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"Nombres para mi hijo", festejos y mucho más: el efecto scaloneta

La Selección no solo despierta pasión futbolera, influye en la vida cotidiana.Un equpo que construye pertenencia y genera símbolos compartidos.
Viernes, 17 de julio de 2026 01:24
Banderas, camisetas y abrazos espontáneos en el festejo de más de 20.000 personas en la plaza 9 de Julio.
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Cuando Lautaro Martínez empujó la pelota a la red y selló la remontada frente a Inglaterra, el festejo no empezó en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Empezó, al mismo tiempo, en miles de hogares argentinos. Apenas sonó el pitazo final, las plazas volvieron a llenarse, las banderas reaparecieron en los balcones y los abrazos se multiplicaron entre familiares, amigos y hasta desconocidos. En Salta, el miércoles más de 20.000 personas salieron a celebrar a la plaza 9 de Julio, al Monumento a Güemes y a otros puntos de la ciudad. La Selección acababa de meterse en otra final del Mundial. Pero lo que se estaba celebrando era mucho más que un triunfo deportivo.

Como ocurrió en Qatar 2022, el equipo de Lionel Messi y Lionel Scaloni volvió a tocar una fibra profunda de la sociedad argentina. Durante unas horas desaparecen las diferencias políticas, las preocupaciones económicas y las discusiones cotidianas. El país parece hablar un mismo idioma. La camiseta celeste y blanca vuelve a convertirse en un símbolo de pertenencia y la ilusión compartida desplaza, aunque sea por un rato, las noticias que habitualmente dominan la agenda.

No es casualidad. En un contexto marcado por las dificultades económicas y la polarización política, la Selección se consolidó como uno de los pocos espacios capaces de reunir a personas de distintas edades, ideologías y realidades detrás de un mismo objetivo. Lo hace sin discursos ni consignas. Lo consigue desde el fútbol, pero trasciende largamente la cancha.

La identificación con esta generación no nació únicamente de las victorias. También fue construyéndose a partir de una historia. Messi pasó de cargar con el peso de las críticas a convertirse en el capitán que levantó la Copa del Mundo y volvió a llevar al equipo a otra final. Scaloni asumió como entrenador rodeado de dudas y terminó edificando un ciclo basado en el trabajo, la humildad y el perfil bajo. Los jugadores transmiten una imagen de cercanía poco habitual para un plantel campeón del mundo y parecen sostener una idea inalterable: nadie está por encima del equipo.

Esa identidad terminó generando un vínculo distinto con la gente. La Selección dejó de ser únicamente un seleccionado exitoso para transformarse en un símbolo con el que millones de argentinos sienten que pueden identificarse.

Ese fenómeno comenzó a reflejarse incluso en las partidas de nacimiento. El Registro Civil de Salta detectó en los últimos días un incremento en la inscripción de recién nacidos con los nombres Lionel, Enzo y Emiliano, una escena que ya se había repetido tras la consagración en Qatar 2022.

Elegir el nombre de un hijo es una de las decisiones más importantes para una familia. Que esos nombres vuelvan a multiplicarse habla del lugar que esta Selección ocupa en el imaginario colectivo. Los jugadores dejaron de representar solamente goles, títulos o atajadas memorables. También simbolizan esfuerzo, perseverancia, liderazgo y trabajo en equipo, valores que muchas familias desean proyectar sobre una nueva generación.

El fenómeno encuentra este año un escenario especial. La Copa del Mundo coincide con las vacaciones de invierno en gran parte del país. Eso hizo que miles de chicos pudieran vivir cada partido junto a sus padres y abuelos, transformando cada presentación de la Selección en un ritual familiar.

Los horarios de almuerzos y meriendas se modifican para llegar al partido. Después del pitazo final, muchos chicos salen al patio o a la plaza a jugar imaginando ser Messi, Dibu Martínez, Enzo Fernández o Lautaro Martínez.

La ilusión celeste y blanco a casi 3.500 metros de altura

La identificación con esta Selección también llega a los lugares más alejados del país. En la Escuela Albergue Nº 4526 de El Rosal, en plena Quebrada del Toro, estudian apenas 21 alumnos. Algunos caminan entre dos y tres horas para asistir a clases en un establecimiento ubicado a casi 3.500 metros de altura.

Hace unos días grabaron un video alentando a la Selección. Las imágenes comenzaron a compartirse en las redes sociales hasta llegar a la Asociación del Fútbol Argentino.

La respuesta fue inmediata. Representantes de la AFA viajaron hasta ese paraje salteño con camisetas oficiales, pelotas, zapatillas, gorras, colchones y otros elementos destinados a los estudiantes y a la escuela.

Los chicos en Quebrada del Toro.

Más que una entrega de materiales, el gesto tuvo un enorme valor simbólico. Mostró que la relación entre esta Selección y la gente también se construye lejos de los grandes estadios, en pequeñas comunidades donde el fútbol sigue siendo una herramienta para ilusionarse y sentirse parte de una misma historia.

La expectativa por el partido frente a España también comenzó a sentirse en la actividad comercial. El referente de las carnicerías salteñas, Dardo Romano, confirmó que durante los últimos días mejoraron las ventas. Explicó que el repunte responde a distintos factores, como el inicio de las vacaciones de invierno, el cobro de los salarios y una mejora del clima comercial. Sin embargo, reconoció que los días del Mundial también generan un movimiento especial.

Las reuniones familiares y con amigos vuelven a organizarse alrededor de la Selección. El asado, las empanadas y las pantallas encendidas forman parte de un ritual que se repite.

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