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La Catedral Basílica de Salta se llenó de voces, colores, canciones y, sobre todo, de esperanza. Unos 4.500 niños participaron del Milagro de la Infancia y de la Catequesis, en una jornada que volvió a poner a los más chicos en el centro de una de las tradiciones religiosas más importantes de la provincia.
Desde distintos barrios de la capital salteña y localidades cercanas, los niños llegaron acompañados por sus catequistas, familiares y comunidades parroquiales. Algunos tenían apenas siete años; otros, como José, de 17, están a punto de cerrar una etapa de su vida y comenzar otra.
Todos, sin embargo, compartieron algo: un pedido para hacerle al Señor del Milagro. Y cuando se los escucha, la dimensión de la jornada adquiere otra profundidad.
Porque los niños no pidieron solamente por sus exámenes, por pasar de grado o por cumplir sus propios sueños. Pidieron por sus padres, sus abuelos, los enfermos, los peregrinos, quienes no tienen casa y hasta por los niños que viven en países en guerra.
“Paz, por favor”
Norma llegó desde barrio Mosconi, en la zona norte de la ciudad, junto a los chicos de catequesis de la Transfiguración de Jesús.
Contó que esperaba especialmente este día y que lo vive como una oportunidad para renovar la fe junto a los niños.
Cuando llegó el momento de expresar su intención para este Milagro 2026, eligió una palabra que resonó durante toda la jornada: “Paz, por favor que haya paz”. Pero no habló solamente de la paz en el mundo. También pidió por algo mucho más cercano: “Paz sobre todo en el mundo y, por favor, en la familia, paz en la familia”, afirmó.
Su pedido sintetizó el sentimiento de muchos de los presentes. En una época atravesada por conflictos, incertidumbre y dificultades económicas, la paz aparece como uno de los grandes anhelos de las familias.
“Que estén bien los padres”
Juana tiene 7 años y hace catequesis desde esa edad. Para ella, estar en el Milagro es algo especial porque disfruta profundamente de ese espacio.
“Para mí catequesis es lo mejor”, contó. Cuando se le preguntó qué quería pedir este año, tampoco necesitó demasiado tiempo para pensarlo:
“Que estén bien los padres”. Una frase corta, pero cargada de significado. Para una niña, la seguridad y el bienestar de sus padres representan buena parte de su propio mundo.
Y ese deseo se repitió en distintos grupos: que los adultos tengan trabajo, que haya comida en la mesa y que las familias puedan atravesar juntas las dificultades.
“Que mi abuela se cure”
Uno de los testimonios que más conmovió fue el de Valentina, de apenas ocho años. Llegó desde la parroquia Nuestra Señora de Fátima y participó de la celebración con entusiasmo. Su gorra y su sonrisa contrastaban con la enorme preocupación que llevaba en el corazón.
Su pedido para este Milagro fue por su abuela. “Que mi abuela se cure y que todos los problemas se resuelvan”.
No hubo grandes explicaciones. No hicieron falta. En la sencillez de esa frase quedó expresado uno de los motivos por los que tantas familias se acercan cada año a vivir el Milagro: pedir por aquellos que aman y confiar en que algo pueda cambiar.
“Que deje de haber guerras y terremotos”
Martina, de 11 años, también llegó con una intención que trascendió su propia realidad. Dijo que el Milagro es un momento que los salteños esperan durante todo el año y celebró que cada vez participe más gente.
Pero su pedido no fue para ella. Pidió “para todos los enfermos y que deje de haber guerras y terremotos”.
Paulina tuvo una intención similar. Quiso pedir por los peregrinos que llegan a Salta y por los niños que viven en zonas de conflicto.
“Que todos los peregrinos vengan felices, acompañados por el Señor y también para todos los niños que están en guerra, que Dios los acompañe”, expresó.
Son palabras que sorprenden por su madurez. Niños que, desde una celebración religiosa en el centro de Salta, miran más allá de su propia realidad y ponen en sus oraciones a otros chicos que ni siquiera conocen.
“Que no falte la comida”
Valentina tiene 12 años y vive este Milagro de una manera todavía más especial: es su último año en la catequesis. Para ella, participar significa “renovar nuestra fe todos los años”.
Su pedido fue primero por la escuela. Quiere que le vaya bien y poder comenzar la secundaria. Pero después pensó en su familia.
Pidió que les vaya bien, “que no falte la comida” y que sus padres tengan trabajo. La frase golpea por su sencillez. Detrás de una celebración llena de cantos y alegría también aparecen las preocupaciones cotidianas de las familias salteñas.
Para los chicos, el trabajo de mamá y papá significa tranquilidad. La comida en la mesa significa seguridad. Y poder seguir estudiando representa la posibilidad de construir un futuro.
“Un hogar para los que no tienen”
Luján y Bianca también llegaron con sus intenciones. Las dos pidieron salud para sus familias, pero agregaron algo más: un hogar para quienes no tienen uno.
También hablaron de la importancia de rezar por el trabajo y por la familia. Y cuando se les preguntó qué momento de la jornada las emocionaba más, coincidieron: el instante en que empiezan los cantos y las alabanzas.
