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Justicia histórica: la ciencia mundial reconoce a Lola Mora por sus aportes a la minería y los hidrocarburos

El reconocimiento llegó desde uno de los lugares menos conocidos, pero quizás más extraordinarios de su vida. No desde los grandes museos, academias de arte o las plazas donde sobreviven sus esculturas. Llegó desde el mundo de las ciencias geológicas. Lola Mora, la salteña que se adelantó un siglo al Shale.
Miércoles, 29 de julio de 2026 06:46

La genial salteña (porque el lugar de nacimiento ya no admite dudas) que convirtió bloques de mármol en figuras inmortales pasó a ocupar un lugar destacado en la agenda científica internacional. La Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS), a través de su Comisión Internacional de Historia de las Ciencias Geológicas (INHIGEO), eligió julio para homenajear y recordar su legado científico.

El reconocimiento tiene además una fuerza simbólica excepcional, ya que este año se cumplen 160 años del nacimiento de Lola Mora, 90 años de su muerte y exactamente un siglo de la publicación del trabajo con el que se adelantó a su tiempo en el estudio de lo que hoy conocemos como hidrocarburos no convencionales.

Son tres aniversarios que convergen en una misma mujer, protagonista de una historia que durante demasiado tiempo permaneció escondida detrás de su monumental obra artística.

El impulso internacional surgió a partir de la científica y paleontóloga irlandesa Kathleen Histon, especialista en invertebrados e integrante de INHIGEO, quien reparó en esa extraordinaria coincidencia de fechas y en la importancia que tenía recuperar la figura de Lola Mora dentro de la historia de las ciencias geológicas

Pero para que el mundo pudiera descubrir esa faceta fue necesario primero rescatarla del olvido y es precisamente allí, donde aparece el salteño Ricardo Alonso. Durante años este doctor en Ciencias Geológicas investigó y difundió en ámbitos científicos y académicos esta parte prácticamente desconocida de Lola Mora; la mujer que abandonó el mármol, se internó en las montañas de la Puna, buscó oro, plata, cobre y azufre y terminó desarrollando experimentos para obtener combustibles a partir de rocas.

Del cincel a las montañas

Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández había conquistado un lugar en la historia del arte argentino. La Fuente de las Nereidas, en Buenos Aires, quedó como una de sus obras más emblemáticas, junto con numerosas esculturas distribuidas en distintas provincias. Pero alrededor de 1920 ocurrió un giro radical.

Alonso cuenta que Lola Mora tenía 54 años cuando comenzó a alejarse del mundo artístico para internarse en una actividad que parecía estar en las antípodas de la escultura, la minería. Lo hizo, además, en una época en que internarse en las montañas, registrar minas, prospectar minerales y dirigir emprendimientos era terreno casi exclusivamente masculino. Fue así que, Lola Mora volvió a desafiar las reglas.

Escribía personalmente las solicitudes de cateo, dibujaba los croquis, pagaba los cánones, recogía muestras, gestionaba expedientes y cumplía con los procedimientos exigidos por la legislación minera. No era una aficionada, sabía perfectamente lo que hacía.

Intentaba recorrer todas las etapas de la actividad, pasando de la prospección a la exploración, explotación y el tratamiento de minerales.

Acompañada por unos pocos ayudantes y por su inseparable perro ovejero Bimbo, llegaba en tren hasta donde terminaban las vías del ramal C-14 y desde allí continuaba hacia las montañas. Buscaba minerales en territorios que habían sido recorridos siglos antes por pueblos originarios, incas, españoles y antiguas generaciones de mineros. Pero entre todas aquellas riquezas había algo que comenzó a obsesionarla y eran unas piedras negras que ardían.

El geólogo salteño recordó que Lola Mora conocía desde su infancia unas rocas oscuras que afloraban en los cerros del sur salteño. “Eran lutitas bituminosas capaces de liberar hidrocarburos mediante determinados procesos. En aquel momento el mundo petrolero tenía los ojos en los pozos convencionales. Ella miraba en otra dirección y no quería competir con las grandes petroleras. Tampoco tenía capital para hacerlo. Su idea era diferente, quería obtener energía de las rocas”, detalló Alonso.

