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Javier Furman: "Hoy tenemos muchos problemas imaginarios que han superado ampliamente los problemas reales"

Lunes, 03 de agosto de 2026 01:42
Javier Furman,

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Javier Furman es un profesional de la salud argentino especializado en fisioterapia, osteopatía y traumatología. Referente en medicina integrativa y especializado en psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE) trabaja con personas con dolores crónicos, lesiones y padecimientos que otros profesionales no identifican. Integra terapia manual, ejercicio terapéutico y neurociencia aplicada al dolor. El profesional llega este miércoles a Salta para disertar sobre "Energía en Acción", en el marco de un nuevo encuentro del ciclo Hablemos de lo que Viene: Mentes en Equilibrio, organizado por El Tribuno.

Es fundador de Furman Salud y acumula más de 20 años de trayectoria clínica desarrollando un abordaje interdisciplinario que busca identificar la causa de los síntomas y no solo tratarlos de manera aislada. Es docente de Regenera University, conferencista internacional y autor de los libros Fibromialgia y Reprograma tu Salud. La charla, que compartirá con Luciana Aymar, se realizará este miércoles 5 de agosto a las 16 en el Centro de Convenciones de Limache.

En diálogo con el programa Tal cual, Furman adelantó algunas claves de lo que llevará al escenario: la importancia de tener un propósito, el rol del hígado y el intestino en los dolores crónicos, los efectos de los ultraprocesados y las pantallas, y las herramientas concretas para empezar a cambiar los hábitos de salud.

¿Por dónde arrancar para tener buena salud?

Lo primero que tenemos que tener es un propósito. Una persona que tiene un propósito va a poder tener la voluntad, la potencia, la energía y los recursos para llevar su salud al lugar donde corresponde. Si no tiene un propósito, si no tiene un objetivo, va a fracasar. Y no importa que ese objetivo sea banal: la vez pasada había más de 700 personas en una charla y una médica, en primera fila, me dijo que ella se quería poner la ropa que quería usar. No importa si alguien se quiere gastar plata en ropa importada y quiere que le quede bien: por más banal que parezca, eso lo va a llevar a adoptar buenos hábitos para tener una buena estructura física, que no tiene que ver con ser más delgado, sino con ser más saludable.

Usted habla de este bienestar integral ¿cómo se lo explica a un paciente más ligado a la medicina convencional?

Con la gente grande es más fácil. Yo tengo 48 años, pero en la época de mis padres existía el médico de familia, que iba a la casa y hacía de psicólogo, de clínico, de neurólogo, de gastroenterólogo, hasta de curandero. Entonces, a la gente grande, cuando uno dice que tenemos que vernos como un todo, de forma integral, funcional e integrativa, lo entienden mejor que nadie. Para la gente joven hay que empezar a enseñarles, porque quedan en el medio entre el especialista —al que yo llamo "el cachitólogo", el que ve el estómago, el dedo gordo del pie o el pelo, pero no ve el hígado— y esta mirada integral. Hay que entender, por ejemplo, que la psoriasis tiene que ver con el hígado, que la depresión tiene que ver con el intestino, que el insomnio tiene que ver con el estómago. Si empezamos a poner todo en perspectiva, unimos todas las situaciones. Ese es el sentido de la neuroinmunoendocrinología clínica.

¿Cómo distinguimos entre una recomendación adecuada y alguien que simplemente sabe algo y lo dice?

Es un tema muy complejo que involucra a veces cuestiones de ego personal. Está bueno haberlo planteado así: un influencer que es profesor de educación física no tiene derecho a decir algunas cosas que sí puede decir un médico o cirujano muy prestigioso. Para mí tiene que ver con la experiencia clínica. Nosotros nos pasamos años hablando de estudios científicos —tengo en la computadora cientos de carpetas de estudios que avalan lo que enseño—, pero todo eso queda en segundo plano frente a la experiencia clínica: la experiencia de lograr que personas reales que confiaron en nosotros mejoren realmente su salud. No importa el suplemento que vieron en las redes o el ejercicio que vieron en un video: importa que alguien entendió, individualizó y particularizó el camino de esa persona para que logre su objetivo.

