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Las mujeres salteñas ganan, en promedio, 25,4% menos que los hombres por sus trabajos. La diferencia, lejos de reducirse con los años, se agranda: entre las personas de 59 a 64 años llega al 45,1%. Entre las jóvenes de 16 a 24 años, en cambio, es de apenas 2,7%.
Los datos surgen del informe Barreras hacia la autonomía económica de las mujeres en Salta, elaborado por Carla Arévalo y Carolina Piselli, del Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico (IELDE) de la Universidad Nacional de Salta. La investigación también muestra que las mujeres tienen menor participación en el mercado de trabajo, se concentran en actividades peor remuneradas, tienen más empleos informales, enfrentan mayores dificultades para llegar a puestos jerárquicos y suelen interrumpir sus trayectorias por responsabilidades de cuidado.
Según el estudio, el ingreso laboral promedio de los varones era de $38.020, mientras que el de las mujeres alcanzaba los $28.359. La diferencia era del 25,4%. "Casualmente se reproduce en Salta esta brecha salarial de un 25,4% entre los ingresos laborales de los varones y las mujeres", explicó Arévalo a El Tribuno.
La investigación utiliza datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC correspondientes al tercer trimestre de 2021, por lo que las cifras no describen el mercado laboral de 2026. El valor del estudio está en mostrar, con datos específicos, cómo las desigualdades económicas se acumulan a lo largo de la vida.
La primera diferencia aparece incluso antes del salario. En Salta, el 56,2% de las mujeres en edad laboral participaba del mercado de trabajo, frente al 77,1% de los varones. Son 20,9 puntos porcentuales de diferencia. La distancia era mucho mayor fuera del Gran Salta: 27 puntos en el resto de la provincia, contra 15,3 puntos en el aglomerado capitalino. Entre las mujeres de 25 a 58 años del interior, la tasa de actividad era del 59,5%, mientras que entre los varones alcanzaba el 92,3%. La brecha llegaba así a 32,9 puntos.
La tasa de empleo también mostraba una diferencia importante: 51,6% entre las mujeres contra 72% entre los hombres. Para Arévalo, las responsabilidades familiares tienen un peso decisivo. "Las mujeres suelen tener entradas y salidas del mercado laboral, y están determinadas por las tareas de cuidado", explicó.
Para la especialista, el problema no es solamente individual. "Las desigualdades existen y hay evidencia de su existencia", afirmó. Agregó: "No trabajar para mitigarlas es una forma de desaprovechar todo el capital humano que está disponible y muchas veces capacitado para trabajar en el mercado".
Las diferencias también pueden observarse antes, en las elecciones educativas: en Sistemas e Ingeniería, entre el 80% y el 90% de los estudiantes son varones. La investigación también relaciona la autonomía económica con la capacidad de las mujeres para tomar decisiones sobre su propia vida. "La autonomía económica está relacionada con la autonomía física que sería la cara favorable de la violencia física que se ejerce sobre las mujeres, de hecho están muy relacionadas, porque una mujer que no tiene recursos económicos le es más difícil que pueda salir de una situación de violencia familiar, doméstica, física y psicológica", sostuvo Arévalo.
El trabajo repasa además normas y fallos que ampliaron los derechos económicos de las mujeres, entre ellos el caso de Mirtha Sisnero, quien llegó a la Corte Suprema tras denunciar discriminación para acceder a un puesto de chofer de colectivo en Salta.
Nueve de cada diez jóvenes asalariadas son informales
La precariedad laboral es otro de los puntos más fuertes del informe del IELDE. En el conjunto de Salta, el 53,1% de las mujeres asalariadas no tenía aportes jubilatorios, frente al 47,2% de los varones.
En el resto de la provincia, la informalidad femenina subía al 61,4%. Pero el dato más extremo aparece entre las jóvenes de 16 a 24 años: el 91,2% de las mujeres asalariadas trabajaba en la informalidad, contra el 84,3% de los varones.
"La desigualdad existe, no trabajar para mitigar las brechas es desaprovechar capital humano. Podemos ver que la situación de desigualdad de las mujeres se profundiza en el interior de la provincia".
Entre las jóvenes de hogares de bajos ingresos, la cifra trepaba al 97,4%. "La falta de aportes jubilatorios, yo diría que esa es una de las principales consecuencias", señaló Arévalo. La desigualdad también se profundiza entre las mujeres adultas de menores ingresos. En ese grupo, la informalidad alcanzaba el 86,7%, contra el 60,8% de los varones.
El informe muestra que tener personas que requieren cuidados dentro del hogar tiene un efecto particularmente fuerte sobre la participación laboral femenina. Entre las mujeres de 25 a 58 años que convivían con niños pequeños o adultos mayores que necesitaban cuidados, el 58,1% participaba del mercado laboral. Entre las que no tenían personas demandantes de cuidado, la tasa subía al 73,3%.
En empleo efectivo, la diferencia era de 52,7% contra 67,7%. En los varones, la presencia de personas que requerían cuidados no producía una caída similar. El informe interpreta esta diferencia como una consecuencia de la distribución desigual de las tareas domésticas y de cuidado.
Peores pagos y conducción
La desigualdad también se observa en qué actividades realizan unos y otros. Las mujeres tienen una fuerte presencia en comercio, casas particulares y enseñanza, además de actividades vinculadas al turismo, hotelería y gastronomía. Los hombres, en cambio, tienen mayor participación en construcción, industria y actividad primaria, especialmente en el interior. "Las mujeres se insertan en sectores peores pagos", sostuvo Carla Arévalo.
A la segregación por actividad se suma la menor presencia femenina en puestos de conducción. "Hay mecanismos invisibles o no tan explícitos, pero que hacen que por alguna razón no haya tantas mujeres en puestos jerárquicos que son mejores pagos", explicó. Incluso entre quienes llegan a puestos directivos, la brecha de ingresos alcanza al 44,2% entre las mujeres y varones adultos.