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En diálogo con El Tribuno, Zaida Camila Guerra Tactagi, Presidente de la Fundación del Alma, recordó los primeros pasos de una historia que comenzó en un contexto marcado por la incertidumbre, la falta de trabajo y las necesidades urgentes que golpeaban con mayor fuerza a los sectores más vulnerables. “Fundación del Alma nació en octubre del año 2020. Su creación estuvo marcada por una economía totalmente desbordada por la pandemia de COVID-19. La situación en los barrios populares era muy difícil y se intensificó por la emergencia sanitaria”, explicó.
Aquella realidad fue el punto de partida para un grupo de amigos que decidió no quedarse solamente con la preocupación, sino transformarla en acción. “Éramos diez amigos conscientes de la situación que se atravesaba y conscientes de que había personas que la pasaban peor. Decidimos formar un grupo de asistencia para alimentos y vestimentas”, relató Camila.
Así comenzaron a contactarse con merenderos y comedores comunitarios. Lo que parecía una pequeña iniciativa solidaria empezó a crecer rápidamente. En pocas semanas ya recorrían distintos puntos de la ciudad llevando ayuda y generando vínculos con familias que atravesaban momentos difíciles.
“A fines de noviembre visitábamos por semana 15 merenderos, todas las semanas los mismos 15. Para diciembre de ese mismo año ya éramos 60 personas”, recordó.
El momento en que entendieron que ayudar era mucho más que asistir
Uno de los momentos que marcó la identidad de Fundación del Alma fue la primera Navidad organizada en el merendero El Buen Samaritano, ubicado en Floresta, zona este de la ciudad, junto a Normita, responsable del espacio.
Para Camila, aquella jornada fue una experiencia que cambió la mirada del grupo. “Yo al menos nunca había visto tanta gente organizada y sincronizada para una fiesta en un lugar que apenas conocíamos, pero que sin dudas ya se había ganado nuestro corazón”, expresó.
Ese encuentro les permitió comprender que la tarea que estaban iniciando iba mucho más allá de entregar alimentos o ropa. “Creo que ahí entendimos que no queríamos ser solo un grupo que asistía, sino una organización que acompañaba de manera permanente”, afirmó.
Esa idea se convirtió en el principio fundamental de la Fundación: caminar junto a las personas, conocer sus historias y sostener procesos de acompañamiento más allá de las urgencias del momento.
Una organización que creció desde la solidaridad
Con el paso del tiempo, muchos espacios comunitarios que habían surgido durante la pandemia dejaron de funcionar. Sin embargo, Fundación del Alma decidió permanecer junto a aquellos lugares donde las necesidades continuaban presentes.
Hoy la organización cuenta con más de 160 personas dentro de su comunidad y más de 60 voluntarios que participan activamente de lunes a sábado en diferentes actividades. “Somos 160 personas en el grupo de WhatsApp y más de 60 personas que de lunes a sábado se movilizan con la camiseta de Fundación del Alma”, contó Camila.
El crecimiento también implicó una evolución en la forma de trabajar. La Fundación comprendió que la asistencia alimentaria era necesaria, pero que las problemáticas sociales requerían un abordaje integral.
Por eso actualmente sus acciones se organizan en tres grandes ejes: apoyo escolar integral, contención emocional y capacitaciones con salida laboral. “Queremos generar oportunidades reales de desarrollo a través de la educación, la capacitación, la inclusión social y el trabajo conjunto con voluntarios y voluntarias, con otras organizaciones, empresas y por supuesto con el Estado”, señaló.
Educación, contención y trabajo: tres caminos para transformar realidades
Dentro de Fundación del Alma sostienen que la ayuda más importante es aquella que permite construir herramientas para el futuro.
El apoyo escolar acompaña a niños y adolescentes que necesitan fortalecer sus trayectorias educativas. La contención emocional busca brindar escucha y acompañamiento frente a situaciones familiares y personales complejas. En tanto, las capacitaciones laborales apuntan a generar nuevas oportunidades.
Entre ellas se encuentra el taller de marroquinería, una propuesta que permitió que muchas personas puedan aprender un oficio y desarrollar nuevas capacidades. “Trabajamos mucho por la inclusión, por asumir la realidad que se tiene y los sueños para superarla”, expresó Camila.
La organización cuenta con nueve sectores de trabajo, algunos vinculados directamente al territorio y otros relacionados con tareas administrativas y de planificación. También posee un espacio destinado al acompañamiento del propio voluntariado. “Nada es casual, todo se mapea, se investiga, se conoce, se proyecta y se ejecuta”, explicó.
El voluntariado: una experiencia que transforma a quienes ayudan
Para quienes forman parte de Fundación del Alma, el voluntariado representa un aprendizaje permanente.
Camila reconoce que acercarse a determinadas realidades puede ser difícil y movilizante. “El voluntariado es fácil. A veces, muchas veces, es duro. Te muestra una realidad distinta a la que uno vive. Uno ve muchas injusticias”, reflexionó.