"El insomnio tiene que ver con el estómago. Para mejorar el sueño hay que mejorar la alimentación ".

Muchas veces normalizamos los dolores de espalda, de rodilla, los dolores crónicos. ¿Qué le pasa al cuerpo cuando siente ese tipo de dolores?

Si una persona viene con un dolor cervical, lo primero que trabajo es el hígado, que está directamente conectado a través de un nervio. Si viene con un dolor lumbar, sabemos que el intestino, sobre todo el colon, está implicado, entonces trabajamos sobre las barreras del endotelio, la pared interna del intestino. Con el insomnio pasa algo parecido: nadie duerme bien ocho horas seguidas, como correspondería a nuestra especie. Todo el mundo duerme mal. Ahí hay que mejorar todo el tubo digestivo y, en particular, la respiración. Pero el problema principal es que, para mejorar el sueño sabiendo que hay que mejorar el hígado, hay que mejorar la alimentación. Y para eso, como decíamos al principio, hace falta un propósito que dé la energía y la voluntad para comer mejor.

¿Cuáles son los malos hábitos que ve con más frecuencia en la gente hoy?

La alimentación es el número uno. Es casi una batalla perdida, porque los alimentos ultraprocesados y refinados están mucho más disponibles, son más baratos y más ricos. La gente tiene que reentrenar su palatabilidad, su sabor en la boca. Las harinas, los azúcares, nos han ganado la batalla, pero de a poco se puede volver atrás. En segundo lugar está el sedentarismo: la gente ya no entrena como antes, no hace fuerza, y el músculo es el órgano más importante del cuerpo humano, un órgano endócrino muy potente. Tenemos que volver a tener la costumbre de entrenar con fuerza, con un propósito que transforme el objetivo. Y después está todo lo demás, como las pantallas y las luces LED, que emulan la luz del sol en su máxima expresión: si a las doce de la noche tenemos luz LED en casa, el cerebro recibe información de que es mediodía. Son mucho más sanas las bombitas incandescentes de antes que las luces LED, y ni hablar de las pantallas.

"Que la gente se vaya de la charla con herramientas reales para empezar a mejorar su vida".

¿Los alimentos ultraprocesados también afectan la salud mental y la ansiedad, más allá del impacto físico?, ¿cómo se explica esa relación?

En realidad es al revés: cuando uno necesita energía busca un alimento hipercalórico. Con la ansiedad y las exigencias de la modernidad, uno busca energía instantánea, y lo único que emula esa energía instantánea son los ultraprocesados, que además dan un sabor muy rico en la boca. Hay un dicho clásico en la salud integrativa: "cuando hace pop, ya no hay stop". Los ingenieros en alimentación apuntan justamente a eso, a que la gente se haga adicta a los alimentos muy sabrosos, porque el cerebro entiende que eso es energía —y lo es—, pero con muchos tóxicos en el medio. Por eso tenemos que aprender a regular mejor nuestra energía, y eso nos va a ayudar a regular mejor nuestra capacidad de alimentarnos saludablemente. Es un proceso que puede llevar hasta dos años.

¿Considera que hoy vivimos más estresados o que manejamos peor el estrés?

Lo manejamos peor. Si ahora les pusiera una manada de lobos en el estudio, sería lo más estresante que vivieron en su vida. Pero si una persona está entrenada, bien alimentada, con energía de reserva, cuando aparece un problema encuentra una solución: no entra en pánico porque sabe que tiene la capacidad de luchar, de regenerarse si la atacan, o de defenderse si se infecta gracias a su sistema inmunitario. Hoy tenemos muchos problemas imaginarios que han superado ampliamente a los problemas reales, y eso genera una ansiedad que funciona como un drenaje energético permanente. Pero saber que uno tiene una mala gestión del estrés no alcanza para entenderlo: cuando le digo a una persona con mala gestión de las emociones que no está manejando bien sus pensamientos o que tiene hiperactividad mental, eso le genera más carga de estrés. Por eso hay que tener mucho cuidado con cómo se utilizan las palabras con alguien que justamente no tiene buen manejo de eso.

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