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El director del Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM), Mario Bernaschi, se refirió a las próximas mejoras del museo donde se actualizarán las cámaras de crioconservación diseñadas hace dos décadas e incorporará inteligencia artificial para mejorar el monitoreo y la investigación científica de los Niños del Llullaillaco.
El MAAM incorporará inteligencia artificial y nuevas herramientas de análisis de datos para fortalecer el monitoreo de los Niños del Llullaillaco y ampliar las capacidades de investigación científica del museo.
Bernaschi explicó que las actuales cámaras de crioconservación fueron diseñadas para una vida útil de aproximadamente 30 años y ahora resulta necesario adaptarlas a los avances tecnológicos disponibles.
“La IA y el análisis de datos nos pasaron por arriba. En los últimos dos o tres años la tecnología avanzó muchísimo y eso nos obliga a actualizar nuestro sistema de crioconservación”, afirmó.
El sistema actual replica las condiciones ambientales del volcán Llullaillaco: "Hasta el momento no hay una tecnología física que haya mejorado lo que hizo el volcán. Nosotros lo replicamos y lo incrementamos un poco más", explicó el director. Los cuerpos permanecieron conservados durante 500 años. Mientras que en el volcán se mantuvieron a una temperatura cercana a los 13 grados bajo cero, el museo preserva a 20 grados bajo cero, lo que reduce aún más cualquier posibilidad de actividad bacteriológica.
La renovación permitirá integrar herramientas de inteligencia artificial para mejorar la trazabilidad de las mediciones, el monitoreo en tiempo real y el análisis de grandes volúmenes de datos científicos vinculados con la conservación de los cuerpos.
Pero la innovación no se limitará a las cámaras. En pocas semanas el museo incorporará recursos digitales en sus salas para que los visitantes puedan conocer, por ejemplo, a que especies de aves pertenecen las plumas utilizadas en objetos ceremoniales, resultado de una investigación de más de cuatro años desarrollada por el equipo científico del MAAM.
El director también destacó que los Niños del Llullaillaco son mucho más que una pieza arqueológica: constituyen una fuente de información científica de enorme valor. Entre los estudios recientes mencionó investigaciones sobre microbiota y microbioma obtenidas mediante hisopados no invasivos, además de un nuevo trabajo que permitió determinar con mayor precisión el momento de la ceremonia incaica.
Gracias a una metodología optimizada de análisis de isótopos, los investigadores lograron reducir el margen de error de 100 años a 30 años, estableciendo como fecha probable de la ceremonia el año 1489, antes de la llegada de los españoles: “Eso nos permite saber con mayor precisión qué inca gobernaba en ese momento y cuál era el contexto climático de la época”.
Bernaschi sostuvo que el objetivo es combinar la preservación del patrimonio con la incorporación permanente de nuevas tecnologías que permiten conservar, investigar y comunicar mejor uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del mundo.