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Recordando al doctor Lorenzo Amezúa, un eminente neurocirujano salteño

Nació en Salta el 29 de octubre de 1918 y falleció en Buenos Aires cuando tenía solo 57 años de edad.

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El diario quehacer de la tarea periodística permite a veces encontrar datos sobre personalidades o acontecimientos del pasado que prácticamente nadie recuerda pero que son importantes. Ese fue el caso de lo ocurrido hace poco cuando en el archivo del diario encontramos unas líneas sobre el fallecimiento de un eminente comprovinciano, hoy desconocido para muchos salteños. Nos estamos refiriendo al doctor Lorenzo Amezúa (1918-1976), eminente neurocirujano reconocido en el país como el pionero de la cirugía de hipófisis y la base del cráneo, discípulo directo del neurocirujano doctor Ramón Carrillo, el primer ministro de Salud Público de la Nación. Pero aun más, la formación profesional del doctor Amezúa en el Instituto "Costa Boero" fue junto a una pléyades de eminencias del campo de la neurocirugía como los doctores Manuel Oribe, Raúl Matera, Julio Ghersi, Fermín Barcalá, Juan Christensen, Raúl Correa, Roberto Chescotta, Horacio Casté, Arturo y Santiago Carrillo, Carlos y Enrique Pardal, Angel Cammarotta y Luis Diego Outes, otro salteño eminente.        

Pero volvamos al archivo de El Tribuno donde encontramos las dos notas que hoy nos permite poner en valor periodístico e histórico, la personalidad de un salteño ilustre como fue el doctor Lorenzo Amezúa, fallecido el 3 de agosto de 1976.    

Las notas

El 4 de agosto de 1976, diario El Tribuno publicó esta breve noticia: "Ayer falleció en Buenos Aires el doctor Lorenzo Amezúa, un profesional de reconocido prestigio como neurocirujano. El Dr. Amezúa que desempeñó altos cargos públicos nacionales en el área de la salud pública, se desempeñaba al momento de su fallecimiento como titular de la cátedra de neurocirugía de la Universidad Nacional de Buenos Aires, en cuya disciplina se había ganado una sólida reputación en el país y el extranjero. El sepelio de sus restos se efectuará hoy en la Capital Federal".

Cuatro días después, don Juan José Coll (1917-2002) hace llegar al director de El Tribuno, señor Roberto Romero, una breve reseña de la vida del eminente médico, docente e investigador salteño recientemente desaparecido. La nota fue publicada el 8 de agosto y gracias a ella muchos de nuestros lectores podrán enterarse de los quilates de este gran hombre de ciencia que fue el doctor Lorenzo Amezúa.        

Decía el poeta Juan José Coll: "El profesor doctor Lorenzo Amezúa que acaba de fallecer en Buenos Aires, ingresa en la "Galería de Salteños Ilustres" por la trayectoria de su vida y por haber contribuido a ensanchar el prestigio de nuestra provincia. Había nacido en Salta el 29 de octubre del año 1918, hijo de don Luis Amezúa y de doña Luisa Gómez. Cuando aun no tenía cuatro años fallece su padre de quien heredó el carácter. A partir de entonces su madre se ocupó totalmente de la formación del niño. Y allí se cumplió lo que dice don Miguel Unamuno: "Mi lucha es que todo individuo –hombre o pueblo- sea él y no otro". Y así fue que en el doctor Amezúa se cumplió en cuanto a que fue profesional cabal, hombre culto y amigo leal. Hizo las primeras letras y estudios secundarios en Salta, en tanto los superiores los realizó en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Integró en Buenos Aires, en las aulas universitarias, la joven generación argentina de este siglo (XX), en la que con otros provincianos y porteños, de distintos orígenes y niveles, aspiraban como argentinos no solo a obtener un título habilitante para el ejercicio de una profesión sino también a contribuir a enfocar los problemas argentinos, conscientes todos de que a este país había que apoyarlo hacia su altos destinos.

El doctor Lorenzo Amezúa se manifestó pronto de graduarse, como un joven de carácter resuelto e ideas claras. Más allá de la mitad de sus estudios médicos se inclinó por lo que habría de ser su vocación y vida profesional: la neurocirugía.

Se graduó como médico en 1948 e inmediatamente inició su acción como neurocirujano. En el Instituto Costa Boero, junto con otros neurocirujanos desempeñó una labor creadora, cimentada y expandidora de esta nueva técnica quirúrgica. En el mencionado Instituto contribuyó a formar a otros médicos en los aspectos coadyuvantes a la especialidad, tales como anestesistas, radiólogos, etc. Cumpliendo de esta forma una labor paciente, eficiente y siguiendo un objetivo claro al que dedica un tiempo inestimable.

El doctor Amezúa presta su colaboración en institutos médicos tales como el Centro Gallego, una de las mutuales más grandes del mundo; en el Instituto Santa Lucía mientras continuaba enseñando neurocirugía en el Instituto Costa Boero. Y puede decirse que él fue uno de los fundadores de la Escuela de Neurocirugía Argentina.

En el año 1950, en el Costa Boero comienza la realización de un álbum de arteriografías del cerebro con el propósito de que sea uno de los más completos del mundo.

De los adelantos en su carrera profesional y especialidad –sin padrinos forzosos de ninguna índole- este salteño, hijo de inmigrantes como tantos en la Argentina, dan cuenta su curriculum médico en los mencionados institutos y en la cátedra médica de la Universidad Nacional de Buenos Aires, donde lo sorprendió la muerte a los 57 años de edad, el 3 de agosto de 1976 cuando los frutos de su experiencia, investigaciones y estudios aún tenía mucho para aportar a la neurociencia de la Argentina".

Hombre culto

"Pero el doctor Lorenzo Amezúa –prosigue Coll- no era solo un gran neurocirujano, sino que con exclusión de su especialidad como médico, era un hombre culto en el sentido más amplio del vocablo. Era conocedor de la Historia Argentina en cuyos problemas meditaba; inquieto por la política con un alto sentido argentinista, conocía la trayectoria de los hombres más sobresalientes.

Lorenzo, hombre universitario de Buenos Aires, integrante de una pléyade de hombres que pulsaban las inquietudes artísticas y culturales, conocía a los artistas plásticos, musicales y literarios del país y el extranjero.

Como descendiente de Hispania asombraría a más de uno con sus lecturas y conocimientos de Séneca, lo leía meditativamente con un hálito orteguiano haciendo desinencias senequianas sobre el diario vivir del hombre.

Pero si este médico salteño estaba armado de condiciones singulares y era un hombre genuinamente culto, no le iba en zaga el hombre auténticamente bueno, una de cuyas vetas, la amistad, fluía poderosa y desinteresadamente de su corazón.

Lorenzo Amezúa –así, con acento según la fonética vascuence que le endilgaron los porteños- era un amigo leal, decidido, correcto y dispuesto, atributos estos que es difícil encontrar aun entre los mejores hombres. Bastaba que fuera un amigo a pedirle un favor o que un amigo le enviara a alguien, casi siempre requiriéndole un favor médico, y se ponía inmediatamente en marcha la calidez generosa de este gran hombre.

Lejos de su Salta natal a la que recordaba con cariño entrañable, es difícil para muchos de los que viven en esta provincia saber quién fue el doctor Lorenzo Amezúa, pero los que lo han conocido y tratado, coincidimos al evocar la imagen de este salteño singular", concluye don Juan José Coll.

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