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Abuelos, entre el disfrute de los nietos y una sobrecarga que se hace invisible

El Día de los Abuelos invita a reconocer su papel dentro de las familias, pero también a poner la mirada sobre los adultos mayores que terminan asumiendo extensas jornadas de cuidado de sus nietos.
Domingo, 26 de julio de 2026 01:58
Por el trabajo de los padres, los abuelos pasan muchas horas con sus nietos.
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Hoy, el Día Internacional de los Abuelos vuelve a poner en primer plano una figura que adquirió cada vez más importancia dentro de la organización cotidiana de las familias. Ya no se trata solamente de compartir afecto, experiencias o momentos con los nietos: en muchos hogares los abuelos se convirtieron en una pieza indispensable para que los padres puedan trabajar.

La fecha está vinculada con la celebración de San Joaquín y Santa Ana, considerados por la tradición católica los padres de la Virgen María y, por lo tanto, los abuelos de Jesús. Pero más allá de su origen religioso, la jornada se transformó en una oportunidad para reconocer el enorme aporte de los adultos mayores dentro de las familias.

Jorge O'Brien, director general de Adultos Mayores, explicó que el rol de los abuelos fue modificándose con el paso del tiempo y que actualmente ocupa un lugar mucho más amplio que el estrictamente afectivo.

En una sociedad atravesada por extensas jornadas laborales y dificultades para conciliar el trabajo con la crianza, son muchas veces los abuelos quienes buscan a los chicos en la escuela, preparan la comida, los acompañan durante la tarde o quedan a cargo mientras sus padres cumplen con sus obligaciones.

Sin embargo, detrás de esa postal familiar aparece también una realidad que especialistas en gerontología comenzaron a mirar con preocupación: qué sucede cuando ayudar deja de ser una elección y se convierte prácticamente en una obligación.

"La abuelidad puede ser cumplida con mucha satisfacción cuando es opcional y con mucho sufrimiento cuando es una obligación forzosa", sostuvo O'Brien.

Abuelos cuidadores

El fenómeno alcanza a una proporción importante de adultos mayores. En Argentina, la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores realizada por el Indec mostró que las tareas de cuidado de niños tenían especial incidencia entre las personas de 60 a 75 años. Cerca de tres de cada diez mujeres y dos de cada diez hombres de ese grupo etario realizaban actividades vinculadas con el cuidado infantil.

Si bien se trata de un relevamiento realizado años atrás, constituye uno de los antecedentes nacionales específicos disponibles sobre la participación de las personas mayores en las tareas de cuidado.

La situación también fue estudiada en otros países. Informes realizados en España indican que cerca del 46,7% de los abuelos y abuelas cuida habitualmente a sus nietos, mientras que alrededor del 28,6% lo hace diariamente.

El promedio de dedicación puede ubicarse entre las 16 y las 22 horas semanales y, en los casos de mayor intensidad, alcanzar varias horas por día. Estas cifras no pueden trasladarse directamente a la realidad de Salta o de Argentina, pero muestran la magnitud que adquirió un fenómeno que también se observa entre las familias locales.

"Estoy agotada"

O'Brien hizo referencia a lo que se conoce como el "síndrome del abuelo esclavo" o "abuelidad forzada", una expresión utilizada para describir la sobrecarga física y emocional que atraviesan algunos adultos mayores cuando deben hacerse cargo de sus nietos de manera prácticamente permanente.

No se trata del encuentro ocasional de un fin de semana o de ayudar algunas horas, sino de personas que pueden terminar cumpliendo rutinas similares a una jornada laboral: levantarse temprano, preparar desayunos, llevar a los niños a la escuela, buscarlos, cocinar, ayudarlos con sus tareas y permanecer con ellos hasta el regreso de los padres.

En muchos casos, detrás de esta situación aparecen las dificultades económicas de las familias, los extensos horarios laborales de los padres, el costo de una niñera o de un establecimiento de cuidado infantil y la falta de alternativas.

Ante esas circunstancias, los abuelos suelen convertirse en el principal sostén. Según O'Brien, uno de los principales problemas es que muchos adultos mayores sienten que no tienen posibilidad de negarse.

"Ante la necesidad económica de su descendencia, los mayores se sienten moralmente incapacitados para decir 'no'", señaló. El especialista resumió el conflicto con una expresión que surge reiteradamente en las conversaciones con adultos mayores: "Los amo, pero estoy agotada".

El amor hacia los nietos puede convivir entonces con el cansancio, el estrés y la sensación de culpa que provoca la posibilidad de establecer límites.

Postergar la vida

La sobrecarga no solamente tiene consecuencias físicas. También puede llevar a que las personas mayores abandonen o posterguen proyectos que habían imaginado para después de jubilarse.

Viajar, realizar actividad física, participar de talleres, encontrarse con amigos, desarrollar un pasatiempo o simplemente descansar pueden quedar relegados porque los horarios familiares comienzan a depender de las necesidades de hijos y nietos.

Para O'Brien, allí aparece una diferencia fundamental: cuidar a un nieto puede ser una experiencia profundamente gratificante siempre que exista libertad para decidir cuándo y cuánto tiempo hacerlo.

El problema comienza cuando esa ayuda deja de tener límites. Las extensas jornadas también pueden generar desgaste en personas que ya atraviesan cambios físicos propios de la edad. Levantar a niños pequeños, caminar varias veces al día para llevarlos a distintas actividades o permanecer muchas horas pendientes de ellos puede convertirse en una exigencia importante. A eso se suma la responsabilidad emocional de estar permanentemente atentos a que nada les suceda.

Un rol que cambió

La imagen de los abuelos también se modificó en las últimas décadas. O'Brien destacó que actualmente existe una generación de adultos mayores mucho más activa, que continúa capacitándose, viajando, haciendo actividad física, participando de talleres y utilizando nuevas tecnologías para mantenerse comunicada con sus familiares.

Son, además, transmisores de una memoria familiar que difícilmente pueda ser reemplazada. Historias, recetas, costumbres y experiencias pasan de una generación a otra a través del vínculo entre abuelos y nietos. En momentos en que las rutinas familiares suelen estar atravesadas por la velocidad y las pantallas, ese contacto ofrece también otros tiempos para conversar, escuchar y compartir.

Un grupo que tiene derecho a disfrutar de la vejez

El Día de los Abuelos puede ser también una oportunidad para revisar cómo se distribuyen las responsabilidades dentro de cada familia.

Para Nicolás O'Brien, quien es director de Adultos Mayores de la Provincia, la "abuelidad" debería ser una etapa para compartir historias, acompañar, transmitir experiencias y disfrutar de los nietos, pero no necesariamente para reemplazar de manera permanente las obligaciones de los padres.

"Los abuelos tienen derecho a disfrutar de su jubilación en sus propios términos", afirmó. Por eso, más allá de los regalos, los mensajes y los encuentros familiares de este 26 de julio, el especialista propone otra forma de homenaje: escuchar qué quieren los propios adultos mayores.

Establecer límites, distribuir mejor las responsabilidades familiares y respetar sus tiempos son también maneras de cuidarlos.

Porque detrás del abuelo que espera en la puerta de la escuela o prepara todos los días el almuerzo puede haber una persona feliz de hacerlo, pero también alguien que necesita descansar y que no encuentra la manera de decirlo.

Como sintetizó O'Brien, se puede ser un abuelo extraordinario, presente y comprometido sin necesidad de renunciar a la propia vida.

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