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Hace tiempo que la Selección Argentina dejó de ser solamente un equipo de fútbol. Cada partido se convirtió en un ritual compartido y cada triunfo, en una celebración que atraviesa edades, profesiones, ideologías y clases sociales. En un país golpeado por las dificultades económicas y las divisiones políticas, el equipo de Lionel Scaloni parece haber recuperado algo mucho más profundo: la posibilidad de sentirse parte de un mismo proyecto.
Lejos de los análisis tácticos o de las discusiones futboleras, El Tribuno buscó conocer qué representa este plantel para personas comunes. Las respuestas coincidieron en un mismo punto: la Scaloneta transmite valores que hoy escasean en otros ámbitos de la vida pública.
Carolina Tapia Vidal, madre y trabajadora, encuentra en este equipo un ejemplo para las nuevas generaciones. Destaca que ninguno busca sobresalir por encima del resto y que todos juegan para el grupo. "No andan boconeando antes de los partidos, respetan a todos los rivales y muestran que con esfuerzo, sacrificio y perseverancia se puede llegar lejos", sostiene. Emocionada, pone como ejemplo a Enzo Fernández, a quien observa con ojos de madre por tener la misma edad que su hijo.
La misma lectura hace Iván Palomo, un veterano de Santa Victoria Este que vio pasar numerosos mundiales. Para él, esta selección transmite optimismo incluso en los momentos más difíciles. "Los más jóvenes aprenden que siempre se puede revertir una situación y que nunca hay que bajar los brazos", afirma desde el Chaco salteño, donde el pase a la final volvió a llenar las calles de banderas celestes y blancas.
Desde una mirada profesional, el preparador físico Roberto Salomón considera que la principal fortaleza del equipo no está únicamente en sus futbolistas sino en el liderazgo que construyó Lionel Scaloni junto a todo su cuerpo técnico. "Los grandes proyectos empiezan por quienes conducen. Este grupo trabaja con humildad, piensa en el otro y entiende que representa mucho más que un partido de fútbol", resume.
Para muchos especialistas de las neurociencias, el fútbol tiene la capacidad de sublimar dolores, desigualdades y frustraciones. Durante noventa minutos, desaparecen las diferencias y aparece una identidad compartida que devuelve la esperanza de comunidad. "Esa es la fortaleza" aseguran.
Para Salomón, Messi simboliza ese compromiso colectivo. "Nunca dejó de intentar darle una alegría a los argentinos. Después de haber sufrido tantas frustraciones, siguió adelante hasta convertirse en un ganador. Ese mensaje llega a todo el país", asegura.
La psicóloga Noel Pacheco Vélez aporta otra dimensión del fenómeno. Sostiene que cada partido reconstruye un lazo social que muchas veces parece debilitado en la vida cotidiana. "La Selección nos hace sentir parte de algo más grande. Nos abraza bajo una misma bandera, nos recuerda quiénes somos y construye una memoria colectiva que permanece mucho después del pitazo final", explica.
"Ver jugar a la selección, a la Scaloneta, es construir un lazo social. Y digo lazo porque el otro se nos vuelve fraterno, nos abraza, nos miramos y hasta lloramos. Y pareciera ser por lo mismo; es por eso que ahí veo el lazo. Dura lo que dura el partido y un poco más. Sabemos que con el correr de los días se desvanece, pero lo maravilloso es que no desaparecerá. Puede no quedar en la cotidianidad del día a día, pero sí lo hará en la memoria; una memoria colectiva. Estamos viviendo y construyendo lo colectivo y eso ya es inmenso para un pueblo. El partido con Inglaterra nos trajo memoria , nos trajo a quienes ya no están y nos trajo de vuelta nuestra identidad argentina. El fútbol tiene magia y al igual que el arte la posibilidad de sublimar el dolor, las desigualdades y la esperanza de un abrazo colectivo que nos recuerde que todavía hay comunidad, fraternidad y esperanzas. Imaginan un pueblo sin eso? Yo no. El nuestro no", dijo.
Los testimonios recogidos coinciden en una idea sencilla pero poderosa: esta Selección volvió a convertir al fútbol en un punto de encuentro. En un tiempo donde predominan las divisiones, el equipo de Scaloni ofrece una imagen poco frecuente en la Argentina: un grupo que trabaja unido, respeta al rival, supera las adversidades y celebra los logros como una conquista colectiva.
Quizás por eso el fenómeno excede largamente el deporte. Para millones de argentinos, la Scaloneta ya no representa solamente la ilusión de ganar otro Mundial. Representa la posibilidad de creer, aunque sea por un rato, que cuando todos empujan para el mismo lado, las cosas buenas también pueden suceder.