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En Salta hay actualmente 46 convocatorias públicas de adopción destinadas a encontrar familias para niños y adolescentes que esperan una oportunidad de crecer en un entorno familiar. Sin embargo, el desafío no está solamente en encontrar personas dispuestas a adoptar, sino también en lograr que los postulantes puedan ampliar su disponibilidad y dejar de concentrar sus preferencias casi exclusivamente en bebés y niños pequeños. Así lo explicó Macarena Saravia Zenteno, tutora pública oficial, en el stream de El Tribuno, Tal Cual, donde detalló cómo funciona el sistema, cuáles son los requisitos para adoptar y cuáles son las principales dificultades que atraviesan los chicos que esperan una familia. La funcionaria señaló que se trata de una problemática que se repite en todo el país: cuando se consulta el Registro de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos para encontrar una familia para un niño, muchas veces no existen legajos que coincidan con su edad, sus características o su situación.
“Es un problema que se repite en todo el país”, explicó Saravia Zenteno. Según detalló, la mayoría de las personas que se inscriben manifiesta disponibilidad para adoptar niños pequeños, mientras que quedan fuera de esas preferencias los grupos de hermanos, los adolescentes y los niños con discapacidad. Para comprender por qué existen estas convocatorias, es necesario conocer el camino que atraviesa un niño antes de llegar a esa instancia. Saravia Zenteno explicó que los chicos ingresan bajo la protección del Estado cuando existe una situación de vulnerabilidad grave. En esos casos, la Secretaría de Primera Infancia, Niñez y Familia dispone una medida de protección excepcional, cuyo plazo máximo está establecido por la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes.
Ese plazo es de 180 días
Durante ese período se trabaja para intentar revertir la situación que provocó la separación y buscar una alternativa dentro de la familia de origen o de la familia ampliada. La prioridad es siempre que el niño pueda permanecer con personas de su entorno familiar, siempre que existan condiciones adecuadas para garantizar su protección y desarrollo. Una vez transcurridos los 180 días, debe definirse la situación jurídica del niño. Si no es posible lograr la reintegración a su familia nuclear o ampliada, se dicta una sentencia de adopción. Cuando esa sentencia queda firme, es decir, cuando no existen recursos pendientes por parte de los progenitores o familiares, se comienza a buscar una familia adoptiva. El primer paso consiste en consultar los legajos de las personas que ya están inscriptas en el Registro de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos. Pero allí aparece uno de los principales obstáculos: muchas veces no existe un postulante cuya disponibilidad coincida con las características del niño. En esos casos se realiza una consulta a la red federal, que reúne los registros de las distintas provincias. Si tampoco se encuentra un legajo compatible, después de 20 días hábiles se puede realizar una convocatoria pública.
El formulario que puede definir qué niño se busca adoptar
La funcionaria destacó un aspecto fundamental del proceso: la disponibilidad adoptiva, un formulario que completan las personas una vez que son incorporadas al sistema. Allí los postulantes establecen qué características tiene el niño o niña que están dispuestos a recibir: pueden elegir sexo, rango de edad, si aceptarían o no una discapacidad y si tienen disponibilidad para adoptar grupos de hermanos. Según Saravia Zenteno, es justamente en esta instancia donde muchas personas terminan limitando considerablemente las posibilidades. La mayoría establece una disponibilidad que va desde los 0 hasta los 3 años, o en algunos casos hasta los 5, generalmente sin grupos de hermanos y sin discapacidad. Esto genera una situación paradójica: algunas personas permanecen durante mucho tiempo inscriptas y sienten que el sistema no las convoca, cuando en realidad su disponibilidad puede no coincidir con los niños que necesitan una familia. Por eso, la tutora pública planteó la necesidad de revisar qué significa realmente adoptar y desde qué perspectiva debe pensarse el proceso.
“La adopción es una institución jurídica que tiene que ser mirada desde el punto de vista del niño”, sostuvo. El objetivo, explicó, es brindarle una familia a una persona que no pudo recibir de su familia de origen las herramientas necesarias para su crecimiento y desarrollo, y no simplemente satisfacer el deseo de un adulto de convertirse en padre o madre. La preferencia por los bebés aparece como uno de los principales desafíos del sistema. La funcionaria explicó que entre los postulantes existen diferentes temores y prejuicios frente a la posibilidad de adoptar un adolescente. Una de las ideas más frecuentes es que un bebé puede ser criado desde el comienzo y que un adolescente, en cambio, ya llega con una historia previa. Sin embargo, Saravia Zenteno remarcó que esa mirada desconoce las experiencias y necesidades de los chicos que esperan una familia.
