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Cinco de cada 10 chicos salteños de 8 años ya tiene celular propio

Según un informe de Argentinos por la Educación, la provincia se ubica por debajo del promedio nacional y en una posición intermedia dentro del NOA. La evidencia no es concluyente.
Viernes, 17 de julio de 2026 01:24
El acceso a los celulares comienza cada vez a edades más tempranas.
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Más de la mitad de los alumnos salteños de tercer grado de primaria, de alrededor de 8 años, ya tiene un teléfono celular propio. Según datos del operativo Aprender 2024 difundidos por Argentinos por la Educación, el 55% de los niños cuenta con un dispositivo personal. Si bien la cifra es elevada, se ubica por debajo del promedio nacional, donde el 58,6% de los estudiantes de esa edad posee un celular propio.

La realidad también muestra diferencias dentro del NOA. Catamarca encabeza la región, con cerca del 67% de los alumnos de tercer grado que ya tienen un teléfono propio, seguida por Tucumán, con alrededor del 63%, y Jujuy, con un porcentaje cercano al promedio nacional (59%). Salta aparece en una posición intermedia, mientras que Santiago del Estero registra aproximadamente un 49%, por debajo de la provincia. Entre las jurisdicciones con menor acceso también figuran Formosa y Misiones.

El informe, titulado "Celulares: ¿Prohibir o no prohibir?", fue elaborado por Andrea Goldin (CONICET y Universidad Torcuato Di Tella), junto a Martín Nistal y Tomás Besada, de Argentinos por la Educación. Además de medir el acceso de los niños a estos dispositivos, analiza la evidencia internacional sobre las restricciones a su uso en las escuelas y las regulaciones vigentes en distintos países y provincias argentinas.

A nivel nacional, el estudio revela que el acceso a los teléfonos móviles es todavía mayor si se contemplan los dispositivos compartidos dentro del hogar. Otro 23% de los alumnos de tercer grado no tiene un celular propio, pero utiliza el de su madre, padre u otro familiar. En consecuencia, apenas el 18% de los chicos de 8 años no tiene acceso a un teléfono móvil.

La evidencia

El trabajo también revisó investigaciones realizadas en distintos países sobre el impacto de prohibir los celulares en las escuelas. La principal conclusión es que las restricciones sí logran reducir el uso de los dispositivos y las distracciones dentro del aula, especialmente cuando los estudiantes no pueden acceder físicamente a sus teléfonos durante la jornada escolar.

Sin embargo, los investigadores advierten que la evidencia científica todavía no demuestra de manera concluyente que esas medidas mejoren el rendimiento académico. Mientras algunos estudios registraron avances moderados, sobre todo entre estudiantes con menores desempeños, otros no encontraron diferencias significativas en los aprendizajes aun cuando las prohibiciones fueron estrictas.

Salta tiene, desde hace dos años, una normativa propia que regula el uso de celulares en las escuelas: la Ley 8.474.

El informe plantea incluso una posible explicación: al eliminar una fuente de distracción, los estudiantes pueden desviar igualmente su atención hacia otras actividades no vinculadas con el aprendizaje, por lo que la prohibición, por sí sola, no garantiza mejores resultados escolares.

La regulación del uso de teléfonos móviles en las escuelas también crece a nivel internacional. Según datos de la UNESCO citados en el informe, la proporción de países que implementaron algún tipo de restricción pasó de menos de una cuarta parte en 2023 a cerca del 60% en 2026.

No obstante, las estrategias son diversas. Mientras países como Francia, Países Bajos y Chile avanzaron con prohibiciones generales, otros, como Brasil, Finlandia y Dinamarca, permiten el uso únicamente con fines pedagógicos y bajo supervisión docente. También existen modelos descentralizados, como el del Reino Unido, donde cada escuela establece sus propias reglas.

La ley en Salta

Salta integra el grupo de 11 jurisdicciones argentinas que ya cuentan con una regulación específica para el uso de celulares en las escuelas. La Ley Provincial 8.474 prohíbe estos dispositivos en el nivel inicial. En la primaria, sólo pueden utilizarse desde sexto grado, con fines pedagógicos y autorización de las familias. En la secundaria, el uso también está permitido únicamente para actividades educativas. No obstante, el informe señala que la provincia adoptó un esquema flexible, ya que la normativa funciona como un protocolo marco que permite a cada establecimiento adaptar su aplicación según las características de su comunidad educativa.

La norma prohíbe los celulares en el nivel inicial, habilita su uso a partir de 6° grado solo con fines pedagógicos al igual que en secundaria. 

Los autores sostienen que el desafío no pasa sólo por restringir el uso de los dispositivos, sino también por fortalecer las estrategias pedagógicas para enseñar a utilizarlos de manera responsable. En ese sentido, remarcan que el debate no debería limitarse a prohibir o permitir los celulares, sino a definir cuál debe ser el papel de las nuevas tecnologías dentro de la escuela.

La voz de los especialistas: ¿prohibir o no prohibir?

"En la actualidad se prohíbe el uso de teléfonos celulares en ámbitos educativos de distintas partes del mundo, a pesar de que la evidencia existente aún no es concluyente. De hecho, los estudios controlados no parecen mostrar que la prohibición cambie los hábitos de los chicos. Más bien da la sensación de que se barre el problema bajo la alfombra. Yo creo que esta es una gran oportunidad histórica para repensar el rol que queremos para la escuela. El futuro está en construcción, es lo que hacemos en cada aula y en nuestras propias casas. Prohibir o no prohibir, esa es la cuestión. Considero que no hay que dejarse deslumbrar por las tecnologías, sino aprender a usarlas con objetivos pedagógicos claros, no que ellas nos usen a nosotros", sostiene Andrea Goldín, coautora del informe e investigadora del CONICET en la Universidad Di Tella.

Por su parte, Lucía Fainboim, especialista en educación y cuidados digitales, fundadora de Bienestar Digital, planteó: "Me preocupa que hayamos naturalizado que un niño de ocho años tenga un celular propio. Esa naturalización no ocurre por casualidad: ​ es consecuencia de un ecosistema digital pensado para incorporar usuarios cada vez más temprano. El problema es que esas lógicas de mercado no coinciden sino que contradicen lo que sabemos que necesita una infancia saludable: tiempo para jugar, moverse, aburrirse, desarrollar autonomía y construir vínculos. Las plataformas piensan al niño como posible usuario y consumidor. Los adultos tenemos que pensarlos como niños que merecen una infancia plena".

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