Hoy conceptos como shale oil, shale gas o hidrocarburos no convencionales forman parte de cualquier discusión sobre la matriz energética argentina. Lola Mora estaba pensando en esos recursos hace un siglo

Sus investigaciones se concentraron especialmente en la quebrada de Los Negros y la zona de Las Bateas, en la sierra de La Candelaria, cerca de Rosario de la Frontera. Allí instaló hornos, tanques y un pequeño laboratorio experimental. Entre la vegetación todavía sobreviven vestigios de aquella aventura. Hay vestigios en ruinas de la vivienda, instalaciones y galerías de donde se extraían las rocas utilizadas para sus ensayos.

La escultora se había convertido en una suerte de alquimista del siglo XX. Calentaba las lutitas, las destilaba, estudiaba sus componentes y descubría las posibilidades que ofrecían.

Un documento adelantado cien años

En 1926 publicó en Salta un modesto folleto de 52 páginas llamado “Combustibles (Problemas Resueltos)”, firmado con las iniciales L.M.H., por Lola Mora Hernández. Aquel pequeño documento adquiere hoy una dimensión extraordinaria, porque en él habló de política energética, del potencial mineral argentino, cuestionó la falta de aprovechamiento de los recursos naturales y sostuvo que las materias primas no debían utilizarse simplemente en bruto y había que transformarlas y agregarles valor. Esto es algo que aún hoy, en pleno siglo XXI se sigue discutiendo.

De aquellas lutitas imaginaba obtener gasoil, gasolina, gas, querosen, aceites, grasas lubricantes, parafina, coque, fenol, alquitrán y otros productos. Nótese que estamos hablando de 1926, momento en el que Argentina todavía estaba construyendo las bases de su industria petrolera y en el que una mujer sin formación universitaria específica, desarrollaba en las serranías salteñas ideas que hoy podrían inscribirse dentro de algunos de los grandes debates energéticos contemporáneos. “Su pensamiento científico era simple y poderoso, la naturaleza estaba allí para ser estudiada, comprendida y utilizada en beneficio de la humanidad”, destacó Alonso.

Lola Mora no veía una frontera entre el arte y la ciencia, por eso alguna vez le confesó al poeta Rafael Alberto Arrieta una frase que resume toda su vida: “Siento en mi laboratorio, entre mis aceites minerales, la misma emoción que sentía en mi taller de escultura”

 

El reconocimiento que tardó un siglo

Lola Mora murió en Buenos Aires en 1936. Tenía 69 años. Murió con dificultades económicas y buena parte de sus documentos científicos terminaron perdiéndose. Incluso papeles, notas y correspondencia acumulados durante años fueron destruidos después de su muerte. Quedaron sus esculturas, aquel pequeño libro, las ruinas de sus experiencias mineras en las serranías salteñas y también una historia esperando ser recuperada. Existe una placa frente al edificio ubicado frente a la Plaza 9 de Julio, marcando la suite del Hotel Plaza donde vivió entre 1925 y 1933.

Ricardo Alonso dedicó años a reconstruirla y divulgarla. Sus investigaciones permitieron mostrar que detrás de la artista universal existía también una mujer apasionada por los minerales, la química, la energía y el conocimiento de la naturaleza.

Ahora esa historia atravesó las fronteras y a 160 años de su nacimiento, a 90 de su muerte y exactamente un siglo después de aquel trabajo pionero, Lola Mora ingresa finalmente en la historia internacional de las ciencias geológicas

Tal vez allí esté la verdadera dimensión del homenaje. Porque durante décadas se la recordó por sus manos capaces de descubrir una figura dentro de un bloque de mármol. Ahora el mundo comienza a reconocer también a aquella mujer que miró una roca negra en las montañas de Salta y fue capaz de imaginar la energía escondida en su interior. Cien años después, la ciencia le dio la razón.

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