. Y no es así. Pueden sentir miedo, soledad, alegría o angustia como cualquiera. Pero, además, este equipo logró construir una filosofía compartida, una manera de sentir y de vivir el fútbol. Esa cohesión es la que hace diferente a esta Selección y explica por qué emociona tanto a la gente.