En sus primeros recorridos, aseguró que muchas historias la impactaron profundamente. “En mis primeros recorridos yo lloraba cuando llegaba a casa. Jamás estuve en un voluntariado. Tener una fundación fue algo que siempre quise, pero recién en 2020 llegó”, contó.
Con el tiempo, esa emoción inicial se transformó en una manera diferente de mirar la vida. “Con Fundación del Alma aprendí a agradecer más, a valorar más los buenos momentos y los abrazos”, afirmó.
Para Camila, detrás de cada situación difícil también existen historias de esfuerzo y vínculos que dejan una huella. “Duele ver un bebé que no come, duele ver un niño que está descalzo, una mujer que lucha sola, un hombre que no tiene a nadie en el mundo. Los merenderos duelen, la calle duele”, expresó. Y agregó una frase que resume una de las mayores preocupaciones de la organización: “Un merendero debería ser de paso, no ser un lugar para comer toda la vida”.
Los jóvenes que eligen comprometerse con la realidad social
Uno de los aspectos que más orgullo genera dentro de Fundación del Alma es la participación de jóvenes voluntarios.
Actualmente la organización cuenta con un programa de voluntariado junto a la Universidad Católica de Salta, donde estudiantes de distintas carreras pueden incorporarse a las actividades.
Este año se inscribieron 72 alumnos y más de 35 ya participan activamente. “Es un orgullo que los jóvenes crean en la justicia social y tengan conciencia de clase, que ocupen su tiempo en merenderos y comedores o en movidas para dar alimento y abrigo a personas en situación de calle”, destacó Camila.
También participaron estudiantes de la Universidad Nacional de Salta, Universidad Siglo 21 e incluso jóvenes menores de edad que, con autorización de sus familias, decidieron sumarse.
Abrigo, comida y compañía durante las noches más frías
Entre las actividades solidarias más importantes se encuentran las recorridas nocturnas durante el invierno.
Los voluntarios preparan comida caliente, reúnen ropa de abrigo y salen a acompañar a personas en situación de calle. “Salimos a la calle con abrigo, mantas y un rico guiso de lentejas”, contó Camila.
Estas jornadas se realizan con el apoyo de distintas personas e instituciones. Desde hace dos años cuentan también con el acompañamiento de Fundación Banco Macro. “Este año participaron más de 40 voluntarios de Fundación del Alma y más de 10 de Fundación Macro. También participaron en selección de vestimenta, cocina y repartición”, explicó.
Para Camila, esas noches demuestran que la solidaridad puede vencer el cansancio.“No sé cómo, pero nadie se cansa y hay muchas pilas. Creo que, sin dudas, el amor y la empatía también mueven montañas”, afirmó.
El desafío de regalar sonrisas a más de mil niños
Cada año, una de las actividades más esperadas es el Mes de la Niñez. La organización trabaja durante semanas para reunir juguetes, golosinas, leche, chocolate, juegos y todo lo necesario para celebrar junto a distintos merenderos. “Es una tarea súper complicada porque significa festejar a más de mil niños, pero hace seis años que lo hacemos y estamos seguros de que vamos a poder lograrlo también este año”, señaló.
Además, realizan actividades para fechas especiales y encuentros destinados a fortalecer los vínculos comunitarios. “Festejamos también el día de quien es materna y quien es paterna, porque no todos los niños y niñas tienen en casa uno o una”, explicó.
Las pequeñas historias que quedan para siempre
Después de casi seis años de trabajo, Camila asegura que son muchas las historias que permanecen en la memoria. Pero hay algo que destaca por encima de todo.“Lo lindo con lo que me quedo son los abrazos”, dijo.
También recuerda los dibujos de los niños del apoyo escolar, las charlas compartidas, los encuentros con quienes participan de los talleres y los momentos cotidianos que construyen comunidad. “Tengo carpetas llenas de dibujos y me quedo con eso, con esos abrazos, con las charlas, con las chicas de marroquinería, con sus mates ricos, los bizcochuelos, los bollos. Es duro el voluntariado, pero también es muy bonito”, expresó.
Una invitación abierta a quienes quieran sumarse
Fundación del Alma continúa creciendo y mantiene abiertas sus puertas para quienes quieran formar parte del voluntariado.
No hay requisitos vinculados con la edad, la profesión o los estudios. “Nuestros requisitos pasan por la empatía, la responsabilidad, la disciplina y el tiempo de calidad”, explicó Camila.
Quienes deseen sumarse pueden hacerlo a través de las redes sociales de la organización, donde comienza un proceso de incorporación acompañado por el equipo de Gestión del Voluntariado.
A seis años de aquel primer encuentro entre diez amigos que decidieron ayudar en medio de una crisis sin precedentes, Fundación del Alma demuestra que la solidaridad organizada puede convertirse en una herramienta concreta de transformación.
Porque detrás de cada plato de comida, cada apoyo escolar, cada capacitación y cada abrazo existe una misma convicción: acompañar también es una forma de cambiar vidas.