Los niños que ingresan a dispositivos estatales lo hacen, generalmente, después de atravesar situaciones de vulnerabilidad importantes. Pero eso no significa que estén destinados a repetir esas experiencias. La Secretaría trabaja con profesionales y, según explicó la tutora, los niños cuentan con atención psicológica y acompañamiento para abordar las situaciones que atravesaron y elaborar las pérdidas relacionadas con sus vínculos familiares. “Son chicos que están dispuestos”, afirmó Saravia Zenteno, y resumió la idea de adopción como la posibilidad de “sumar más amor a una vida”.
La funcionaria también insistió en que esto no significa romantizar el proceso. Adoptar tiene desafíos y requiere preparación, paciencia y compromiso. Pero también implica la posibilidad de construir un vínculo y ofrecer a un niño o adolescente un espacio familiar que hasta ese momento no tuvo.
Quiénes pueden adoptar en Salta
Un punto que Saravia Zenteno destacó es que no es necesario estar en pareja para adoptar, sino que puede inscribirse cualquier persona mayor de 25 años. No es obligatorio estar casado ni tener una unión convivencial. En caso de que la persona esté casada o tenga una pareja conviviente, la voluntad de adoptar debe ser compartida por ambos integrantes. El proceso requiere presentar documentación, entre ella certificado de antecedentes penales, certificado de no ser deudor alimentario, certificado de residencia, acreditación de ingresos y un apto médico. Después se realiza un informe ambiental en el domicilio y una evaluación psicológica. Si el resultado es favorable, la persona queda incorporada al sistema y completa su disponibilidad adoptiva. Saravia Zenteno destacó que, pese a los temores que suelen existir, la etapa administrativa no necesariamente es extensa. Según señaló, la documentación puede completarse rápidamente y el verdadero desafío está en asumir el proceso con disposición y responsabilidad.
¿Qué ocurre cuando cumplen 18 años y no son adoptados?
Saravia Zenteno explicó que pueden permanecer bajo dispositivos estatales hasta los 18 años y que existe un Programa de Egreso Asistido para jóvenes sin cuidados parentales. El programa tiene una primera etapa que comienza a los 13 años y acompaña al adolescente hasta su mayoría de edad. Luego se inicia una segunda etapa para acompañar el egreso. La finalidad es fortalecer su autonomía y brindarles herramientas para desenvolverse por sí mismos. La capacitación puede incluir diferentes oficios, de acuerdo con los intereses de cada joven, como peluquería, manicuría o albañilería, entre otros. Además, el programa contempla que continúen estudiando, una ayuda económica equivalente al 80% de un salario mínimo vital y móvil y convenios con universidades para cubrir carreras. Cada adolescente también cuenta con un referente que funciona como una persona de apoyo a quien puede recurrir. El acompañamiento puede extenderse hasta los 25 años, siempre que se cumplan determinadas condiciones relacionadas con la formación, los estudios y el acompañamiento terapéutico.
Familias solidarias: otra forma de acompañar
Durante la entrevista también se explicó el funcionamiento de las denominadas familias solidarias, hogares transitorios que reciben a niños que están próximos a ser adoptados. El programa depende de la Secretaría de Primera Infancia, Niñez y Familia y está pensado principalmente para niños pequeños que ya cuentan con una sentencia de adopción firme y tienen altas posibilidades de salir rápidamente en adopción. La intención es evitar que esos niños permanezcan durante ese período en un dispositivo institucional y puedan experimentar la vida cotidiana dentro de una familia. La diferencia, explicó Saravia Zenteno, puede ser significativa. Aunque los hogares cuentan con operadores y profesionales, la dinámica familiar permite una atención individual y permanente que puede favorecer el desarrollo del niño. Para quienes atravesaron sus primeros meses o años de vida sin contar con un entorno familiar estable, esa experiencia puede representar un cambio fundamental.