Entonces dejaron de lado la timidez y se animaron a cantar junto a sus compañeros. La escena se repitió una y otra vez durante la mañana: chicos que llegaban serios o tímidos y que, al comenzar la música, se transformaban. Cantaban, levantaban las manos, bailaban y compartían la celebración.
“Una nueva oportunidad para ser alguien mejor”
Naira definió el Milagro con una frase que parece resumir el sentido de esta jornada: “Para mí el Milagro significa una nueva oportunidad en la vida para ser alguien más, alguien mejor”.
Su pedido fue que todos puedan alcanzar sus metas y sus sueños. La idea de mejorar también apareció en las palabras de los catequistas que acompañaron a los niños.
Uno de ellos llegó desde La Caldera y destacó que la celebración está especialmente adaptada para los chicos: los cantos, la animación, los juegos y la liturgia buscan que puedan vivir la fe desde su propio lenguaje. “Los chicos lo agarran con mucha emoción, les encanta todo esto”, contó.
Y destacó que el Milagro permite que durante estos días los salteños vuelvan a mirar al otro. “El Milagro saca lo mejor que tenemos”
El catequista habló también de las familias, de los peregrinos y de la solidaridad que se multiplica durante este tiempo. Pidió por la salud, el trabajo y la familia, pero también llamó a agradecer por todo lo recibido durante el año.
En su reflexión apareció una idea central: el Milagro saca lo mejor de los salteños.
Es durante estas jornadas, explicó, cuando muchas personas salen a ayudar a los peregrinos, acercándoles agua, alimentos y otros elementos necesarios para continuar el camino. “Empezamos a ver al otro, a querer colaborar, a ayudar”, señaló.
Y agregó una reflexión todavía más profunda: todos podemos equivocarnos, pero este tiempo permite hacer un examen de conciencia y tratar de ser mejores. “Todos tenemos algo bueno adentro de nuestro corazón”, resumió.
38 años enseñando a creer
Entre los adultos que acompañaron a los chicos hubo también una catequista que lleva 38 años realizando esta tarea.
Su emoción era evidente. “Lo vivimos como el primer día, con inmensa alegría”, contó.
Para ella, cada nueva generación de niños representa una oportunidad de mantener viva una tradición y transmitir un mensaje que considera esencial.
Su deseo fue que el pueblo de Salta sea bendecido a través de los niños y del Señor y la Virgen del Milagro.
Y dejó una frase que sintetiza su tarea de casi cuatro décadas: “Que en este tiempo los niños se acerquen a Dios porque Jesús es el sentido de la vida”.
Del “pasar de grado” a recibirse
Entre las intenciones también hubo pedidos propios de la edad. Germías, de nueve años, fue directo al punto. ¿Qué quería pedir?: “Pasar de grado”.
José, de 17, está un paso más adelante. Este año se recibe en el colegio 2 de Abril y contó que pidió que le vaya bien en las materias y que el Señor lo proteja en el camino. “Este año me recibo”, dijo con orgullo.
Para él, este Milagro tiene un significado especial porque durante años no había participado y ahora decidió comenzar a hacerlo. “Para mí este Milagro es algo hermoso”, expresó. Y agregó: “Que crean en Dios”. Tiziano, de 11 años, llegó desde el barrio San Francisco Solano.
Contó que estaba “muy alegre” por encontrarse en la Catedral y pidió que todo salga bien, pero también dejó un mensaje para quienes viven este tiempo de fe. “Que crean en Dios porque Dios sí cumple su milagro”, dijo.
Jeremias, otro de los niños presentes, fue todavía más directo cuando le preguntaron qué mensaje quería transmitirles a otros chicos: “Que alaben mucho al Señor, quieran al Señor y amen al Señor”.
Una infancia que también mira al mundo
La jornada dejó una imagen poderosa. Miles de niños reunidos en la Catedral, algunos acompañados por sus padres, otros por catequistas, todos unidos por una celebración que forma parte de la identidad religiosa y cultural de Salta.
Pero detrás de las canciones y las sonrisas hubo historias personales. Una niña pidió por su abuela enferma. Otra pidió por su abuelo, “que esté bien en el cielo”. Otros rezaron por sus padres, por el trabajo y para que no falte la comida.
Algunos pidieron por los enfermos. Otros, por quienes no tienen una casa. Y hubo quienes pensaron en los niños que viven en medio de las guerras.
También hubo pedidos pequeños, propios de la infancia: pasar de grado, que vaya bien la escuela, poder recibirse. Todos ellos tuvieron un lugar en esta celebración.
Con apenas unas palabras, los chicos mostraron que la fe también puede ser una manera de mirar al mundo y a quienes los rodean.
Y mientras la Catedral se llenaba de cantos y comenzaban los preparativos para continuar con las actividades del Milagro, quedó flotando una certeza: en las voces de estos 4.500 niños también se escuchó el deseo de una Salta más solidaria, más unida y, sobre todo, en paz.