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Tavella y la primera procesión en Madrid, luego de la Guerra Civil

Gracias a un escrito del P. Arsenio Seage hoy podemos contar una historia poco conocida por los salteños.
Domingo, 05 de julio de 2026 01:32
El recordado monseñor Roberto J. Tavella.

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En el año 1939, Monseñor Roberto J. Tavella viajó a Roma para realizar el 24 de mayo su primera visita ad limina apostolorum ante el Papa Pío XII recientemente electo (2-3-1939). En esa oportunidad logró que nuestra catedral sea elevada al rango de Basílica. Y luego de cumplidas todas sus diligencias en Roma, Monseñor Tavella junto al P. Arsenio Seage resolvieron visitar España donde recién hacía algo más de un mes, había concluido la Guerra Civil (1936-1939).

Llegaron a Madrid cuando caía la tarde del 24 de junio de 1939. Se hospedaron en el Hotel Nacional, vecino a la Estación Atocha, y sin saberlo, estaban parando cerca de una casa salesiana ubicada justamente en la Ronda de Atocha. No nos olvidemos que Monseñor Tavella era salesiano.

Al día siguiente, domingo por la mañana, salieron del hotel para buscar alguna una iglesia para dar misa. Iban sin rumbo porque en el hotel desde el conserje hasta el ascensorista, no les supieron o quisieron decir donde había un templo. El día estaba soleado y había tanta gente que parecía que todo Madrid estaba en la calle. Se fueron caminando por una avenida que los llevó hasta una gran plaza redonda en cuyo centro estaba la fuente de Cibeles. Más adelante se enteraron que estaban en El Prado, cerca del famoso museo. De pronto, de una de las tantas esquinas vieron salir un grupo numeroso de personas que al parecer salían de misa. Se acercaron y se dieron con allí había un hermoso templo, aunque con sus altares y estatuas muy deterioradas. Tuvieron que esperar porque no había más que un solo ornamento sagrado y un único misal bilingüe, de aquellos que por entonces usaban los fieles.

Después de misa, se acercaron a saludar a monseñor Tavella las religiosas, que hacía unas horas que habían vuelto luego de varios años a su querido convento. Les mostraron la casa toda revuelta e inmersa en un enorme desorden pues durante la guerra había sido una "checa" (centro clandestino de detención o de tortura).

Por la tarde, decidieron salir a buscar a los salesianos pues se habían enterado que por ahí cerca, en la Ronda de Atocha, había funcionado hacía un tiempo un colegio de esa orden. Caminando, encontraron una iglesia de mal aspecto, pintada de azul grisáceo, con una reja de hierro entrelazada con alambre de púa que la separaba de la acera. En lo alto, sobre la puerta cerrada, había una estatua de María Auxiliadora, pintada del mismo color azul. Tras las rejas estaba un soldado de centinela al que le preguntaron si les podía decir qué iglesia era esa. "No lo sé –respondió-. Lo que les puedo decir es que ahora es una cárcel".

Siguieron caminando bordeando el edificio. Recorrieron otras calles, pensando que si esa capilla que habían visto estaba dedicada a María Auxiliadora, por algún lado encontrarían la puerta de la casa salesiana. En eso, mientras caminaban, notaron que en las ventanas de la casa se comenzaban a colocar telas, colchas, banderas, imágenes del Corazón de Jesús con la leyenda: "Reinaré en España". Era evidente que la vecindad se preparaba para una procesión.

Cuando finalmente llegaron a la puerta por el lado opuesto a la capilla, vieron que una gran cantidad de gente que conversaba animadamente. Se acercaron y respetuosamente la gente los comenzó a rodear al notar que tanto Tavella como su acompañante llevaban "traje de talar", es decir vestían sotana como todos los sacerdotes de aquellos tiempos.

Presentaciones

Fue entonces que los recién llegados preguntaron a esa gente: ¿qué está pasando? "Estamos –dijeron- por salir en procesión en honor a la Virgen María Auxiliadora". Ante tamaña respuesta, Seage, muy entusiasmado, hizo las presentaciones de rigor. Les contó que ambos eran sacerdotes salesianos de la Argentina, que venían de Roma donde habían visitado a Pío XII y que ahora, deseaban hablar con algún responsable de la casa. Y así fue que no tardó en parecer el Superior a quien Seage le contó que quien aun estaba en la puerta conversando con la gente, era Monseñor Roberto J. Tavella, padre salesiano y arzobispo de Salta, Argentina. La alegría del cura español fue desbordante y por supuesto no tardaron en aparecer otros de la orden que de inmediato rodearon de atenciones a Monseñor Tavella. Anoticiados luego los fieles que ese prelado asistiría a la procesión y que además era un arzobispo, colmó de júbilo a la multitud que ya de por sí estaba de más activa y animosa. A partir de entonces todo se convirtió en una verdadera fiesta religiosa como hacía años no se veía en Madrid.

La estrella soviética

Luego de las presentaciones y calmados los ánimos por tan honrosa presencia, Tavella y Seage fueron invitados a ingresar a la casa y tras recorrer un ancho zaguán entraron al salón de actos. En el centro del escenario sobresalía la imagen de María Auxiliadora y tras de ella un inmenso telón rojo. Fue entonces que un cura que hacía de guía dijo a los visitantes que ese colegio había sido la "checa" (cárcel) de la Pasionaria (María de los Dolores Ibárruri y Gómez -1895-1989). Y como para confirmar lo que decía les mostró la estrella soviética que todavía ocupaba el centro del techo del recinto.

La procesión

En el salón, los salesianos le solicitaron a nuestro arzobispo que presidiera –asegurando enfáticamente- la primera procesión que se iba a realizar en Madrid desde que se había instaurado la Segunda República en 1931. Monseñor aceptó muy gustoso el ofrecimiento y de inmediato procedió a sacarse el sobretodo quedando a la vista la faja roja prelaticia. Luego se puso el solideo que guardaba en el bolsillo y no habiendo ni un roquete (vestidura eclesiástica suelta), quedó listo para presidir la procesión que de a poco se fue ordenando entre cantos, oraciones y órdenes.

Afuera ya esperaba muchísima gente. Aun no había salido la imagen de María Auxiliadora cuando repentinamente se largó un fuerte chaparrón. Alguien propuso entonces suspender la marcha pero en el acto estalló un grito unánime, enérgico y negativo. A poco, el chaparrón pasó y la multitud se puso en movimiento aumentando la cantidad de fieles a medida que avanzaba. "Rezaban y cantaban –contó el P. Seage- con profunda devoción, y a la vez, con expresiva alegría. Era un acto simple, sencillo, pero irradiaba gratitud y el gozo de una liberación tan superada como confusa".

Cuando la procesión pasó por la capilla del centinela y frente a los ventanales de las colchas y banderas, asomó el rostro de un hombre joven quien, con emocionada voz de tenor, cantó unas loas a la Madre de Jesús. Era la voz cálida y natural de un hombre que estaba encarcelado. Pero de la multitud, una anciana de aspecto humilde le gritó a voz de cuello y con el característico acento español: ¡Sinvergüenza! Canta. Pero los que tu asesinaste ya no cantan". Nadie dijo nada.

Cómo fue la emotiva despedida

Ya de nuevo en el salón, Monseñor Tavella impartió la bendición de María Auxiliadora y de inmediato pronunció un sermón aunque más que todo fue una emocionada despedida. Sus palabras fueron interrumpidas en varias oportunidades con aplausos y exclamaciones. Así fue y así concluyó la primera procesión realizada en Madrid después de la Guerra Civil Española.

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